La familia en el proceso de rehabilitación de una adicción

Muchos enfermos llegan al proceso de rehabilitación empujados por sus familias: mujeres o maridos, hijos o hijas, hermanas o hermanos, padres o madres. Ellos son al mismo tiempo muchas veces la motivación al cambio. Llegan a un punto de inflexión en el que no les queda otro remedio que poner al enfermo entre la espada y la pared a base de ultimátums con amenazas de cortar la relación. Llegar a este extremo, que evidentemente, no tiene porqué sucederse siempre ni ser igual en todos los casos, viene derivado de no una sino muchas situaciones que hacen que la vida con esa persona empiece a ser ya insostenible.

Familia / Pixabay

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La familia es el primer agente socializador del ser humano. Debe permitir el desarrollo biológico, psicológico y social del individuo, justo las tres vertientes en las que influye la enfermedad adictiva. Se trata además de la primera red de apoyo social puesto que contribuye a atenuar el impacto de los cambios y tensiones de la cotidianidad, según publica la Revista Española de Drogodependencias en su artículo ‘Publicaciones e investigación con enfoque familiar en la Revista Española de Drogodependencias (2002-2012)’ de Alejandro David González López. Según este artículo, “se hace evidente que el consumo irresponsable de drogas conspira contra la salud familiar, producto de vulnerar todas sus funciones como grupo primario de la sociedad”.

Va a depender de la adicción pero los patrones generales son prácticamente comunes. Problemas económicos, de aislamiento social, falta absoluta de comunicación en el núcleo familiar, maltrato en ocasiones físico y en otras psicológico o sensación de invisibilidad paterna o materna (tener un elefante en el salón), cambio en los roles de los miembros de la familia, intento por ocultar al mundo exterior el problema, mentiras, desconfianza, etc.

La familia sufre por tanto la enfermedad adictiva. Al igual que un fumador pasivo inhala el humo del que se fuma el cigarrillo, el familiar de una persona con problemas de adicción inhala las consecuencias de todo lo que provoca, se sobrecarga de responsabilidad y culpabilidad. Es por eso que cuando una persona inicia un proceso de rehabilitación, la familia debe también participar del mismo y no solo como apoyo o prevención de recaídas o comportamientos futuros en los hijos, sino porque ellos también son enfermos que necesitan curarse.

Para llegar a trabajar con las familias existen recursos como ASAYAR, una Asociación Sin ánimo de Lucro Rehabilitadora de Adicciones en Madrid que nació para desde una acción voluntaria social, altruista y generosa, dotar de personas, medios, programas de rehabilitación, información, seguimiento, comprensión a todas aquellas personas que quieren salir de una enfermedad tan grave como la adicción.  Óscar Espartosa, presidente de ASAYAR, explica que el familiar llega muy desorientado y confuso, necesitando de un gran apoyo psicológico y de comprensión. “El familiar percibe el daño sufrido y ocasionado por el adicto como una injusticia a la que poco a poco también se ha habituado, normalizado y acostumbrado. Necesita de una intervención intensa que le ayude a comprender y a recuperar la objetividad y autoestima, dejándole la libertad de continuar o no, sin sentirse obligado o reprocharse nada”, afirma.

Hijos / Pixabay

Hijos / Pixabay

La familia aunque siempre ha estado presente en esta problemática, no ha tenido el peso que merecía. María Concepción Pérez, representante de los familiares de la Confederación de Alcohólicos, Adictos en Rehabilitación y Familiares de España, CAARFE, asegura que desde esta asociación de asociaciones a nivel nacional se está empezando a trabajar con el familiar de una forma diferente a como se hacía anteriormente: “Se le ha dado un lugar propio, junto con enfermos y técnicos, de manera que se le da las mismas oportunidades que al enfermo dependiente, con todo el apoyo y ayuda que le corresponde”.

Pérez asegura que el papel del familiar es fundamental: “El enfermo necesita del apoyo y comprensión de los más cercanos a él durante este proceso. En la mayoría de los casos, sin el apoyo del familiar fracasan”.  Y Espartosa añade: Hay que enseñar a la familia a asumir el cambio de roles que con seguridad traerá la abstinencia, pues el enfermo dejará de serlo y se querrá integrar y ser útil compartiendo tareas, responsabilidades, educación de los hijos, etc. A veces esto se interpreta como una agresión por parte de la familia. Es necesario engranar nuevamente todo el entorno familiar”.

HIJOS

Pero no solo la pareja del adicto sufre el problema de adicción, en muchas ocasiones los hijos son los grandes olvidados en el proceso de rehabilitación. “Cuando existe un problema con una persona adicta en el entorno familiar los hijos pasan a un segundo lugar. La problemática existente en el hogar hace que crezcan con carencias, ya que no tienen una estructura familiar tradicional en la que apoyarse”, argumenta Pérez.

Desde ASAYAR entienden que no se le puede tratar igual a un hijo pequeño que a uno que ya es adulto: “El sentido común nos dice que los hijos pequeños son mucho más vulnerables que los adultos y por eso en ASAYAR decidimos por coherencia que al igual que las parejas, familias tenían una intervención, los niños debían de tener otra. Pudimos comprobar que estos niños llegan con un grave problema de miedo al adicto, inseguridad, frustración, autoestima, desarraigo, falta de cariño y esto no se trataba normalmente de forma global en el propio proceso familiar, sino que se derivaban a unidades de salud mental que no actuaban conjuntamente con los procesos de rehabilitación”, explica Espartosa.

Las consecuencias de no tratar a los niños que han sufrido la adicción de sus padres, conllevará que con el paso del tiempo se agraven y arraiguen problemas de disciplina, conductas antisociales, consumos y adicciones, o trastornos depresivos, falta de motivación, etc.

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