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Cerebro y drogas: Disfunción ejecutiva como posible consecuencia. Parte 1

Félix Rueda |Psicólogo experto en adicciones.  Fundación Noray Proyecto Hombre Alicante

El hecho de que las sustancias psicoactivas tengan unos efectos determinados sobre el Sistema Nervioso Central y Periférico, puede implicar que algunos de dichos efectos sean potencialmente irreversibles. O lo que es lo mismo, parece que existe la posibilidad de que determinados cambios producidos en el Sistema Nervioso Central (SNC) por el consumo de sustancias psicoactivas, e incluso en relación al juego patológico, podrían ser duraderos; y que esos cambios tendrían que ver tanto con la estructura orgánica como con las funciones que desarrollan esas estructuras.

Uno de los efectos más claros a este nivel, es la alteración de las denominadas “Funciones Ejecutivas Superiores”,

REFRESCANDO ALGO DE TEORÍA
Cerebro humano / M. M.

Cerebro humano / M. M.

En cuanto a los mecanismos de acción, en función del tipo de sustancia que se consuma, podemos encontrar dos tipos de efectos sobre el SNC:

  • Imitadores de los mensajeros químicos (neurotransmisores) implicados en la transmisión del impulso nervioso (sinapsis).
  • Potenciadores de los efectos de los neurotransmisores implicados en el “circuito de gratificación cerebral o sistema de recompensa” (sistema mesolímbico dopaminérgico), y por tanto, de las sensaciones de placer, satisfacción y otras.

Si se consumen sustancias es porque quienes lo hacen encuentran sus efectos placenteros (o al menos así es inicialmente), por eso se repite en la acción de consumir. A esto hay que añadir que el circuito de gratificación antes mencionado se estimula ante ese placer proporcionado por el consumo de sustancias o el juego (Carbonell, Talarn, Beranuy, Oberst y Graner, 2009).

Con el tiempo, las personas que desarrollan un trastorno adictivo, además de sentir placer producido por los efectos de la sustancia en el organismo, sienten “displacer” ante la ausencia de la misma, de manera que el consumo se mantiene a fin de evitar esa sensación desagradable. En términos de psicología del aprendizaje, en el primer caso estaríamos ante un “refuerzo positivo”, es decir, los efectos son percibidos como algo agradable, mientras que en el segundo caso nos encontraríamos con un “refuerzo negativo”, mecanismo por el cual la sustancia haría desaparecer un efecto desagradable no deseado.

Una vez llegados a este último punto, podemos afirmar que en la persona encontramos ya dependencia psicológica, es decir, que los agentes (sustancias, juego…) capaces de activar el circuito de recompensa, son reforzadores positivos y, por tanto, son capaces de crear una conducta compulsiva con el fin de seguir tomando la sustancia de forma periódica o continuada; esta actitud compulsiva y repetitiva es la desencadenante de la aparición de la dependencia psicológica. Cuanto mayor es la capacidad de refuerzo de una sustancia, tanto mayor es el grado de dependencia psicológica que produce (p.e. los estimulantes del SNC, tipo anfetaminas y cocaína); así como también dependencia física, los cambios relacionados con el incremento de los refuerzos negativos, en detrimento de los positivos, se producen porque el cerebro sufre una serie de cambios adaptativos que tratan de restaurar la función normal, superando los efectos producidos por las drogas que se consumen de forma repetida. Esta “neuroadaptación” ocurre a todos los niveles del cerebro. Uno de los muchos mecanismos que han sido implicados en estos fenómenos de neuroadaptación, son la reducción del nº de receptores y/o a su afinidad.

Neurona / M.M.

Neurona / M.M.

Poniendo un ejemplo, los receptores cerebrales son como unas cerraduras donde se acoplan unas llaves específicas (que serían los neurotransmisores), el cerebro adapta esas cerraduras, de manera que cuando hay muchas llaves crea más cerraduras, y cuando las llaves no encajan del todo (que sería el caso de las sustancias que imitan los efectos de los neurotransmisores), éstas “falsas llaves” fuerzan las cerraduras. También es posible que desaparezcan “cerraduras” (receptores cerebrales), o que se modifiquen porque la “llave” que los abría ya no los abre.

Por todo ello, cuando en lugar del mero “uso o abuso” de drogas o juego, nos encontramos ante un fenómeno adictivo, este se considera, desde la perspectiva de la neuropsicología, el resultado de un conjunto de alteraciones cerebrales que afectan a múltiples sistemas neurobiológicos y que resultan en disfunciones en procesos motivacionales, emocionales, cognitivos y conductuales, pudiendo ser éstas causa y/o consecuencia del hecho de mantener el consumo.

A través de la presencia prolongada de la sustancia en el organismo, puede desarrollarse tolerancia a la misma, que se produce como resultado del fenómeno de “neuroadaptación” neuronal, tras la administración crónica de una droga. Ello explicaría por qué los efectos reforzadores o de recompensa producidos por una droga al principio de su administración se van haciendo progresivamente menores, por lo que la persona trata de incrementar la dosis inicial de la sustancia para conseguir el mismo estímulo reforzador. Esto también sucede con algunos tipos de fármacos.

Podemos hablar de tres tipos de tolerancia:

  • Reversible: Cuando se abandona el consumo de la droga, se recupera gradualmente la sensibilidad inicial.
  • Cruzada para drogas del mismo grupo farmacológico, o incluso de distinto grupo farmacológico.
  • Inversa: cuando se alcanza un determinado nivel de sustancia en sangre pequeñas cantidades producen el mismo efecto que grandes cantidades.

Por último, en cuanto a los conceptos básicos que estamos recordando, nos encontramos con el fenómeno de la “Abstinencia”, es decir, cuando cesa bruscamente el consumo de una sustancia en concreto, la carencia de receptores, produce un estado de malestar con síntomas físicos y psíquicos al que denominamos “síndrome de abstinencia”. Sólo mediante la abstinencia prolongada a esa sustancia adictiva, se recupera la densidad normal de receptores y el equilibrio del funcionamiento cerebral.

Sólo mediante la abstinencia prolongada se recupera  el equilibrio del funcionamiento cerebral 

¿DÓNDE SE UBICAN LAS FUNCIONES EJECUTIVAS?

Una de las estructuras más potentes de nuestro sistema nervioso central es la corteza prefrontal, que juega un papel esencial en los procesos adictivos (Dom, Sabbe, Hulstijn, van den Brink,  2005). Esta estructura está directamente relacionada con dos de los núcleos o áreas cerebrales directamente relacionadas con el placer, que se llaman “Área Tegmental Ventral” y “Núcleo Accumbens”, y por tanto, cuando el consumo de drogas afecta a dichas áreas implicadas el placer, también afecta a la corteza prefrontal.

Partes del cerebro / www.mancia.org

Partes del cerebro / www.mancia.org

El lóbulo frontal de nuestro cerebro, como complejo que incluye la corteza prefrontal, abarca una estructura anatómica que realizan una serie de funciones de manera interactiva, que estarían relacionadas más con conceptos psicológicos que con conceptos anatómicos o físicos (Soprano, 2003). Para entenderlo mejor, podemos poner el ejemplo de una cocina, en ella hay multiplicidad de utensilios y electrodomésticos, contamos con ingredientes, e incluso hay una persona que cocina; sin embargo, cuando hablamos del resultado, esto es, de la comida, de si es apetecible o no, de los sabores, no hacemos referencia ni a los utensilios ni a quien cocina, sino a lo que todos ellos en conjunto han producido.

Por ello, cuando refiriéndonos a las capacidades, funcionales o disfuncionales, de nuestra corteza prefrontal, tales como: “control ejecutivo”, “sistema supervisor” o “síndrome disejecutivo”, debemos entender dichos conceptos como más psicológicos que anatómicos. Volviendo al ejemplo de la cocina, si un pastel sale mal porque hemos empleado mal un electrodoméstico, no diremos el “horno está averiado”, sino, el “pastel se ha quemado.”

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Félix Rueda
Hace 13 años inició su andadura profesional en el ámbito de la prevención e intervención en trastornos adictivos, siempre en el contexto de Proyecto Hombre.Es Licenciado en Psicología por la Universidad de Málaga, Máster en Psicología de la Salud por la Universidad Miguel Hernández, Experto en Drogodependencias por la Universidad Complutense de Madrid, y Técnico en Logopedia por la Consejería de Empleo de la Junta de Andalucía. Así mismo, ha cursado estudios de Filosofía durante 3 años. Actualmente desempeña las funciones de Coordinador de los programas Terapéuticos para adultos, Responsable de Calidad, y a su vez supervisa y coordina uno de los programas de intervención dirigido a personas activas laboralmente que presentan problemas de adicción a Cocaína y/o Alcohol, principalmente, y el programa de reinserción socio-laboral para aquellas personas que han completado un proceso de tratamiento en una Comunidad Terapéutica. Así mismo, es miembro del Observatorio Proyecto Hombre sobre el perfil del drogodependiente, que desarrolla su actividad a nivel nacional. Es profesor invitado (en representación de Proyecto Hombre Alicante) de la Escuela de Formación de la Asociación Proyecto Hombre (Impartiendo la materia: Perfil profesional en Proyecto Hombre, Trabajo y Gestión de Equipos, Potencial Humano del profesional de Proyecto Hombre). Ha participado en numerosas publicaciones, ha sido miembro de la Comisión Nacional de Evaluación de Proyecto Hombre (un Proyecto del Ministerio Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad), hasta su disolución el pasado 2013, y ha intervenido en múltiples foros relacionados con ámbitos afines a los trastornos adictivos. Durante 4 años fue responsable de los programas de prevención indicada para adolescentes y sus familias en Proyecto Hombre Málaga.