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Juego patológico o ludopatía I

img_2580Cinco segundos. Entre una apuesta y otra. Trescientas sesenta apuestas cada media hora. Y toda esa luz, ese color. Y la música. Golpea nervioso los botones. Está seguro de que lo tiene. Que ha acabado aprendiendo el maldito método que maneja esa estúpida máquina. Pero no. La máquina tragaperras nunca estuvo manejada por la lógica. Simplemente puro azar. Pero él piensa que sí. Que con un poco más de suerte, con un poco más de habilidad lo puede conseguir. Invierte horas y horas delante de ese aparato esperando siempre un golpe de suerte…

Cinco segundos. Entre una apuesta y otra. Trescientas sesenta apuestas cada media hora. Y toda esa luz, ese color. Y la música. Golpea nervioso los botones. Está seguro de que lo tiene. Que ha acabado aprendiendo el maldito método que maneja esa estúpida máquina. Pero no. La máquina tragaperras nunca estuvo manejada por la lógica. Simplemente puro azar. Pero él piensa que sí. Que con un poco más de suerte, con un poco más de habilidad lo puede conseguir. Invierte horas y horas delante de ese aparato esperando siempre un golpe de suerte…

La ludopatía o juego patológico es un trastorno del control de los impulsos incluido por primera vez en 1980 en el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales DSM-III de la Asociación Psiquiátrica Americana. Se considera que esta enfermedad es un trastorno del control de los impulsos “porque la característica principal que la define es que la persona afectada pierde el control o tiene una gran dificultad para controlar el impulso o el deseo de llevar a cabo una conducta que es potencialmente perjudicial, sobre todo a largo plazo”, señala Roberto Secades, experto en conductas adictivas y profesor titular del Departamento de Psicología de la Universidad de Oviedo

En España el juego se legalizó en 1977 a la luz de las nuevas libertades conquistadas con la democracia. Asimismo, en 1981, se legalizaron las máquinas tragaperras, el juego considerado como más adictivo hasta la fecha. Y precisamente este hecho produjo un incremento de número de jugadores y de ludópatas en este país. “Se ha visto que la accesibilidad y/o la disponibilidad de los objetos que pueden provocar las adicciones (por ejemplo, el alcohol u otras drogas) juegan un papel fundamental sobre todo para el inicio de este tipo de conductas. Las medidas y restricciones legales tratan de reducir dicha disponibilidad, reduciendo así la posibilidad de que las personas usen drogas o jueguen”, explica Secades.

Pero ¿cómo puede producir adicción el juego si no se introduce ninguna sustancia en el cuerpo? Como indica Susana Jiménez, coordinadora de la Unidad de Juego Patológico del Hospital Universitario de Bellvitge, “existen muchas conductas que potencialmente pueden ser adictivas. Tanto en el juego como en las compras como en las nuevas tecnologías podemos identificar un patrón conductual, emocional y cognitivo muy similar al que se observa en pacientes que padecen adicciones a sustancias”. Igualmente, como indica la psicóloga y terapeuta familiar Ana Domínguez, el enfermopresenta sintomatología de abstinencia en cuanto no realiza la conducta de juego, que remite al realizar la misma”.

Si se comparan los criterios diagnósticos empleados por los profesionales para saber si el sujeto padece un trastorno o no, se encuentran muchas similitudes entre el juego patológico y la adicción a una sustancia. “Los criterios del juego patológico casi son calcados a los criterios que se utilizan en adicciones a sustancias. La diferencia es la recuperación de las pérdidas, ya que este efecto en la adicción a sustancias no está y en el juego patológico sí. Así, el jugador juega, a partir de un determinado momento de su trastorno para intentar recuperar las pérdidas. No lo consigue y agrava más su problema”, señala Jiménez. Igualmente, como apunta Domínguez, otra diferencia es que, al no existir una adicción a una sustancia, el sujeto no presenta una dependencia física a la misma. Se cambia la sustancia por el comportamiento problemático, aunque los procesos sean muy similares. Además, la ludopatía presenta una particularidad específica. “El juego en sí mismo no está mál visto, y normalmente tarda más en descubrirse el problema que cuando es un consumo de algo”.

 

Factores relacionados con la ludopatía

El juego que posee mayor poder adictivo son las máquinas tragaperras o olmáquinas tipo B (las máquinas tipo A se limitan a conceder al usuario un tiempo de juego a cambio de dinero, pero no proporcionan ninguna ganancia dineraria o de otra clase y las máquinas tipo C ofrecen al usuario un tiempo de juego a cambio del precio de la partida y existe la posibilidad de que eventualmente proporcionen un premio que dependerá del azar). Como indica Domínguez, son muchas las variables que intervienen en que ello sea así. Entre otras nos podemos encontrar la pequeña cuantía de la apuesta, el poder de la atracción de la música, colores, sonido, etc., así como su fácil acceso a ellas”.

Pero independientemente de las características del juego, existen factores personales, psicológicos y sociales que influyen en el individuo. Desde el punto de vista cognitivo-comportamental, pueden considerarse como posibles disposiciones al desarrollo de la dependencia la presencia de creencias en supersticiones, las creencias irracionales en los resultados del juego, creencias en las habilidades personales frente al azar, la creencia muy frecuente de que pronto se recupera el dinero apostado previamente, la idea de ser premiado más adelante por la persistencia en el jugar”, señala Yaromir Muñoz, psicólogo de la Universidad Eafit, en Colombia. “Cuando se presentan niveles de compromiso neuropsicológico hay que tener presente que el apostar dinero es una actividad excitante que comporta riesgo, el riesgo asumido para ganar, y como bien es sabido, la oferta de juegos de suerte y de azar esta catalogada en el tema de diversión y recreación”, comenta Muñoz. Las personas buscan la diversión. Esto provoca excitación, algo que puede generar adrenalina “con lo cual los individuos pueden llegar a sentir una necesidad de aumentar significativamente el tiempo y la cantidad apostada para obtener la dosis de excitación buscada; esto puede darse por el desgaste necesario de las actividades placenteras y el deseo de incrementar o redoblar la cantidad de tiempo y dinero invertido”, explica Muñoz. De esta manera, se prepara el terreno para una posible pérdida del control del comportamiento.

Igualmente, otro aspecto que apunta Muñoz es la disposición que posea el sujeto para controlar su tiempo de juego “bajo una racionalidad económica”. Se espera que el individuo logre planear cuánto quiere apostar y en cuánto tiempo independiente de si gana o no”, matiza Muñoz. Asimismo, el psicólogo también señala que otro factor que influye en el juego es el sitio donde se juega. “Los casinos y casas de juego tienen una ambientación que dificulta enormemente que los sujetos logren un adecuado manejo del tiempo, esto quiere decir que no son visibles los relojes, no hay ventanas que permitan observar el cambio del día a la noche y con ello el sujeto pierde fácilmente la noción del tiempo”, explica Muñoz.

Además, pueden existir otros factores psicológicos relacionados con el juego patológico. “La impulsividad, la búsqueda de sensaciones o la baja autodirección, la falta de capacidad de dirigir su propia vida, de tener ambiciones, de saber adónde se quiere llegar parece que pueden asociarse con tener mayor riesgo de desarrollar un problema de adicción al juego”, explica Jiménez.

Sin embargo, como indica Secades, “no se ha encontrado ninguna característica de personalidad específica que predisponga a desarrollar este problema. En principio, cualquier tipo de persona podría desarrollar esta adicción dependiendo de las circunstancias a las que se exponga”.

También pueden existir factores biológicos que pueden influir en el juego patológico. “Se han descrito alteraciones en los niveles de neurotrasmisión. Se ha analizado alteraciones eletroencefalográficas. También se ha estudiado la implicación de antecedentes familiares como factor de riesgo en el desarrollo del juego patológico”, explica Jiménez. Pero, actualmente, “los estudios de la literatura científica son estudios sobre polimorfismos genéticos. Se está explorando la implicación de la dopamina en el desarrollo del juego patológico”, matiza.

Además, también se ha estudiado la influencia que poseen las variables sociodemográficas en el desarrollo del juego patológico. Así, entre algunos factores, se ha analizado la edad, el género, el hecho de pertenecer a una minoría étnica, el proceso de socialización, el nivel de estudios y de ingresos, el acceso fácil a los juegos o las oportunidades de juego. Uno de las variables más relevantes son los acontecimientos vitales estresantes. “Es muy frecuente que veamos pacientes que han jugado de forma responsable, social, toda su vida y que al llegar a los sesenta y cinco años, con la jubilación, al tener que readaptar sus vidas a esa nueva situación y disponer de más tiempo libre o no sentirse suficientemente útiles este hecho ha facilitado que empezaran a desarrollar una conducta problemática con el juego”, explica la coordinara de la Unidad de Juego Patológico del Hospital Universitario de Bellvitge.

En cuanto a las diferencias de género, como explica Muñoz, los hombres están más afectados por esta enfermedad, aunque “ya hay muchas mujeres que también dicen padecer dicha problemática”. Y prosigue: “El hecho de que haya más hombres puede ser debido a que, tradicionalmente, en muchos lugares, tienen mucha cercanía con el manejo del dinero”. Asimismo, el psicólogo también apunta que los hombres parecen estar más dispuestos a asumir riesgos. Igualmente, se ha de tener en cuenta la estigmatización que pueden padecer las mujeres por esta enfermedad, en muchos casos, mayor que la que pueden padecer los hombres. Este hecho también puede implicar que, aunque haya más mujeres afectadas por esta patología, no lleguen a los centros de recuperación. Asimismo, Jiménez apunta que las mujeres, sobre todo jóvenes, parecen tener muy poco interés por el juego. La edad de inicio del juego suele ser entre los 18 y los 20 años en hombres y “la motivación que les lleva a hacerlo es el riesgo, la posibilidad de ganar un gran premio, aspectos más relacionados con la excitación que produce el juego. En el caso de las mujeres, nunca es así. Hay muy pocas jugadores jóvenes. Lo habitual es que empiecen a partir de los 35-40 años y casi siempre lo hacen para regular o escapar de estados emocionales y no por el riesgo, la excitación o por ganar un premio”, comenta Jiménez. Igualmente, los hombres tardan entre cinco y siete años en desarrollar síntomas importantes de adicción al juego mientras que las mujeres, en uno o dos años, ya han desarrollado todos los síntomas del trastorno.

Otro factor social relevante en el juego patológico “es el interés de compartir actividad de diversión con amigos, sentir el deseo de ganar y ser reconocido por ello (evidenciando una supuesta habilidad)”, explica Muñoz. Así, sería necesario distinguir entre jugador patológico y jugador social. Como indica Emilio Sánchez Hervas de la Unidad de Conductas Adictivas (UCA) de Catarroja, “los jugadores sociales son gente que a veces juega a determinados juegos de azar, pero formando parte de la cultura del lugar. En España, por ejemplo, se juega habitualmente a las quinielas de fútbol o a los cupones de la ONCE. Juega de forma no problemática. Los jugadores patológicos son los que juegan de una forma compulsiva y ese juego les produce problemas en su sistema de vida”. Así, como indica Secades, el factor que diferencia a uno de otro es el control o la carencia de éste y la presencia de problemas asociados al juego. Un tercer tipo de jugador sería el profesional que convierte el juego en su forma de ganarse la vida y puede participar, por ejemplo, en competiciones de póker.

Asimismo, la familia también es un factor relevante, ya que, como indica Jiménez, “parece que exposiciones tempranas al juego, en un ambiente familiar de juego, influyen en un mayor riesgo a desarrollar un trastorno de adicción al juego”. Igualmente, ésta también juega un papel significativo en la recuperación del sujeto.

Además, la sociedad y la cultura en la que nace el individuo también ejercen su influencia en él. Así, el hecho de vivir en la sociedad occidental, hedonista y que busca conseguir recompensas de manera fácil también puede influir en el desarrollo de esta patología. No obstante, como explica Secades, esta influencia es posible “aunque difícil de probar de forma experimental. Pero ciertamente, el juego (como otras adicciones) se define esencialmente por proporcionar recompensas a corto plazo, a pesar de que a medio o largo plazo traiga inconvenientes y problemas. Es cierto que esta característica encaja muy bien con determinados valores de la sociedad actual y es posible que debido a esto el juego patológico pueda estar incrementándose”.

Sesgos cognitivos

También influye en el desarrollo del juego patológico los estilos cognitivos que pueda poseer el individuo. Se trata de “estilos cognitivos con tendencia a la fantasía, a la ilusión de control, de pensar que se tiene una habilidad especial para ser ganador, para anticiparse a cuándo va a salir un premio, aunque hay juegos que tampoco tienen un componente de habilidad o de estrategia”, explica Jiménez.

A diferencia de otras adicciones, el juego patológico se caracteriza también porque los enfermos presentan más sesgos cognitivos. Como explica Secades, “las leyes del azar, que son las que “regulan” el juego, escapan del conocimiento y del control del jugador. Por este motivo, en la medida en que la adicción progresa, el jugador elabora unos sesgos cognitivos (creencias irracionales) que supuestamente controlan el resultado del juego. Es decir, el jugador puede llegar a creer que el juego no se regula por las leyes del azar sino por determinadas habilidades o capacidades individuales”. Pero Secades también apunta a que los sesgos cognitivos no sólo son creados por los jugadores patológicos, sino que las personas no adictas también los generan, por ejemplo, cuando creen que el número de la lotería coincidirá con una fecha importante.

Igualmente, el estado afectivo también influye en el jugador patológico. Éste puede presentar ansiedad y depresión como consecuencia de su trastorno. En algunos casos, también pueden existir intentos autolíticos. Aunque, como señala Jiménez, también hay un subgrupo de pacientes donde esas variables de ansiedad, de tristeza, de insatisfacción con sus vidas precede al trastorno de ludopatía y “utilizan el juego como una especie de antidepresivo para regular sus estados de emocionales”.

La ludopatía o juego patológico es un trastorno del control de los impulsos incluido por primera vez en 1980 en el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales DSM-III de la Asociación Psiquiátrica Americana. Se considera que esta enfermedad es un trastorno del control de los impulsos “porque la característica principal que la define es que la persona afectada pierde el control o tiene una gran dificultad para controlar el impulso o el deseo de llevar a cabo una conducta que es potencialmente perjudicial, sobre todo a largo plazo”, señala Roberto Secades, experto en conductas adictivas y profesor titular del Departamento de Psicología de la Universidad de Oviedo

En España el juego se legalizó en 1977 a la luz de las nuevas libertades conquistadas con la democracia. Asimismo, en 1981, se legalizaron las máquinas tragaperras, el juego considerado como más adictivo hasta la fecha. Y precisamente este hecho produjo un incremento de número de jugadores y de ludópatas en este país. “Se ha visto que la accesibilidad y/o la disponibilidad de los objetos que pueden provocar las adicciones (por ejemplo, el alcohol u otras drogas) juegan un papel fundamental sobre todo para el inicio de este tipo de conductas. Las medidas y restricciones legales tratan de reducir dicha disponibilidad, reduciendo así la posibilidad de que las personas usen drogas o jueguen”, explica Secades.

Pero ¿cómo puede producir adicción el juego si no se introduce ninguna sustancia en el cuerpo? Como indica Susana Jiménez, coordinadora de la Unidad de Juego Patológico del Hospital Universitario de Bellvitge, “existen muchas conductas que potencialmente pueden ser adictivas. Tanto en el juego como en las compras como en las nuevas tecnologías podemos identificar un patrón conductual, emocional y cognitivo muy similar al que se observa en pacientes que padecen adicciones a sustancias”. Igualmente, como indica la psicóloga y terapeuta familiar Ana Domínguez, el enfermopresenta sintomatología de abstinencia en cuanto no realiza la conducta de juego, que remite al realizar la misma”.

Si se comparan los criterios diagnósticos empleados por los profesionales para saber si el sujeto padece un trastorno o no, se encuentran muchas similitudes entre el juego patológico y la adicción a una sustancia. “Los criterios del juego patológico casi son calcados a los criterios que se utilizan en adicciones a sustancias. La diferencia es la recuperación de las pérdidas, ya que este efecto en la adicción a sustancias no está y en el juego patológico sí. Así, el jugador juega, a partir de un determinado momento de su trastorno para intentar recuperar las pérdidas. No lo consigue y agrava más su problema”, señala Jiménez. Igualmente, como apunta Domínguez, otra diferencia es que, al no existir una adicción a una sustancia, el sujeto no presenta una dependencia física a la misma. Se cambia la sustancia por el comportamiento problemático, aunque los procesos sean muy similares. Además, la ludopatía presenta una particularidad específica. “El juego en sí mismo no está mál visto, y normalmente tarda más en descubrirse el problema que cuando es un consumo de algo”.

 

Factores relacionados con la ludopatía

El juego que posee mayor poder adictivo son las máquinas tragaperras o máquinas tipo B (las máquinas tipo A se limitan a conceder al usuario un tiempo de juego a cambio de dinero, pero no proporcionan ninguna ganancia dineraria o de otra clase y las máquinas tipo C ofrecen al usuario un tiempo de juego a cambio del precio de la partida y existe la posibilidad de que eventualmente proporcionen un premio que dependerá del azar). Como indica Domínguez, son muchas las variables que intervienen en que ello sea así. Entre otras nos podemos encontrar la pequeña cuantía de la apuesta, el poder de la atracción de la música, colores, sonido, etc., así como su fácil acceso a ellas”.

Pero independientemente de las características del juego, existen factores personales, psicológicos y sociales que influyen en el individuo. Desde el punto de vista cognitivo-comportamental, pueden considerarse como posibles disposiciones al desarrollo de la dependencia la presencia de creencias en supersticiones, las creencias irracionales en los resultados del juego, creencias en las habilidades personales frente al azar, la creencia muy frecuente de que pronto se recupera el dinero apostado previamente, la idea de ser premiado más adelante por la persistencia en el jugar”, señala Yaromir Muñoz, psicólogo de la Universidad Eafit, en Colombia. “Cuando se presentan niveles de compromiso neuropsicológico hay que tener presente que el apostar dinero es una actividad excitante que comporta riesgo, el riesgo asumido para ganar, y como bien es sabido, la oferta de juegos de suerte y de azar esta catalogada en el tema de diversión y recreación”, comenta Muñoz. Las personas buscan la diversión. Esto provoca excitación, algo que puede generar adrenalina “con lo cual los individuos pueden llegar a sentir una necesidad de aumentar significativamente el tiempo y la cantidad apostada para obtener la dosis de excitación buscada; esto puede darse por el desgaste necesario de las actividades placenteras y el deseo de incrementar o redoblar la cantidad de tiempo y dinero invertido”, explica Muñoz. De esta manera, se prepara el terreno para una posible pérdida del control del comportamiento.

Igualmente, otro aspecto que apunta Muñoz es la disposición que posea el sujeto para controlar su tiempo de juego “bajo una racionalidad económica”. Se espera que el individuo logre planear cuánto quiere apostar y en cuánto tiempo independiente de si gana o no”, matiza Muñoz. Asimismo, el psicólogo también señala que otro factor que influye en el juego es el sitio donde se juega. “Los casinos y casas de juego tienen una ambientación que dificulta enormemente que los sujetos logren un adecuado manejo del tiempo, esto quiere decir que no son visibles los relojes, no hay ventanas que permitan observar el cambio del día a la noche y con ello el sujeto pierde fácilmente la noción del tiempo”, explica Muñoz.

Además, pueden existir otros factores psicológicos relacionados con el juego patológico. “La impulsividad, la búsqueda de sensaciones o la baja autodirección, la falta de capacidad de dirigir su propia vida, de tener ambiciones, de saber adónde se quiere llegar parece que pueden asociarse con tener mayor riesgo de desarrollar un problema de adicción al juego”, explica Jiménez.

Sin embargo, como indica Secades, “no se ha encontrado ninguna característica de personalidad específica que predisponga a desarrollar este problema. En principio, cualquier tipo de persona podría desarrollar esta adicción dependiendo de las circunstancias a las que se exponga”.

También pueden existir factores biológicos que pueden influir en el juego patológico. “Se han descrito alteraciones en los niveles de neurotrasmisión. Se ha analizado alteraciones eletroencefalográficas. También se ha estudiado la implicación de antecedentes familiares como factor de riesgo en el desarrollo del juego patológico”, explica Jiménez. Pero, actualmente, “los estudios de la literatura científica son estudios sobre polimorfismos genéticos. Se está explorando la implicación de la dopamina en el desarrollo del juego patológico”, matiza.

Además, también se ha estudiado la influencia que poseen las variables sociodemográficas en el desarrollo del juego patológico. Así, entre algunos factores, se ha analizado la edad, el género, el hecho de pertenecer a una minoría étnica, el proceso de socialización, el nivel de estudios y de ingresos, el acceso fácil a los juegos o las oportunidades de juego. Uno de las variables más relevantes son los acontecimientos vitales estresantes. “Es muy frecuente que veamos pacientes que han jugado de forma responsable, social, toda su vida y que al llegar a los sesenta y cinco años, con la jubilación, al tener que readaptar sus vidas a esa nueva situación y disponer de más tiempo libre o no sentirse suficientemente útiles este hecho ha facilitado que empezaran a desarrollar una conducta problemática con el juego”, explica la coordinara de la Unidad de Juego Patológico del Hospital Universitario de Bellvitge.

En cuanto a las diferencias de género, como explica Muñoz, los hombres están más afectados por esta enfermedad, aunque “ya hay muchas mujeres que también dicen padecer dicha problemática”. Y prosigue: “El hecho de que haya más hombres puede ser debido a que, tradicionalmente, en muchos lugares, tienen mucha cercanía con el manejo del dinero”. Asimismo, el psicólogo también apunta que los hombres parecen estar más dispuestos a asumir riesgos. Igualmente, se ha de tener en cuenta la estigmatización que pueden padecer las mujeres por esta enfermedad, en muchos casos, mayor que la que pueden padecer los hombres. Este hecho también puede implicar que, aunque haya más mujeres afectadas por esta patología, no lleguen a los centros de recuperación. Asimismo, Jiménez apunta que las mujeres, sobre todo jóvenes, parecen tener muy poco interés por el juego. La edad de inicio del juego suele ser entre los 18 y los 20 años en hombres y “la motivación que les lleva a hacerlo es el riesgo, la posibilidad de ganar un gran premio, aspectos más relacionados con la excitación que produce el juego. En el caso de las mujeres, nunca es así. Hay muy pocas jugadores jóvenes. Lo habitual es que empiecen a partir de los 35-40 años y casi siempre lo hacen para regular o escapar de estados emocionales y no por el riesgo, la excitación o por ganar un premio”, comenta Jiménez. Igualmente, los hombres tardan entre cinco y siete años en desarrollar síntomas importantes de adicción al juego mientras que las mujeres, en uno o dos años, ya han desarrollado todos los síntomas del trastorno.

Otro factor social relevante en el juego patológico “es el interés de compartir actividad de diversión con amigos, sentir el deseo de ganar y ser reconocido por ello (evidenciando una supuesta habilidad)”, explica Muñoz. Así, sería necesario distinguir entre jugador patológico y jugador social. Como indica Emilio Sánchez Hervas de la Unidad de Conductas Adictivas (UCA) de Catarroja, “los jugadores sociales son gente que a veces juega a determinados juegos de azar, pero formando parte de la cultura del lugar. En España, por ejemplo, se juega habitualmente a las quinielas de fútbol o a los cupones de la ONCE. Juega de forma no problemática. Los jugadores patológicos son los que juegan de una forma compulsiva y ese juego les produce problemas en su sistema de vida”. Así, como indica Secades, el factor que diferencia a uno de otro es el control o la carencia de éste y la presencia de problemas asociados al juego. Un tercer tipo de jugador sería el profesional que convierte el juego en su forma de ganarse la vida y puede participar, por ejemplo, en competiciones de póker.

Asimismo, la familia también es un factor relevante, ya que, como indica Jiménez, “parece que exposiciones tempranas al juego, en un ambiente familiar de juego, influyen en un mayor riesgo a desarrollar un trastorno de adicción al juego”. Igualmente, ésta también juega un papel significativo en la recuperación del sujeto.

Además, la sociedad y la cultura en la que nace el individuo también ejercen su influencia en él. Así, el hecho de vivir en la sociedad occidental, hedonista y que busca conseguir recompensas de manera fácil también puede influir en el desarrollo de esta patología. No obstante, como explica Secades, esta influencia es posible “aunque difícil de probar de forma experimental. Pero ciertamente, el juego (como otras adicciones) se define esencialmente por proporcionar recompensas a corto plazo, a pesar de que a medio o largo plazo traiga inconvenientes y problemas. Es cierto que esta característica encaja muy bien con determinados valores de la sociedad actual y es posible que debido a esto el juego patológico pueda estar incrementándose”.

Sesgos cognitivos

También influye en el desarrollo del juego patológico los estilos cognitivos que pueda poseer el individuo. Se trata de “estilos cognitivos con tendencia a la fantasía, a la ilusión de control, de pensar que se tiene una habilidad especial para ser ganador, para anticiparse a cuándo va a salir un premio, aunque hay juegos que tampoco tienen un componente de habilidad o de estrategia”, explica Jiménez.

A diferencia de otras adicciones, el juego patológico se caracteriza también porque los enfermos presentan más sesgos cognitivos. Como explica Secades, “las leyes del azar, que son las que “regulan” el juego, escapan del conocimiento y del control del jugador. Por este motivo, en la medida en que la adicción progresa, el jugador elabora unos sesgos cognitivos (creencias irracionales) que supuestamente controlan el resultado del juego. Es decir, el jugador puede llegar a creer que el juego no se regula por las leyes del azar sino por determinadas habilidades o capacidades individuales”. Pero Secades también apunta a que los sesgos cognitivos no sólo son creados por los jugadores patológicos, sino que las personas no adictas también los generan, por ejemplo, cuando creen que el número de la lotería coincidirá con una fecha importante.

Igualmente, el estado afectivo también influye en el jugador patológico. Éste puede presentar ansiedad y depresión como consecuencia de su trastorno. En algunos casos, también pueden existir intentos autolíticos. Aunque, como señala Jiménez, también hay un subgrupo de pacientes donde esas variables de ansiedad, de tristeza, de insatisfacción con sus vidas precede al trastorno de ludopatía y “utilizan el juego como una especie de antidepresivo para regular sus estados de emocionales”.

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