Entrevistas

Entrevista a José Luis Cañas, especialista en adicciones desde la filosofía de la rehumanización. Parte I

«Cuando el ser adicto descubre que es persona se rehumaniza»

A partir de su vivencia con la comunidad terapéutica de Proyecto Hombre de Málaga, José

Luis Cañas, doctor en Filosofía, profesor de la Universidad Complutense de Madrid y autor de numerosos libros, entre ellos Antropología de las adicciones, ha desarrollado la «filosofía de la rehumanización» que postula la superación del ser humano como un simple sujeto para encontrarse con su verdad más radical: ser persona. En la presente entrevista preguntamos a su autor si la rehumanización es una utopía alcanzable o no.

José Luis Cañas, profesor de la Universidad Complutense de Madrid y experto en adicciones/Foto cedida por José Luis Cañas

José Luis Cañas, profesor de la Universidad Complutense de Madrid y experto en adicciones/Foto cedida por José Luis Cañas

Pregunta: ¿Bajo qué conceptos teóricos y sobre qué concepción del ser humano parte la filosofía de la rehumanización?

Respuesta: Esta es una cuestión de fundamentos antropológicos personalistas. Entiendo que el ser humano tiene una estructura antropológica universal que yo llamo ‘estructura personal trascendente’, caracterizada por cinco dimensiones. En primer lugar esta estructura se manifiesta en la libertad. O afirmamos la libertad del ser humano o no lo entendemos, pues sin esa capacidad de libre decisión no somos responsables de nuestros actos, por tanto presuponemos que el ser humano es libre para manejar las situaciones y elegir un camino u otro en la vida. En segundo lugar, el ser humano está orientado hacia la búsqueda de la verdad. Apunta a la veracidad por vocación, por naturaleza, es decir al ser humano no le gusta que le mientan, y aunque él mienta eso quiere decir que es libre no que no sea un ser para la verdad. En tercer lugar, considero la dimensión del amor y todo el mundo de la afectividad como dimensión básica constitutiva del ser humano, y si decimos que a veces no ama, que odia y es violento, de nuevo eso quiere decir que es libre, no quiere decir que no desee que le amen y esté hecho para odiar. De igual modo hablo de la comunicación: el ser humano está hecho para comunicar no para vivir en la soledad, pero porque es libre puede encerrarse en sí mismo y no comunicar. Y, por último, incluyo también la esperanza como dimensión esencial que le define como ser humano: es un ser para la esperanza y aunque a veces desespera es porque es libre de desesperar, pero desea una vida personal y un mundo mejor, es decir aspira a algo mejor o más perfecto, yo diría que es un ser perfectivo por vocación. Estas notas constitutivas o universales a mi modo de ver definen al ser humano como ser persona.

Lo que necesita el ser esclavo de sí mismo es volver a descubrir que es persona

P: De acuerdo con esta concepción del ser persona, ¿considera que es necesario traspasar la concepción de un ser bio-psico-social?

R: Sí. Yo hablo de un ser bio-psico-social-espiritual. Si nos quedamos solo en lo bio-psico-social nos falta la dimensión del espíritu o del sentido, por ejemplo en la clave de Viktor Frankl. ¿Para qué actúa el ser humano? La respuesta a esta pregunta básica sólo se puede comprender a nivel espiritual o trascendente. La noción noética (del griego nous, espíritu, razón, idea, mundo suprasensible, etc., presente desde los mismos orígenes de la filosofía) es la gran cuestión filosófica que atraviesa toda la historia de la filosofía y del pensamiento hasta nuestros días, porque de hecho a la persona no la podemos entender sin esa dimensión, y, por tanto, siempre es actual revisar los fundamentos espirituales o trascendentes del ser humano.

P: En este sentido ¿falta formación antropológica y filosófica sobre el ser humano en ámbitos como, por ejemplo, la medicina y la psicología?

R: Siempre es necesario y realista para cualquier ciencia profundizar en sus fundamentos. La actualización de la antropología filosófica en las ciencias de la salud y en las ciencias humanas en general, y en todas las ciencias en definitiva, cada vez es más evidente su necesidad porque de lo contrario podemos estar desarrollando muy buenos métodos y técnicas sin saber a quién van dirigidos, es decir quién es el ser que está detrás de nuestra ciencia, lo cual es tanto como que al edificio de la ciencia le falta lo principal: los cimientos. Considero que hace falta impartir más antropología filosófica en las facultades de ciencias de la salud, medicina, psiquiatría, psicología, enfermería, etc., y en general en todas las ciencias. Por eso yo prefiero hablar de Ciencias de la Persona (CCPP).

Y cuando uno realmente descubre que es persona no tiene sentido volver a recaer

P: Usted postula que el proceso adictivo que atraviesa una persona es un camino que le conduce a su deshumanización. ¿En qué consiste dicho proceso?

R. El proceso es complejo, pero una mirada atenta al mismo nos revela una serie de encadenaciones bien lógica. Volvamos a la estructura antropológica personal trascendente: cuando uno empieza mintiendo comienza a dar pasos en el camino de la ocultación, de las verdades a medias, de todo vale, etc., y al final entra en procesos de autodestrucción; y así podemos ir repasando el resto: si uno comienza a ser egoísta, a no comunicar, a encerrarse en sí mismo, a desesperar… todo va encadenado. Son pasos que nos van a llevar a donde probablemente no queremos llegar, pero de una forma lógica vamos a llegar si seguimos ese camino. Las causas profundas de todo esto siempre hay que buscarlas en uno mismo. No son finalmente causas estructurales o causas sociales, aunque por supuesto el ambiente y la sociedad influyen: el consumo de alcohol y tabaco en los jóvenes, por ejemplo, es un tema cultural al que evidentemente tienen que hacer frente los gobiernos y las autoridades responsables. Pero, al final, la responsabilidad última de iniciarse es de cada uno.

P: ¿En qué estado queda una persona cuando recorre un proceso adictivo?

R: Podemos hablar del estado adictivo como ‘estado subhumano’. Este concepto lo manejó en su día Viktor Frankl en contextos de violencia extrema. Ahora bien, notemos, y esto es lo esperanzador, que el ser humano aunque viva a nivel subhumano nunca deja de ser persona. Siempre somos personas, queramos o no queramos. Esto es muy importante porque el ser esclavo de sí mismo ante todo necesita descubrir que es persona, mientras está en la esclavitud adictiva para él ha dejado de ser persona, pero cuando descubre que es persona se rehumaniza, algo mucho más que ‘se rehabilita’, y esta es la clave de toda liberación auténtica.

Si quiere leer la segunda parte de esta entrevista, pinche aquí

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