Destruyendo ideas y esquemas irracionales

deicisiones

Continuación del artículo La desensibilización y la exposición en las drogas. 

En el artículo anterior se presentó la idea clave de que los requisitos, tanto económicos como personales y profesionales para ayudar a nuestros alumnos eran mínimos. “…con un bolígrafo, papel, conocimientos sobre los factores y situaciones de riesgo (compartidos por paciente y profesional) y dos personas con voluntad, podemos proteger al menor ante el consumo de drogas.” Fueron exactamente mis palabras y, lejos de desmentirlas pretendo, en el artículo a continuación, refutarlas. Alumno y profesional, algo para escribir, tiempo y la formación apropiada son lo único necesario. Y voluntad.

Continuando la tradición que iniciaron la Exposición y la Desensibilización Sistemática como “Terapias de Primera Generación”, se realizaron avances que, bajo el nombre de “Terapias de Segunda Generación” quisieron continuar el camino abierto por sus predecesoras.  Nos centraremos en Ellis y Beck, autores clásicos que desarrollaron la Terapia Racional Emotiva Conductual (TREC) y la Terapia Cognitiva (TC) respectivamente.

Lejos de entrar a diseccionar ambas teorías, quisiera hacer un breve ejercicio de reducción al absurdo de las mismas (dejando de lado, claro está, el apartado en el que inherentemente a la reducción, dudo de sus premisas) para centrarnos en aquellos aspectos más aplicables o cercanos para nosotros y el alumnado en conjunto.

La TREC se centra en un cambio, llamémoslo filosófico, producido en el paciente. Basándose en su formación, el profesional confronta de forma activa y directiva, rebatiendo, las ideas del paciente. Ideas clave que se basan en el concepto de idea irracional (aquella que es absoluta, dogmática y que se expresa en términos de obligación, necesidad o exigencia), tales como “Tengo que ser amado y aprobado por mi entorno”, “He de ser competente en todo lo que hago si quiero ser una persona valiosa” y “Cada problema tiene una única solución acertada”.  Aquí se enuncian las que el autor denominó, en sus inicios, ideas irracionales.

Bien, tomémonos un segundo para volver a nuestra etapa más pueril, a las puertas de la adolescencia prácticamente. Nos encontramos con amigos, sin supervisión adulta, y alguien de nuestro círculo íntimo nos ofrece alguna sustancia ¿hay alguien que no se imagine una voz en su cabeza que le diga alguna idea irracional a favor de su consumo?. Quiero dejar claro que no hago distinciones entre aquellos que supieron decir “no” y los que lo aceptaron. Únicamente trato de explicar que estas ideas no son constructos psicológicos sacados de un empolvado libro, son ideas y pensamientos que nuestros jóvenes tienen en el día a día, ideas y pensamientos que la TREC se esforzó (si bien de forma demasiado confrontativo para mi gusto) en desmontar. Nuestros jóvenes, con las herramientas para identificar y luchar contra estas ideas se inclinarán notablemente más por el “no” en esos casos.

Beck, por otro lado, afronta en su TC un concepto base, la idea de “esquema”.  Rápido y mal, son estructuras mentales que almacenan información y que nos ayudan en la vida al enfrentarnos a situaciones similares.  Un esquema es lo que se hace al aprender a conducir y, en base a su funcionalidad, termina siendo automático. Pues de igual forma ocurre con los constructos psicológicos que regulan nuestras relaciones sociales.  Bien, la TC trae a la consciencia esos esquemas, los separa por partes y guía al paciente por una senda de auto-descubrimiento que compara sus esquemas con la vida real. Por ejemplo, si un joven piensa que “Si no consumo lo mismo que mi amigo/a X, se va a enfadar.” se llevaría al paciente a que analizara la veracidad de ese postulado y lo modificara en consecuencia con los datos obtenidos.

Un “Si no consumo lo mismo que mi amigo/a X, se va a enfadar.” se convierte, por ejemplo, en “Si no consumo lo mismo que mi amigo/a X, le va a dar igual.” o “… se pensará si hacerlo él/ella.”.  De nuevo, como en la TREC, el alumno, hijo, paciente… adquiere la capacidad de desenvolverse en el mundo sin seguir las directrices de lo que le venga desde fuera. Nuestro alumno adquiere la capacidad de enfrentar sus ideas más nucleares con la vida real y salir reforzado de dicha confrontación. Sale armado y listo para tomar sus propias decisiones, no para no realizar ciertas acciones por miedo al castigo, se convierte en una persona autosuficiente.

Cerrando estas líneas, vuelvo a la idea principal: Un lápiz, una hoja de papel, un profesional apto, un/a joven dispuesto/a y una hora a la semana es todo lo que hace falta. ¿Tanto pedimos?.

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Miguel Martinez Notivol

Licenciado en Magisterio de Educación Primaria por la Universidad de Zaragoza y Graduado en Psicología por el itinerario de Psicología Educativa
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