Zona de confort y rehabilitación de personas adictas

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La dependencia a drogas lleva a la persona que la adquiere a comportarse de una forma determinada, conocida como “conducta adictiva”. Dicha conducta adictiva presenta dos características fundamentales: 1) Es una conducta aprendida y 2) Es una conducta que comporta recaídas.

Entendemos que la intervención debe englobarse en el marco general de la Prevención de Recaídas, teniendo como objetivos: a) la modificación de las actitudes hacia el consumo y sus efectos, a través de la abstinencia y; b) establecimiento de un proyecto global de cambio en el estilo de vida del sujeto, facilitando los mecanismos y habilidades personales necesarias para que se produzca ese cambio.

Las conductas adictivas son hábitos adquiridos que nos mantienen en la “Zona de Confort de la Adicción” incluso estando abstinentes, pero que pueden ser modificados mediante la adquisición de nuevos aprendizajes.

Abandonar esa Zona de Confort significa ir construyendo una buena recuperación y rehabilitación. 

Cada uno de nosotros tiene su propia “zona de confort”, un concepto que no se limita a un lugar real sino que más bien es un constructo psicológico que define nuestra rutina en la vida cotidiana.

La zona de confort puede ser el salón donde preferimos quedarnos en vez de salir a explorar el mundo o el trabajo en el que llevamos más de 10 años. Pero también es nuestra manera de responder ante una crítica, la forma de enfrentar las oportunidades que encierran riesgos e incluso la manera de relacionarnos con los demás.

El concepto de zona de confort se refiere a un estado psicológico en el que nos sentimos seguros y no experimentamos ansiedad ni miedo. Es un “espacio” que conocemos de principio a fin y en el que lo controlamos casi todo.

En las Adicciones, los hábitos que se siguen con asiduidad desde la época de consumo y durante los primeros meses de abstinencia, son los que nos permiten construir esa zona de confort ya que sabemos exactamente qué podemos esperar de cada situación, aunque lo que conseguimos de ellas no sea beneficioso para nosotros, no obstante nos dan la falsa percepción de tenerlo todo bajo control.

Para mantenernos dentro de la zona de confort debemos evitar los “riesgos” y la incertidumbre, lo cual significa que adoptamos una actitud pasiva ante la vida.

Dado que la zona de confort es un espacio que se construye lentamente a lo largo de los años, muchas veces no nos damos cuenta de que estamos atrapados en su interior. Estamos tan acostumbrados a nuestros hábitos y estilo de vida que no nos damos cuenta de cómo limitan nuestras posibilidades de rehabilitarnos, ya que el secreto de esta recuperación es, precisamente, el cambio global en el estilo de vida.

 Algunas consecuencias que se pueden sufrir al mantenerse en la zona de confort son:

- No aprender a gestionar las emociones que pueden surgir en momentos inesperados (proposiciones de consumo, encuentros con antiguos “amigos”…)

- Sentirse profundamente desmotivado, sin nuevos proyectos, lo que multiplica el riesgo de recaída (estados emocionales negativos que conducen a pensamientos erróneos o distorsionados)

- No abrirse a nuevas ideas, manteniendo las mismas que ya existían en la etapa de consumo y que pueden conducir a un consumo.

- Miedo a asumir riesgos, por lo que se deja pasar las buenas oportunidades.

- Sentirse aislado y comienzar a pensar que todo carece de sentido ya que no se encuentra nada estimulante en la rutina cotidiana.

- No aprender nada nuevo que pueda aportar un toque diferente a la vida porque sientes que estás bien así, aunque en el fondo experimentas un gran vacío, como si necesitaras algo más.

Es decir, todas estas consecuencias pueden llevar a la persona adicta en rehabilitación a unos estados emocionales negativos que hacen mucho más probable el riesgo de una recaída.

El escritor Max DePree dijo: No podemos convertirnos en lo que queremos ser, permaneciendo en lo que somos en la actualidad“. 

Este es un buen motivo para salir de la Zona de Confort, pero hay más:

1. Prepararnos para los tiempos difíciles. Por muy seguros que nos sintamos en nuestra zona de confort, ese espacio no nos protegerá de los problemas, los cuales suelen aparecer en la vida de manera inesperada generando una gran incertidumbre. Si no estamos acostumbrados a los cambios, esos problemas pueden desestabilizarnos. Aprender a vivir fuera de la zona de confort, lidiando con la novedad, los imprevistos y la incertidumbre nos convertirá en personas más fuertes emocionalmente que podrán manejar mejor la adversidad cuando esta se presente.

2. Conseguir un mayor y mejor rendimiento. La comodidad disminuye el rendimiento, sin una pequeña dosis de ansiedad que acompaña los plazos y las expectativas tenemos la tendencia a hacer el mínimo necesario para conseguir resultados mediocres.

3. Límites más amplios. Podemos convertirnos en personas más abiertas al cambio.

4. Aumentar la creatividad. En la zona de confort no aparecen grandes ideas ni realizamos grandes descubrimientos, es necesario salir de lo conocido para ser capaces de generar nuevas ideas, ver viejos problemas bajo una perspectiva diferente y establecer conexiones originales.

5. Mayor autoconfianza. Experimentamos una increíble sensación de empoderamiento cuando vemos que somos capaces de superar situaciones que nos atemorizan un poco, comprendemos que somos mucho más fuertes de lo que pensamos, lo cual refuerza nuestro autoconcepto. Además, a medida que superamos los obstáculos vamos ganando habilidades que pasan a formar parte de nuestra mochila de herramientas para la vida.

6. Envejecerás mejor.  Mantener la mente activa y plantearse nuevos retos es fundamental ya que representan una importante fuente de estimulación tanto a nivel mental como social.

¿Cómo salir de la zona de confort sin lastimarnos?

Hay personas que pueden salir de su zona de confort dando un gran salto porque pueden gestionar ese nivel de ansiedad. Hay otras que necesitan dar pequeños pasos, y este suele ser el caso de las personas adictas en rehabilitación.

Lo importante no es cómo se haces ni el ritmo que se lleve, sino que ser capaces de ampliar cada vez más nuestros horizontes.

En cualquier caso, se trata de encontrar un equilibrio en el que la ansiedad por lo nuevo y desconocido genere un estado positivo, esta ansiedad no debe hacer que nos sintamos mal.

Es importante salir de la zona de confort, pero tampoco debe convertirse en una obsesión. Debemos tener en cuenta que no podemos vivir fuera de nuestra zona de comodidad todo el tiempo. De vez en cuando es útil regresar a ese espacio donde nos sentimos seguros para procesar tranquilamente nuestras experiencias.

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Cristina Prados

Cristina Prados

Psicóloga de la asociación AARIF de Illescas y coordinadora del comité asesor técnico de CAARFE
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