Testimonio de Jesús, miembro de Alcohólicos Anónimos

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Hola me llamo Jesús y hoy no he bebido. Le cuento mi experiencia por si mi testimonio le ayuda a alguien. Eso sería para mí una gran satisfacción. Nazco en 1962 en una familia de nivel medio alto en aquellos años y nazco cuando mi madre tenía 44 años. Lo que en aquel entonces era un peligro. Mi hermano era el hijo único. Tenía 10 años cuando yo nazco y recuerdo mi infancia como un niño débil, miedoso y mimado porque lo tenía todo. También debido a mi debilidad y miedo mis amigos del colegio, de juegos de aquel entonces; algunas veces se reían de mí y otras se aprovechaban de mí. A veces me bajaban los pantalones lo que hacía se acentuaran mis miedos, mi debilidad.

Recuerdo que era zurdo y en aquel entonces estaba mal visto y mi madre me obligaba a escribir con la derecha atándome la mano izquierda. Era buen estudiante, entonces no había asociación de padres ni nada de eso, estudie en un colegio público y a los 12 años tropiezo con una bebida que en aquel entonces mandaba para los niños débiles (‘no sé qué’ San Clemente) y me bebo un litro y medio, cogiendo mi primer coma etílico con 12 años. Pero yo me daba cuenta de que aquello me hacía perder mis miedos y perder mis debilidades, me hacía ser más valiente.

A la semana o por ahí recuerdo que me salto una clase, hago novillos y nos vamos 3 o 4 y nos compramos 3 litros de cerveza y un paquete de tabaco, nos ponemos a fumar y a beber, cojo mi primera gran borrachera. Me daba cuenta que efectivamente me hacía más perder mis miedos y debilidades y me hacía ser más fuerte, más valiente, más mayor.

A los 14 años sufro mi segundo coma etílico mezclado con marihuana, entonces se empezaba a conocer la marihuana y me daba cuenta de que cuando los demás se fumaban 6 o 7 porros yo tenía que seguir fumando y seguir bebiendo. Así perdía mis miedos y me hacía sentir más hombre. Sigo para adelante y recuerdo que con 14 años mi madre me lleva al primer psiquiatra y aquel hombre me manda unas pastillas. No me las tomo, lo engaño, le digo que lo que decía mi madre era mentira, que yo de vez en cuando me bebía alguna cerveza pero que no me emborrachaba. La negación que lleva esta enfermedad. Mi padre empieza a decirme que era un vicioso, que era un degenerado, que era un perdido, que era la vergüenza de la familia porque lo que en un principio era una borrachera cada 2 o 3 meses ya se daba de seguido. El tiempo que me tiraba sin beber, volvía a ser el niño débil e indefenso por eso ya casi bebía todas las semanas, casi todos los fines de semana cogía una borrachera.

A los 15 años me echo mi primera novia. Me tuve que beber dos cubalibres para perder el miedo que tenia de hablar con ella y me dice que sí, que saliéramos, que quería salir conmigo, lo cual celebro y llego a mi casa por la mañana celebrando ‘lo hombre’ que había sido. Lo celebro con una gran borrachera y otro coma etílico. Me ingresan en la planta de psiquiatría en un hospital provincial de la ciudad de donde soy y me tiro ahí 15 días. Vuelvo a salir y el médico que me ve me manda unas gotas que se llaman “Colme”. Y le dicen a mi madre que me las eche ella en la leche por la mañana. Si bebía con “Colme” me darían taquicardias. Los primeros días no bebía pero volvían las debilidades y ya cuando estuve 15 o 20 días si beber con esas gotas ya no aguantaba más porque volvía a ser el niño débil e indefenso y mimado. Me dejé los estudios y mi padre tenía una pequeña granja de cerdos. Me dice mi padre que qué iba a hacer. Y le digo: Pues dedicarme a los cerdos, a la granja, a trabajar.

Ya las borracheras se van acentuando, me junto con gente más mayor que yo. Ya me creía un hombre. La chica con la que salía, de la que hoy todavía me acuerdo me deja por borracho pero yo no reconocía que tenía problemas con la bebida.

A los 18 años me saco el carnet, porque como he dicho, era un chaval mimado. Al mes de tener el carnet aproximadamente, tengo el primer accidente de coche borracho y me peleo con mi padre. Él deja de hablarme porque me decía que era la vergüenza de la familia. Mi hermano me decía que mi ejemplo no era educación para su hijo. Entonces vivíamos en dos casa pegadas del pueblo. Pero yo no reconocía que tenía problemas con la bebida.

Me echo otra novia, vecina de aquí del pueblo. Sus padres y su entorno le dijeron: “Pero ¿dónde vas con el loco ese? Pero empieza a salir conmigo. Me dejo el alcohol por un periodo determinado. Aproximadamente un año y medio, pero entonces vuelven mis miedos, mis debilidades y vuelve el pensamiento que me hace creer que beber es de hombres.

Empiezo a salir con esta chica, la que hoy todavía es mi mujer. Como he dicho, estuve un año y medio sin beber, pero después de ese período vuelvo a beber y lo oculto. Hasta que me echaba un caramelo en la boca cuando llegaba a mi casa para que no lo notara mi madre ni mi padre. Ya no me hablaba ni mi hermano y cuando veía a mi novia me echaba un caramelo, pero cuando la dejaba volvía a beber.

Me caso con 23 años ya echo un desastre y con préstamos bancarios. Ese día me caso borracho. A los 9 meses tengo un hijo y lo celebro con otra gran borrachera, como todo se celebra con alcohol lo celebro con otra gran borrachera. Mi madre se da cuenta que cada vez tenía menos gente a mi alrededor, menos amigos. Si se puede llamar amigos a aquella gente que me utilizaba para beber, no perdón, los utilizaba yo porque era el centro de atención ya que sin alcohol no tenía narices ni humildad para mantener una conversación y siempre buscaba a alguien más débil que yo para beber, para hacer con él lo que yo quisiera. Borrachera tras borrachera, embustes y mentiras.

Un día estaba mi mujer en la playa, un verano en casa de mi hermano y mi cuñada. Yo ya no tenía dinero para beber y mi padre, abuelo de mi hijo mayor, el único que me ha visto borracho, le daba todos los días 100 pesetas y tenía una hucha en la que había 26.000 pesetas de aquellas de entonces. Rompo la hucha con las 26.000 pesetas, me voy otro día al banco y las cambio y pesco una gran borrachera, me las gasto todas. Vuelvo a mi casa y me acuesto borracho, de hecho no puedo ir ni a la granja. Teníamos un obrero, le llamo para decirle que estoy malo. Cuando me despierto digo: “menudo desastre que he hecho, ¿ahora qué?”

Rompo la cerradura de la puerta, cojo la tele y el vídeo, las echo en el coche y las tiro en un vertedero. Llamo a la policía para decir que habían robado en mi casa. A eso me llevó el alcohol, a perder la dignidad como persona. Ya llega un momento en que tengo un accidente de coche con mi hijo detrás, que tenía 2 años. Doy 6 o 7 vueltas de campana, se queda el coche de la misma manera. No veía a mi hijo. Pensaba: “Lo he matado”. Entonces no habían las misma medidas de seguridad que hoy. De pronto lo oigo llorar, para mí fue una gran liberación. Perocuando llego a mi casa mi mujer me dice: “Hasta aquí hemos llegado”. Y nos separamos.

Voy a ver al cura de mi pueblo y me lleva a un psiquiatra. Yo tenía 25 años de edad. Me lleva a un hospital psiquiátrico al que iban ya personas de alcohólicos anónimos. El hombre me manda otra vez el “Colme” y me habla de alcohólicos anónimos por primera vez. Yo le digo que no voy a ir, que no soy un borracho. Alcohólicos anónimos es para los que están en los jardines y lo han perdido todo. Yo no tenía dignidad como persona, pero seguí negando mi enfermedad, mi alcoholismo porque no sabía que era un enfermo. Yo nada más sabía que cada vez que bebía tardara el tiempo que tardara, no podía parar. Pude dormir en la casa de mi madre, pero cuando estaba mi padre no me dejaba entrar. La única persona que me hablaba de mi entorno familiar era mi madre y había dinero para todo menos para darle a mi mujer y mantener al crio. No había para pagar la luz, pero para el alcohol y para mis historias sí. Yo seguía negando que era alcohólico.

No me daba vergüenza que me vieran por la calle borracho porque era de un pueblo pequeño. Aunque decían que estaba loco, que era un borracho, un degenerado y un perdido, que iba a matar a mi padre y a mi madre a disgustos y que si no me daba vergüenza. Con 27 años llego a alcohólicos anónimos forzado, llego porque quería recuperar a mi familia, porque solo podía ver a mi hijo 5 minutos al día, lo que me dejaba mi mujer. Llego a la fuerza a alcohólicos anónimos porque me había convertido en un embustero, en un marrano y en un parasito de la vida, había perdido la dignidad como persona.

Como he dicho, no me daba vergüenza que me vieran en los bares, meado y lleno de mierda.  En  alcohólicos anónimos me dicen que el tiempo no importa, que el pasado esta pasado y el mañana está por venir. Me reciben dos compañeros a parte y me explican lo que es el programa. Aquí no hay jefe, aquí no se obliga a nadie a dejar de beber, esto es voluntario, no se acepta dinero ni contribuciones, es gratuito y si quería dejar de beber el problema no era de ellos, sino que era mío. Me quedo en la reunión, aunque yo no quería dejar de beber. Empieza la experiencia. Uno detrás de otro, cada uno contaba su experiencia y yo me daba cuenta de que todo el  mundo estaba callado. No era como en los bares que hablamos todos a la vez, y me doy cuenta de que aquella gente me hablaba de su pasado y se reía. Yo tenía unas ganas de beber que era demasiado, por no perdonarme mi pasado. Sigo yendo, en principio sigo yendo por tratar de convencer a mi familia porque no se creía que yo iba a dejar de beber. Entonces recuerdo que va pasando el tiempo, sigo yendo a las reuniones y le pregunto a un compañero, al cual aprecio bastante: “¿Cuándo voy a recuperar a mi familia? Llevo aquí viniendo ya un tiempo y nada”. Me pregunta,: “¿Cuánto tiempo llevas bebiendo?” Le digo que llevo bebiendo 15 años y, dice: “¿Cuántas veces les has prometido a tu familia que no lo ibas a hacer más?”. Yo le digo que un montón. Y dice: “¿Ahora que quieres que en 8 meses todo el mundo funcione de acuerdo a tus ideas? Esto tienes que hacerlo por ti, no tienes que hacerlo por recuperar a la familia, ni por recuperar prestigio, ni para recuperar trabajo, ni para recuperar deudas ni para recuperar nada”.

La granja la había destrozado, me la había bebido entera y empiezo ya a darme cuenta de que posiblemente tenga una enfermedad, como me decían aquellas persona y algún médico especializado.

Dejo de beber y un día levanto la mano en una de las reuniones cerradas de alcohólicos anónimos. A esas reuniones asistimos personas de distinta clase social y sexo, allí admitimos que un día tenemos problemas con la bebida. Levanto el dedo y digo: “Me llamo Jesús y soy alcohólico, ese día fue una gran liberación para mí. El saber que no era un vicioso ni un degenerado ni un perdido como me decían toda la calle y mi familia, sino que era un enfermo, que tenía una enfermedad, la cual se puede detener, pero no se puede curar. No porque lo diga yo, yo hablo de mi experiencia, cada uno habla desde su experiencia y, esta es la mía”.

Aquí el programa de alcohólicos está basado en 36 principios, 12 pasos sugeridos para la recuperación del alcoholismo individual, 12 tradiciones para el funcionamiento de los grupos y otros conceptos para el servicio. Me pongo a practicar el programa, admito que soy alcohólico, admito cómo es mi vida, admito que soy un inmaduro, empiezo a practicar los pasos, empiezo a perdonarme mi pasado, empiezo a saber  entender que no era el culpable sino que era el responsable de todo lo que había hecho. Culpable no porque era un enfermo. Al mismo tiempo me doy cuenta de que ya me ducho, que me aseo, que la gente ya no me ve borracho, que dejo de juntarme con la misma gente, que dejo de entrar a los mismo bares, voy empezando a dar la cara y pedir perdón. A dar la cara con los que debía dinero, a dar la cara en el banco, a decir lo que era y que me dieran tiempo, que era lo que me decían en alcohólicos anónimos. Voy evolucionando, recuerdo que, a los 3 años de estar en alcohólicos anónimos, mi mujer me dice de volver. Eso para mí fue una gran alegría. Cuando aún bebía, mi hijo se me tiraba y me daba abrazos, pero tenía la cara triste. Los despertaba por las noches para buscar dinero y volver a irme a beber. Mi mujer, siempre hablo de mi experiencia, podría haberme denunciado por violación. Muchas noches llegaba y tenía unas ganas de sexo, de hacer el amor no, porque eso no se llamaba ni amor ni nada. Yo apestaba a alcohol, a sudor y a mierda. Pero la forzaba y podría haberme denunciado por abusos sexuales. Yo podría haber estado en la cárcel, donde tenemos varios grupos por haber conducido bebido, yo podría haber estado muerto de un accidente de coche que es a lo que lleva el alcohol, pero yo nunca era alcohólico hasta que llegue a alcohólicos anónimos.

Hoy después de años he recuperado a mi familia, tengo dos hijos. Cuando tengo problemas los afronto. Solo por hoy trato de ser feliz, trato de hacer lo mismo que hicieron conmigo que es pasar ese mensaje a aquellas personas que están sufriendo. No es tanta la ayuda que yo pueda dar como la que recibo de aquellas personas que llegan. Y a la vez estoy haciendo lo mismo que hicieron conmigo. Y me mantengo sin beber por un día, porque allí no se hacen promesas, tantas me he hecho yo agarrado al lavabo…Recuerdo cuando después de una gran borrachera me agarre al lavabo o al váter, sentado vomitando y llorando, diciéndome que no lo iba a hacer más. Decía: “Dios mío no lo voy a hacer más. Señor mío ayúdame. Te prometo que si no bebo más, haré la romería (una romería que hay aquí en la ciudad donde vivo). Subo y bajo descalzo y me di cuenta en alcohólicos anónimos que las promesas no valen para nada, que lo único que puedo hacer es tirarme un día sin beber y día a día he contado ya casi 12 mil días sin beber. pero no es fácil. El principio fue muy difícil, nadie me dijo que iba a ser fácil, pero si yo he dejado de beber cualquiera persona puede dejar de beber.

Este es mi testimonio, si le vale a alguien bien y que si no le vale a alcohólicos anónimos y se identifica como alcohólico pues que sigan buscando que el alcoholismo es una enfermedad como he dicho. Lo dice la organización mundial de la salud, no alcohólicos anónimos, es una enfermedad que se puede detener, pero nunca se puede curar.

La enfermedad del alcoholismo es triple: es física, es psíquica y mental.

Y nada, este es mi pequeño testimonio, espero que le valga a alguien, por lo menos a mi contarlo me ha valido.

Muchas gracias.

Y vuelvo a decirlo, si aquella persona que se identifique como alcohólico, no le vale alcohólicos anónimos, como yo he sugerido, no pasa nada, que siga buscando que hay esperanza. El alcoholismo es una enfermedad y, como tal hay que tratarla.

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Mireia Pascual Mollá
Editora de la Revista InDependientes. Además periodista en gabinete de prensa de Socidrogalcohol y CAARFE. Coordinadora de la campaña #RompeElEstigma. Monitora y periodista en GARA Alcoy. Colaboradora de Radio Alcoy, El Gratis y Hoja del Lunes. Miembro del Instituto de Investigación en Drogodependencias de la UMH y secretaria técnica de la publicación Health and Addictions. Miembro de la Asociación de la Prensa de Alicante y la Asociación Nacional de Informadores de Salud.