La violencia en pareja golpea el doble la salud mental de las mujeres jóvenes que la de los hombres
La violencia contra las mujeres jóvenes sigue dejando secuelas profundas en su vida afectiva. Las diferencias entre lo que viven ellas y ellos no solo persisten, sino que se hacen visibles en cada etapa de las relaciones: en lo que sufren, en lo que reconocen y en cómo les afecta.
Una de las brechas más claras aparece en las consecuencias personales. Entre quienes han sufrido violencia en la pareja, el 44% de las mujeres jóvenes declara haber tenido problemas de salud mental, frente al 19,6% de los hombres. Esta diferencia muestra un impacto psicológico mucho más intenso en ellas.
Las desigualdades también aparecen en las menciones relacionadas con la violencia sexual. Una de cada cinco mujeres jóvenes (20,3%) afirma haber sido forzada a mantener relaciones sexuales cuando no quería, mientras que entre los hombres jóvenes este porcentaje se reduce al 8%. Esta brecha se replica en otras experiencias: violencia de control, degradación emocional o miedo, donde los valores femeninos siempre superan ampliamente a los masculinos.
La violencia no es algo ajeno en los entornos juveniles. Solo un 12,9% de jóvenes afirma no haber presenciado ninguna situación de violencia contra mujeres en su círculo cercano. Las mujeres la identifican con mucha mayor frecuencia: en varias formas de violencia observada, sus porcentajes superan entre 10 y 30 puntos a los de los hombres.
Entre las conductas más extendidas destacan las dinámicas de control. Un 27,3% de mujeres jóvenes declara que su pareja le ha revisado el móvil (frente al 17% de los hombres), y un 32,1% afirma haber sufrido enfados por no responder de inmediato a mensajes o llamadas, una proporción que prácticamente duplica la registrada entre ellos (17,5%).
Estas cifras son aún mayores cuando se pregunta por situaciones de violencia ejercidas por chicos contra chicas en parejas de su entorno: la revisión del móvil asciende al 41,8%, lo que muestra hasta qué punto estas prácticas están normalizadas más allá de las experiencias personales.
Estos datos se dan a conocer en el marco del 25N, Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, y forman parte del avance del Barómetro Juventud y Género 2025, elaborado por el Centro Reina Sofía de Fad Juventud -que cuenta con Santander y Telefónica como Patrocinadores Fundadores- y financiado por la Delegación del Gobierno contra la Violencia de Género del Ministerio de Igualdad . El estudio analiza las percepciones, experiencias y actitudes de jóvenes de 15 a 29 años en torno a la violencia de género, a través de una encuesta en la que han participado 1.528 jóvenes. Como novedad, en esta edición se ha consultado también a población adulta, llegando a las 3.327 personas encuestadas.
VIOLENCIA EN PAREJA: SUFRIDA Y EJERCIDA
La violencia sufrida en pareja presenta brechas de género muy marcadas, prácticamente en todas las formas de violencia analizadas el porcentaje de mujeres es significativamente superior al de los hombres. Podemos destacar tres tipos de violencia en los que se resalta esta brecha:
- La violencia de control: que tu pareja se enfade porque no has respondido inmediatamente a sus mensajes o llamadas (32,1% ellas y 17,5% ellos), que te revisen el móvil (27,3% ellas y 17% ellos) o que te diga con quién puedes o no puedes hablar (26,6% ellas y 17,2% ellos).
- Violencias ligadas a la deshumanización y degradación: que tu pareja te insulte y te humille (24,8% ellas y 11,1% ellos) y que te diga que no vales nada (20,7% ellas y 9,7% ellos).
- Violencia sexual: un 20,3% de las mujeres afirma que su pareja les ha forzado a tener relaciones sexuales sin que ellas quisieran. Porcentaje que se reduce al 8% en el caso de los hombres. También se observan diferencias en la acumulación de violencias: a partir de cuatro formas de violencia sufrida, los porcentajes de mujeres superan entre 6 y 11 puntos a los de los hombres.
En cuanto a la violencia ejercida, el análisis revela un patrón complejo que debe interpretarse con cautela. Las mujeres reconocen con mayor frecuencia haber realizado conductas de control -como revisar el móvil de la pareja (27,1% ellas, 13,3% ellos)-, pero esta diferencia no implica una inversión de roles ni un cambio en el patrón estructural de la violencia contra las mujeres.
Diversos factores ayudan a contextualizar este resultado: las mujeres suelen disponer de más herramientas para identificar y nombrar comportamientos problemáticos, tienden a ser más autocríticas y muestran una mayor disposición a reconocer acciones que perciben como inadecuadas. Los hombres, en cambio, pueden minimizar o justificar estas conductas por sesgos de deseabilidad social o por dificultades para reconocerlas como formas de violencia.
Además, las preguntas no permiten conocer la intención, el contexto ni la intensidad de estas acciones, por lo que no es posible equipararlas. La interpretación del conjunto del estudio evidencia que, a pesar de este patrón declarativo, son las mujeres quienes sufren con mucha mayor frecuencia las formas más graves y las consecuencias más intensas de la violencia en pareja.
CONSECUENCIAS PERSONALES DE LA VIOLENCIA
Uno de los aspectos donde la brecha de género se hace más evidente es en las consecuencias personales que deja la violencia en pareja. Entre las mujeres jóvenes que la han sufrido, los efectos emocionales y psicológicos aparecen con mucha más intensidad y frecuencia que entre los hombres.
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