Testimonios

La historia de Joe

*NOTA: Al final de la entrada  puede escuchar la misma historia en formato audio.

Imagino a Joe (nombre ficticio) sentándose en la silla, esta vez de su casa, pero del mismo modo que lo hace cuando asiste a Alcohólicos Anónimos (AA). “Voy a contarte mi historia en el mismo formato que lo hacemos en AA, el formato ‘chair’”- me dice Joe a través de la línea telefónica. Intuyo que sonríe mientras habla, orgulloso del final feliz de esta historia. Lo narra en primera persona:

Yo empiezo en esto con 16 o 17 años. Estudiaba francés en el colegio y el profesor se dio cuenta de que la obra que estábamos estudiando se estaba representando en un teatro y, fuimos de excursión. La primera parte de la obra fue tan aburrida que casi me dieron ganas de llorar, era horrible. Durante el descanso el profesor nos llevó al bar, quería que le cayéramos bien. Ahí probé el alcohol por primera vez, bebí dos cervezas. Tras eso volvimos a entrar a ver la segunda parte de la obra, sin embargo, tras las dos cervezas, me  enamoré de la obra. En aquel momento no me di cuenta, pero ahora cuando miro hacia atrás, me doy cuenta que lo que hizo el alcohol fue transformarlo todo. No solo me hizo sentirme bien a mí, cambió el mundo, en vez de ser un mundo feo y aburrido, al beber se convirtió en algo divertido e interesante, lleno de personas que querían conocerme. Desde casi la primera copa, el efecto fue dramático para mí. Nunca me había sentido muy cómodo en el mundo, siempre había sentido que estaba fuera de lugar sin motivo porque todo me iba bien, pero sentía uqe tenía un hueco que llenar. Y descubrí el alcohol. Al principio el alcohol para mí fue la solución, empecé a beber viernes por la noche, dos o tres pintas. Esto me permitió participar en la vida social, me trasnformó a mí y a mis amigos. Yo ahora entiendo que el alcohólico es físicamente diferente. Ahora hay evidencias que dicen que el modo de procesar las moléculas de alcohol es diferente en ciertas personas y hace que cuando más bebemos, más ganas tenemos de beber. Y esta parte física, mirando hacia atrás, yo la tuve muy fuerte desde el principio. La mayor parte de la gente tarda media vida en reconocer que tienen un problema, yo empecé a ver en dos o tres años que algo iba mal, aunque no podía aún ponerlo en palabras.

Mucha  gente tarda media vida en reconocer que tienen un problema, yo lo vi en dos o tres años

Pronto empecé a meterme en líos, peleas y bebiendo fines de semana. Fui a la universidad a otra ciudad, y por primera vez tenía un poco de libertad y de dinero y empecé a beber entre semana. Al principio solo salía los miércoles al bar de los estudiantes, después poco a poco empecé a beber para poder dormir por las noches y las tardes se me hacía muy aburridas sin beber. Con 21 o 22 años acabé la universidad y con el primer trabajo me di cuenta que cada tarde estaba vacía sin alcohol, hiciera lo que hiciera me apetecía beber, y aunque no siempre podía siempre quería. Y entré con esa edad en un ciclo. Empecé a emborracharme cada noche. Despertar y sentirme fatal cada mañana. Ir a trabajar jurándome a mí mismo que esa noche iba a quedarme en casa pero cuando llegaban las siete y tenía dinero, salía, sino lo pedía prestado a mis amigos. Perdí el trabajo por estar borracho en la jornada laboral y el siguiente que encontré era un poco peor, peor pagado, con peores condiciones, pero también lo perdí.

Hasta los 25 años pase por 6 o 7 trabajos diferentes y los perdí todos. Las ganas que tenía de beber, el ‘mono’, esa necesidad incontrolable de beber, me había hecho que tuviera que beber antes de ir a trabajar. En el último trabajo que tuve bueno en Inglaterra me pillaron con cerveza en la boca y me echaron. Ese año fue un infierno.

Hasta los 25 años pase por 6 o 7 trabajos diferentes y los perdí todos

Me levantaba con unas ganas tremendas de consumir, vomitaba, no comía nada y escapaba de casa antes de que mis padres me pillaran. Intentaron llevarme a médicos, psiquiatras, cerraban la puerta con llave…lo intentaron todo. Y nada funcionó, yo siempre escapaba de una forma u otra. Empecé a robar en las tiendas, a pedir dinero en la calle. Era un sobrevivir cada día. No quería vivir así pero no veía más allá, no veía salida. No era capaz de ver que todo era por el alcohol. Yo pensaba que mi caso era muy complicado, que la culpa era de mis padres, que yo quizás tenía problemas psiquiátricos. Todo era una confusión en mi mente y no veía salida. Intenté suicidarme un par de veces. Una vez lo intenté con pastillas y la otra dormí en la nieve, esperando no despertarme.

Con 26 años mis padres ya no podían más, me habían permitido estar con ellos mucho más de lo que deberían haberlo hecho. Me compraron  un billete para irme a América con un amigo. Fui como tirar el dado por última vez., a ver si un cambio me vendría bien.

Cuando llegué, mi amigo hacía un par de años que no me había visto y yo estaba muy deteriorado. Llegué y empecé a gastar dinero y a robarle. Un fin de semana mi amigo se fue con su novia y me dijo: Si cuando vuelva estás borracho, te llevaré a un centro de desintoxicación que hay cerca de aquí y si no vas te compraré un billete para que vuelvas a Inglaterra. Cuando regresó me encontró inconsciente en su balcón. No sé qué pasó. Mucha gente había intentado ayudarme antes pero esta vez me pilló tal vez en el momento justo. No quería volver a Inglaterra y le dije que sí. Y me llevó a un centro en Washington.

Era una casa grande, convertida en un centro de desintoxicación público. La gente que llegaba a ese centro lo hacía a través del sistema judicial e iban para limpiar su ficha. La mayoría acudía por problemas de drogas y yo estaba asustado. Me pasé tres días temblando y vomitando del síndrome de abstinencia. Tuve un poco de delirium tremens. Entonces el cuarto día bajé a la sala común. Vi que estaba pasando algo. Estaban moviendo los muebles. Estaban preparando todo para una reunión de AA. Y la gente se sentó y empezaron a contar su historia, como yo hago ahora mismo contigo. El primero al que oí fue un hombre viejo negro, muy diferente de mí, pero más o menos contó la misma historia. Con detalles diferentes y circunstancias diferentes, pero la misma historia en esencia. Fue increíble, por primera vez en mi vida, empecé a pensar que a lo mejor no era mala persona sino que era alcohólico. Esto fue muy importante para mí. Había hecho cosas horribles, había hecho daño a mucha gente, sin querer, pero lo había hecho. Ese hombre habló de eso, pero iba vestido con un traje y algo brillaba de él. Tenía algo, tenía una dignidad que nunca había sentido de mi mismo en mi vida. Y no sé, algo pasó ahí. Estuve 14 días y salí convencido de que no quería beber más, pero no sabía si iba a poder hacerlo. Mientras volvía  a casa de mi amigo descubrí que muy cerca de donde vivía había un club de AA donde hacían reuniones a todas horas y empecé a ir todos los días.

Fue increíble, por primera vez en mi vida, empecé a pensar que a lo mejor no era mala persona sino que era alcohólico.

Encontré un trabajo en Pizza Hut y comencé a acumular días de sobriedad. Me quedé más de un año porque consideraba que un cambio grande podía ser peligroso y allí estaba cómodo. Vivía con mi amigo y mi novia había venido de Inglaterra aunque no vivía conmigo y estuve prácticamente todo el año yendo a reuniones y trabajando. Aún no estaba recuperado del todo, físicamente estaba dañado. Con al alcohol había creado un desequilibrio en mi mente que me dejó muy abierto a la depresión pero no he bebido desde entonces. Llevo 25 años sin beber.

Para mí lo interesante es lo que vino después. Cuando llegué y me contaron lo de los 12 pasos, estuve abierto en todo momento a esto, aunque no era religioso. Pero aunque había oído hablar de eso, nunca me había entregado.

Volví a Inglaterra con mi novia, encontré un trabajo y compramos una casa y empecé a vivir como una persona normal. Trabajaba en un gran almacén de bricolaje y me subieron a jefe de sección. Estaba haciendo todo lo que me pedían en AA pero todavía me faltaba algo, era como cuando era más joven pero ahora no tenía el alcohol que llenaba el vacío. Finalmente creo que mi novia se dio cuenta que no era muy divertido vivir conmigo, ella necesitaba un poco más y se fue con otro chico que era amigo mío. Y una noche mi mundo se colapsó y me sentí muy mal. No lo entendía, estaba sobrio y no le estaba haciendo daño a nadie.

Hay dos formas de vivir AA: Una es asistir y hacer la parte social y funciona a cierto nivel porque te puedes mantener sobrio, pero no cura lo que la mayoría llevamos dentro. Somos así, hay gente que nace y que le falta algo en sus vidas, puede que sea espiritual o psicológico, pero descubrir el alcohol nos ayuda a llenar ese hueco. Cuando dejamos de beber hay que trabajar eso sino es muy difícil seguir viviendo en paz y ser feliz. Tuve una crisis fuerte, no pensé en beber pero pensé en el suicidio otra vez.

Pero entonces algo cambió. Me vino a la mente un hombre que había acudido a una de nuestras reuniones. La mayoría de la gente que viene no hace los pasos, hacen cosas muy duras pero yo no había cumplido los 12 pasos. Y me sentí en la necesidad de buscar a ese hombre que parecía saber un poco del programa. No sé, su cara apareció en mi mente. Solo me acordaba de que se llamaba John (pseudónimo) y que era irlandés pero me puse a mandar mensajes y a buscarlo. Dos semanas después me llamó y le pedí que fuese mi padrino y que me ayudase a seguir los pasos. Me dijo que sí pero me puso condiciones muy duras. Peor yo estaba comprometido.

Hay dos formas de vivir AA: Una es asistir y hacer la parte social, la otra es cumplir los 12 pasos

Los pasos yo creo que son importantes para reducir nuestro ego. Ayudan a reducirlo porque está bloqueando que entren otras cosas. El ego se manifiesta de muchas maneras:  Malos presentimientos, miedo, problemas con el sexo y vergüenza por las cosas que hemos hecho. Estas  cuatro cosas nos bloquean la luz del sol de algunas personas. Tenemos que sentarnos a escribir todo esto y analizar porque tenemos todo esto para poder poco a poco ir afrontándolos. Hay que pedir perdón a la gente, devolver el dinero si hemos robado y comprometernos a hacer cambios en nuestras vidas. Mi vida había estado dominada por el miedo y esto me ayudó a verlo.

Mi padrino me dijo que si estaba dispuesto, empezarían a abrirse puertas, y así fue. Mis padres me invitaron a regresar a la familia, mi ex entrenador me invitó a volver a mi equipo de futbol, etc. Empecé a recuperar una vida normal. Entonces me quedé sin trabajo porque la empresa fue absorbida. El gran miedo de mi vida siempre había sido salir de mi zona de confort, salir de mi circulo en el que me sentía cómodo. Pero entonces un amigo me dijo que en España estaban buscando a un profesor nativo y en mi intento de enfrentarme a los miedos, me pareció que aceptarlo era una correcta decisión. Alquilé mi piso, puse mis cosas en el coche y me vine. Siempre me había dado mucho pánico hablar delante de la gente. En realidad no quería hacerlo, pero lo hice. Me vine a España y me enamoré de España y del trabajo enseguida. Poco a poco perdí el miedo a que la gente estuviera atenta a lo que y decía. Y ese hueco que siempre había tenido, empezó a llenarse.

AA en España no pone tanto énfasis en los pasos y cuando llegué alguna gente empezó a pedirme que hiciera por ellos lo mismo que mi padrino había hecho por mí. Y este fue el paso 12. Los 11 primeros pasos son para abrirse, para bajar el ego y dejar que pase algo. Y el paso 12 es pasar el mensaje al prójimo y esto me hizo sentirme lleno del todo.

Poco a poco perdí el miedo y ese hueco que siempre había tenido, empezó a llenarse.

Conocí a una chica, me casé y tuvimos dos hijas y hace 5 años me fui a trabajar por libre y ya tengo mi propia academia de inglés y traducción.

Todavía hay veces que me levanto y miro mi casa, a mis hijas, pienso en mi trabajo y me digo: “¿Cómo es posible?”

Los médicos nos pueden ayudar al principio, tienen muy buenas intenciones y hacen mucho bien, pero al final la mayoría de los adictos y alcohólicos necesitamos algo más. Una parte muy importante de todo esto es contar la historia para que sepan que también estamos aquí para ayudar.

Joe

Para respetar el anonimato de Joe, narramos en voz de InDependientes la misma historia en audio:

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Editora de la Revista InDependientes. Además periodista en gabinete de prensa de Socidrogalcohol y CAARFE. Monitora y periodista en GARA Alcoy. Colaboradora de Radio Alcoy y el periódico 'Aquí en Alcoy'. Miembro del Instituto de Investigación en Drogodependencias de la UMH y secretaria técnica de la publicación Health and Addictions. Profesora asociada de periodismo en la Universidad Miguel Hernández de Elche. Miembro de la Asociación Nacional de Informadores de Salud.

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Mireia Pascual Mollá
Editora de la Revista InDependientes. Además periodista en gabinete de prensa de Socidrogalcohol y CAARFE. Monitora y periodista en GARA Alcoy. Colaboradora de Radio Alcoy y el periódico 'Aquí en Alcoy'. Miembro del Instituto de Investigación en Drogodependencias de la UMH y secretaria técnica de la publicación Health and Addictions. Profesora asociada de periodismo en la Universidad Miguel Hernández de Elche. Miembro de la Asociación Nacional de Informadores de Salud.
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