Síntomas físicos y psicológicos de la ansiedad

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La ansiedad es una especie de sensación de ahogo. Se trata de una reacción fisiológica del cuerpo que a nivel biológico tenía una utilidad en el pasado. La ansiedad nos ayudaba a protegernos, a sobrevivir ante una situación en la que nuestra vida estaba en riesgo, nos mantenía en continua alerta para luchar o huir en determinadas situaciones. Sin embargo, estas necesidades del pasado ya no están presentes en la actualidad, ahora no tenemos que huir de un depredador o un incendio. Los síntomas de la ansiedad son físicos y psicológicos principalmente.

Físicamente el cerebro activa la zona de alarma para responder a un peligro, es decir, nuestro sistema nervioso se pone en alerta con el fin de que el organismo esté preparado para afrontar un supuesto peligro. Cuando esto ocurre sentimos nerviosismo e inquietud, esto está causado por la liberación de adrenalina y noradrenalina. Otra de las consecuencias es sentir taquicardia, el objetivo de que se dé es que puedas atacar o huir. También se pueden dar mareos, opresión en el pecho, sensación de que falta el aire, sudoración, calor, sofocos y escalofríos, náuseas, molestias en el estómago, tensión muscular, hormigueo en las extremidades e hiperventilación. Todo esto hace que la persona se sienta agotada físicamente, que sienta mucho cansancio. La respuesta en muchas ocasiones es sentir mucho sueño. Durmiendo es la única forma en la que el cuerpo puede descansar de esa actividad tan frenética, aunque incluso así, las personas con ansiedad pueden despertar con sensación de agotamiento debido a la tensión mantenida en los músculos durante mucho tiempo.

La ansiedad produce un estado psicológico alterado en el que aparece la inquietud, así como una sensación continuada de agobio y un temor extremo a la pérdida de control. Esto hace que sea dificultoso para la persona la toma de decisiones, tengan sensación de vacío, se sientan inseguros, incluso una baja autoestima y una sensación de extrañeza. Muchas veces solo tienen ganas de huir.

Todo esto tiene consecuencias a nivel intelectual pero también a nivel social. Por ejemplo, las personas con ansiedad presentan dificultades de atención, concentración y memoria y una preocupación excesiva, así como una anticipación de las consecuencias negativas.

Socialmente las personas que presentan este problema encuentran complicaciones a la hora de relacionarse. No siempre les apetece estar en contacto con más gente, sienten irritabilidad y les cuesta empezar o mantener una conversación. También pueden experimentar verborrea o bloqueos, incluso les puede costar expresar sus opiniones o hacer valer los derechos propios por miedo al conflicto.

La ansiedad es un estado que debe ser identificado, se recomienda que ante cualquier síntoma descrito con anterioridad se acuda al médico o al psicólogo para que pueda ser diagnosticado y tratado, ya que puede acarrear enfermedades de todo tipo.

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