Los jóvenes banalizan los riesgos del consumo de marihuana y de alcohol

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La sociedad científica Socidrogalcohol presentó el pasado lunes 22 de enero en la sede del Plan Nacional sobre Drogas un Estudio Sociológico Cualitativo sobre consumo de alcohol y cannabis (hachís o marihuana) en jóvenes y adolescentes. El objetivo principal era conocer los porqués del consumo, así como los espacios, la percepción, a la vez que conocer las inquietudes de los jóvenes. El trabajo se ha realizado en distintas comunidades autónomas existiendo pocas diferencias entre ellas (Andalucía, Aragón, Asturias, Baleares, Castilla La Mancha, Castilla León, Cataluña, Euskadi, Extremadura, Madrid, Murcia y Comunidad Valenciana).

Se repite en todos los grupos participantes la idea de que no todos los jóvenes realizan estos consumos y que hay muchos con grandes inquietudes. Los jóvenes son heterogéneos según el contexto familiar y social y se encuentran dos extremos: Los que siguen las pautas de los padres, con miedo incluso a defraudarles y un exceso de conformidad y, por otro lado, aquellos que actúan con rebeldía a todo lo mostrado y exigido en casa.  Se reconoce, además, a aquellos adolescentes que sí presentan un valor en los estudios y el trabajo y que son conscientes de la sociedad competitiva en la que se encuentran.

Según el estudio las edades de inicio en el consumo varían según la sustancia. En el caso del alcohol, el consumo se realiza a edades más tempranas, a los 13-14 años durante 1º de la ESO mientras que con el cannabis el inicio se produce entre 3º y 4º de la ESO a los 16 o 17 años. Ambas sustancias se prueban en contextos de grupo de iguales y en momentos de ocio.

El alcohol es la sustancia que se utiliza como ritual de paso para dejar de ser niño. Los grupos de jóvenes se organizan para conseguir la sustancia y consumirla en grupo los fines de semana de forma nocturna y en fiestas patronales o festivales. Se relaciona con el ocio. Más que la desinhibición, buscan la embriaguez.

El cannabis con el tiempo pasa a consumirse en grupos reducidos, de confianza, donde los jóvenes saben que son aceptados. El consumo es diario y diurno y se produce a la entrada de los institutos y en los descansos. El patrón de consumo facilita que el joven entre a los centros intoxicado. Sin embargo, este consumo está normalizado y los que trafican con la sustancia son vistos como ‘colegas’. En las zonas rurales se observa además un cultivo doméstico.

Lo común en ambas sustancias es que el género influye en el consumo: las parejas donde el chico es consumidor facilita el consumo de la chica, no pasando lo mismo si la chica es la consumidora. Las chicas consumen por gustar a los chicos, mientras que los chicos por ser más valientes, más machotes.

PERCEPCIÓN

Los jóvenes no ven riesgos por el consumo de alcohol y cannabis, mientras que el mensaje del tabaco como perjudicial sí ha calado entre los más jóvenes. El mensaje que les ha llegado sobre el cannabis es que es natural y que tiene un uso terapéutico, aunque esto es en gran parte un mito. En el caso del alcohol, los jóvenes han tenido una gran experiencia vital en la que se ha convivido durante toda la vida con el alcohol asociado a celebraciones, fiestas, ocio, etc. por parte de su entorno social y sociabilizador más cercano, la familia.

Sin embargo, las consecuencias del consumo son muchas: pérdida de interés, fracaso escolar, apatía, conductas de riesgos (intoxicaciones graves, promiscuidad, embarazos no deseados, contagio de enfermedades), falta de control, problemas de salud mental, comportamientos agresivos, problemas legales, alteraciones de conducta, problemas en la familia, etc.

Parece que existe, por tanto, un grave desconocimiento de las consecuencias negativas del consumo excesivo, tanto de las bebidas alcohólicas como del hachís o la marihuana. Y parece que tienen más en cuenta sus supuestas ventajas a corto plazo que sus posibles inconvenientes a corto y largo plazo. 

¿QUÉ SE NECESITA?

El estudio aprovecha para hacer un repaso a las posibles soluciones.

  • Se necesita el trabajo en redes de los diferentes profesionales, la educación es cosa de todos.
  • Necesidad de incorporar en la educación asignaturas que atiendan a la persona de forma integral y aspectos emocionales.
  • Trabajo de formación de profesorado en aspectos emocionales y de habilidades para la vida.
  • Necesidad de la implicación de la familia. No cabe la banalización en pro de no hacer sufrir al hijo. (permisividad de los adultos, familias responsables de sus hijos, recuperación de las funciones parentales, etc.)
  • La narrativa social ante el consumo en la actualidad es de alta tolerancia si no da problemas. Es necesario una mayor concienciación en las creencias respecto al concepto de consumo de drogas.
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Mireia Pascual Mollá
Editora de la Revista InDependientes. Además periodista en gabinete de prensa de Socidrogalcohol y CAARFE. Coordinadora de la campaña #RompeElEstigma. Monitora y periodista en GARA Alcoy. Colaboradora de Radio Alcoy, El Gratis y Hoja del Lunes. Miembro del Instituto de Investigación en Drogodependencias de la UMH y secretaria técnica de la publicación Health and Addictions. Vocal de la Junta de la Asociación de la Prensa de Alicante y miembro de la Asociación Nacional de Informadores de Salud.