Reportajes

Mujeres y drogadicción

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El consumo de drogas tradicionalmente ha estado más asociado a los hombres. Asimismo, diversos estudios han demostrado que éstos consumen más drogas habitualmente. De esta manera, según la Encuesta Domiciliaria sobre Alcohol y Drogas en España (EDADES) 2009/2010 del Observatorio Español sobre Drogas dependiente del Plan Nacional sobre Drogas, existe una prevalencia del consumo de todas las sustancias por parte de los hombres, excepto en los hipnosedantes (con este término se refiere tanto a tranquilizantes como a somníferos) donde las mujeres presentan una mayor prevalencia (9,3% de mujeres consumen este tipo de sustancias frente a un 4,6% de hombres). Además, también se puede encontrar una mayor presencia de éstos dentro de los servicios asistenciales para el tratamiento de drogodependencias. Así, según el Informe de 2009 del Observatorio Español sobre Drogas, en 2007 se notificaron 50.555 admisiones por abuso a diversas sustancias psicoactivas (excluyendo el alcohol y el tabaco), pero sólo una de cada seis correspondieron a mujeres (un 15,3%).

tabla-def1Sin embargo, como indica dicho Informe, en la actualidad, las diferencias se han reducido en los últimos años, aunque siga existiendo una prevalencia de consumo por parte de los hombres. En 2007, en la población comprendida entre los 15 y los 64 años, la prevalencia de fumadores diarios de tabaco fue de 32,9% en hombres y de 22,6% en mujeres, una diferencia todavía considerable. No obstante, en 2008, en el caso de los Estudiantes de Enseñanzas Secundarias de entre 14 y 18 años,  el consumo de tabaco entre las chicas estaba más extendido en todas las edades que entre lo hombres, según la Encuesta Estatal sobre Uso de Drogas en Estudiantes de Enseñanzas Secundarias (ESTUDES), 1994-2008 (ver tablas) del Observatorio Español sobre Drogas. Sin embargo, en cuanto a la prevalencia en el consumo de alcohol, las diferencias entre hombres y mujeres se siguen manteniendo. Así, según en Informe de 2009 del Observatorio Español sobre Drogas, en 2007, la prevalencia mensual de consumo de bebidas alcohólicas es de 71,4% en hombres y de 49,0% en mujeres (para ver el Informe completo pinche aquí). En cuanto a las drogas ilegales, las prevalencias de consumo de hombres siguen siendo más elevadas. Así, por ejemplo, como indica este Informe, en 2007, la prevalencia mensual de consumo de cannabis fue de 10,0% en hombres y de 0,8% en mujeres. No obstante, sobre todo en el caso del cannabis, estas diferencias se reducen en el caso de los jóvenes (ver tabla).

Como explica Bartolomé Pérez, Doctor en Medicina y psiquiatra de la Unidad de Alcohología del Hospital Universitario de San Juan de Alicante, “en términos generales se ha producido un efecto de asimilación de patrones de consumo entre ambos sexos. En consecuencia, cada vez existen menos diferencias en relación al consumo aunque sí se mantienen algunas de tipo biológico; por ejemplo, la tolerancia en las mujeres es menor y, por tanto, a igual dosis los efectos suelen ser más acusados”. Asimismo,  también existen diferencias en cuanto a la prevalencia de determinadas psicopatologías. “En las mujeres predomina más la depresión y la ansiedad que en los hombres y este hecho seguramente hace que sean más capaces de pedir ayuda. Al mismo tiempo esto es un indicador de que son más emotivas. En cambio en los hombres predomina la impulsividad, los rasgos antisociales y la agresividad”, especifica Miquel Monras, psicólogo de la Unidad de Alcohología del Hospital Clínic de Barcelona. Y estas particularidades también influyen en el consumo de drogas. “El inicio de consumo tiene causas muy similares (curiosidad, evasión, diversión…) pero el consumo regular o excesivo que lleva a un estado de dependencia suele presentar algunas diferencias importantes. Por ejemplo, detrás de una mujer dependiente a alguna sustancia vamos a encontrar, con mayor frecuencia que entre los hombres, trastornos psiquiátricos relacionados con la ansiedad o la depresión, así como algunas personalidades más específicas como las de tipo histriónico o límite”, comenta Pérez.

Las mujeres tienen más prevalencia de padecer trastornos como la ansiedad o la depresión que los hombres

Además de existir diferencias biológicas en cuanto al modo en que afectan las drogas al organismo de un hombre y de una mujer, es imprescindible tener en cuenta que los patrones de consumo están muy influidos por la socialización de géneros. Así, a las mujeres tradicionalmente siempre se les ha asignado el rol del cuidado del hogar y de la familia mientras que los hombres siempre han estado más abocados a la vida pública. Este hecho también ha tenido sus repercusiones en cuanto a las pautas de consumo de drogas. “Las atribuciones que se le hacía al género mujer de estar en el ámbito privado de alguna manera sí la protegía” del consumo de drogas, especifica Mercedes Palop, psicóloga del Centro de Atención Integral a Drogodependientes (CAID) de Alcorcón. Pero, como precisa la psicóloga, “había otros factores de riesgo en las mujeres que tenían que ver con el aislamiento y con las tensiones en el mundo de las relaciones” que para éstas se convertían en un punto crucial de sus vidas. De este modo, por ejemplo, mientras que el consumo de alcohol en los hombres se producía en el ámbito social y estaba asociado a momentos recreativos, para ellas este consumo se producía en la soledad del hogar, de manera escondida y asociado a sentimientos negativos.

Esta socialización de géneros también ha marcado una mayor prevalencia masculina en el consumo de drogas ilegales. Como indica Eugenia Gil, profesora de la Escuela Universitaria Ciencias de la Salud de la Universidad de Sevilla e investigadora del Grupo Estudios de las Mujeres, los hombres “asumen más situaciones de riesgo que están relacionadas con lo público. En ese sentido, las drogas ilegales llevarían hacia el mundo exterior”. Sin embargo, en las mujeres existe una prevalencia en el consumo de psicofármacos porque “éstos son prescritos por el médico y no son mal vistos, pero pueden producir efectos en la cotidianidad tanto como consumir alcohol. La diferencia está en que para ellas, debido a la socialización de géneros, el consumo de una pastilla les genera menos conflictos que emborracharse, ya que las mujeres que se emborrachan están más castigadas socialmente. La socialización de géneros hace que se afronten de forma distinta los malestares”, precisa Gil.

Sin embargo, en los últimos años, se está produciendo una serie de cambios que está afectando a la socialización de géneros. Así, la incorporación al ámbito público de las mujeres también está teniendo sus repercusiones en el consumo de drogas. Este hecho podría explicar el incremento de consumo de tabaco por parte de éstas. Como señala la investigadora del Grupo Estudios de las Mujeres, “las mujeres consumen más tabaco porque se están incorporando más a las actividades de la vida pública y esa incorporación hace que asuman actitudes y comportamiento que antes estaban asociados a los roles masculinos. Se produce una situación de adoptar los roles que tienen que ver con el espacio público”. Asimismo, estos cambios en la socialización de géneros provoca que se pierdan los referentes y, de esta manera, las mujeres no tienen modelos a los que puedan seguir.

 

Las relaciones

En el caso de las mujeres, el mundo de las relaciones tiene un papel fundamental. Como explica Palop, “detrás de cada historia de drogas con una mujer casi siempre hay un malestar en la pareja, un problema de duelo no resuelto, una relación con un familiar muy exigente o problemas de malos tratos”. De este modo, como indica Juan José Llopis, psiquiatra y coordinador de la Unidad de Conductas Adictivas (UCA) de Castellón,  “un tercio de las mujeres que consumen drogas  lo atribuyen a la búsqueda de identificación con pareja adicto”. Asimismo, según el estudio Barriers to treatment for addicted women in Europe. Irefrea 01, el 46% de mujeres que no están en tratamiento por su adicción y el 46% que sí lo está afirman que el hecho de no recibir ayuda para curarse de su familia de origen es determinante en su situación de adicción. Como precisa Llopis “el resultado de las desproporcionadas expectativas atribuidas a la mujer en razón de su condición femenina, si las comparamos con las atribuidas al hombre, son barreras que mantienen a las mujeres aisladas en estructuras poco propicias para el tratamiento que reciben”. Asimismo, las mujeres también son más codependientes de sus parejas adictas. Así, si la pareja de una mujer codependiente se recupera de su adicción,  “la mayor parte de las veces se encuentra sola ya que suele perder también el apoyo familiar. La mayor parte repiten el mismo patrón y vuelven con otra pareja de perfil similar también adicto que suelen conocer en el programa/centro de tratamiento con lo que el circulo sigue cerrándose”, indica el psiquiatra de la UCA de Castellón.

Las relaciones son un punto clave en las adicciones de las mujeres

Además, se ha constatado científicamente que “haber sufrido un ataque sexual es un factor de riesgo muy importante para el consumo de estas sustancias. Hay distintas razones que inciden pero una clásica es la aparición de una patología denominada Trastorno por Estrés Postraumático, en el que se juntan rasgos de personalidad caracterizados por inseguridad y baja autoestima con una marcada ansiedad, manifestada por los recuerdos del trauma. Estas tres variables –baja autoestima, inseguridad y ansiedad- ya son, de por sí, factores de riesgo para el uso de sustancias que, como el alcohol, se suelen utilizar como medio de evasión, como válvula de escape”, explica Pérez. Pero, además, mientras que los hombres adictos suelen delinquir para poder obtener los recursos que le permitan seguir con ésta, las mujeres suelen recurrir a otros medios como la prostitución. “No hay que olvidar que algunas sustancias como la heroína han estado muy unidas al mundo de la prostitución –y, en consecuencia, del abuso sexual- como medio para obtener la sustancia. De igual modo, la probabilidad de que una mujer sea abusada cuando se encuentra embriagada o bajo los efectos de otras sustancias como la cocaína, es también muy elevada”, precisa Pérez.

La violencia de género también es otro problema que está asociado al consumo de drogas. Así, como explica Magdalena Mateo, doctora de la UCA de Elche, “el 70% de las mujeres que juegan han sufrido violencia de género”. Así, Palop destaca que en este tipo de violencia “hace falta un esfuerzo por saber detectarlo como un tema peculiar del mundo de las mujeres” desde los centros donde se las trata. Asimismo, otro factor importante relacionado con las mujeres es la maternidad, ya que ésta suele ser una motivación para dejar de consumir. “Mi experiencia es que el embarazo es un momento clave para tomar la decisión de dejar las drogas. En algunos casos salen adelante y en otros hay recaídas. Hay mucho estereotipo en que las mujeres drogodependientes descuidan a sus hijos, pero éstas, incluso estando mal y consumiendo, hacen esfuerzos muy grandes y muy importantes por mantener y cuidar a sus hijos”, indica Palop.

 

¿Necesidad de un tratamiento diferenciado?

Estas diferencias entre hombres y mujeres han conducido a que, de alguna manera, se trate de incluir una perspectiva de género en los tratamientos y en los estudios sobre drogadicciones. Sin embargo, estas nuevas consideraciones se han empezado a tener en cuenta desde hace poco tiempo. Así, por ejemplo, el Plan de Acción 2005-2008 fue el primero en incluir la perspectiva de género dentro de la Estrategia Nacional sobre Drogas en España.

Como explica Llopis, “ya hay programas con perspectiva de genero dentro de centros y estructuras. Lamentablemente algunos ya no existen y otros sobreviven como pueden. En algunos incluso se llegó a trabajar la perspectiva de genero incluyendo la maternidad en el abordaje de la adicción, un tratamiento para la madre que incluyera al hijo/a de pequeña edad para no perder el vinculo materno, pero ya prácticamente no quedan intervenciones de este tipo en el estado español”. Un ejemplo de este tipo sería el centro Casa Oberta en Alicante.

No obstante, probablemente también sería necesario un abordaje diferenciado entre mujeres y hombres dentro de los centros de tratamiento de drogadicciones. Así, se ha comprobado que la terapia grupal funciona muy bien con ellas, ya que, “las mujeres tienen más facilidad para abrirse y se sienten mejor si se abren en grupo de terapia porque, aunque se vaya a trabajar la adicción en sí, también hay que trabajar otras cosas que tienen que ver con las emociones y los conflictos afectivos o del carácter que están escondidos debajo de esa adicción”, precisa Mateo. Asimismo, Mateo afirma que es mejor no separar a hombres y mujeres porque de esta manera es más enriquecedor. No obstante, como indica Palop, “en los trabajos en grupo, como normalmente suelen ser más hombres  que mujeres, hay que cuidar especialmente el tratar de aglutinar a todas las mujeres que pueda haber para que no se sientan muy diferentes ni muy estigmatizadas”. Asimismo, como precisa Monras, lo más importante es “tener un tratamiento que funcione y una vez que sea así adaptarlo a las características de cada persona independientemente de que sea hombre o mujer”. Además, es importante que los tratamientos tengan en cuenta las diferencias específicas de género más que el sexo biológico del paciente porque, como explica Gil, “hay hombres que también están en el polo de lo femenino”. Por eso, desde su grupo de investigación se pefiere hablar de socialización diferencial.

Sesgo de género

Desde las teorías feministas, también se ha detectado un sesgo de género entre los profesionales de la medicina. Como explica Gil, “la crítica de estas teorías es que mirar a las mujeres desde la victimización genera sentimientos de debilidad. Por eso, hay que mirar desde el empoderamiento”. Este sesgo de género también contribuiría a explicar su mayor tendencia a recetar psicofármacos a las mujeres. “Lo que se hace con lo psicofármacos es acallar los malestares ante una situación de angustia vital que la mujer no soporta. La estrategia es quitarse esa angustia. Y es verdad que los psicofármacos quitan la angustia y la ansiedad, pero no quitan lo que las está produciendo”, indica Gil.  Por eso, esta investigadora afirma que es necesario que los profesionales se formen en género y salud. Asimismo, Palop especifica que este problema está relacionado con “la dificultad que algunos profesionales del mundo de la atención sanitaria tienen para buscar alternativas menos medicalizadas y más asentadas en lo natural que es que una mujer se deprima si está aislada o lo natural que es que una mujer sobrecargada tenga síntomas de ansiedad. Eso requiere otro tipo de trabajo a largo plazo y más lento”.

Las investigaciones y los tratamientos de drogodependencias tienen un sesgo de género porque los hombres siempre han estado más presentes en los centros de adicciones

Asimismo, hasta hace poco los resultados de las investigaciones no tenían en cuenta a las mujeres, debido a que había un predominio de hombres en los centros de tratamiento de las drogadicciones. Como indica Llopis, “los tratamientos están diseñados con el sesgo del perfil del toxicómano que se corresponde con las estadísticas oficiales, la de los hombres adictos y por lo tanto no tiene en cuenta el perfil real de todos y todas y sobre todo las necesidades y características de la mujer adicta”.

Despiece 1: Amalia Esparcia, alcohólica rehabilitada: ” Las mentiras, los miedos, la autocompasión y muchas más cosas, todas negativas, quedaron atrás el día que tomé la gran decisión de mi vida: CURARME”

Despiece 2:  Síndrome Alcohólico Fetal

 

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