Sectadependencia; adicción al grupo

manipulador

Se entiende por secta todo grupo liderado de personas que, bajo una apariencia religiosa, cultural o filosófica, entre otras, recurre a técnicas de persuasión y manipulación psicológica para conseguir el control, dominio y sometimiento de sus miembros. La pertenencia a uno de estos grupos no implica necesariamente un problema de “sectadependencia”, de la misma forma que el juego o la toma de alcohol por puro gozo no suponen en todos los casos en una patología adictiva.  Lo que convierte a una persona en adicta (o adepta, en este caso) es la necesidad de vinculación con el grupo y la realización compulsiva de sus rituales como único medio para lograr gratificación personal.

Inicio…¿voluntario?

Cuando una persona empieza a “flirtear” con una secta, suele hacerlo en un momento de crisis vital en el que se encuentra especialmente vulnerable (p. ej. un desamor o la muerte de un ser querido). Seducida por la estética, la cohesión y la doctrina del grupo, que parece responder perfectamente a sus intereses y necesidades, la persona empieza a involucrarse cada vez más con el mismo sin cuestionarse su idoneidad, al menos al principio. Lo que ignora, es que se trata de un plan estratégico y engañoso de captación que va a desembocar en la modificación de sus hábitos, creencias y conductas. Podría decirse que las sectas aprovechan las flaquezas y debilidades de las personas y sociedades para hacer y mantener su negocio. Así, aunque la persona se vincule voluntariamente con uno de estos grupos, lo hace dentro de una espiral de engaño y promesas falsas que la convierte directamente en una víctima.

¿Adicción a qué, exactamente?

Pertenecer a una secta implica la ejecución de rituales que aportan a la persona un bienestar inmediato y le permiten delegar su destino en manos ajenas, liberándola de la ansiedad que supone la responsabilidad sobre los propios actos y decisiones.

El/la adepto/a abandona su vida anterior y construye una nueva junto a personas que, bajo la influencia del líder, le mantienen en la creencia de que sólo a través de su dedicación al grupo podrá conseguir y mantener aquello que ansía; amor, autorrealización, sanación, etc. Se genera entonces, gradual y progresivamente, una fuerte dependencia al mismo que, en suma al miedo y la culpa instaurada (entre otros factores), dificulta la identificación de la relación con el grupo en términos de abuso y su posterior abandono.

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La gravedad de esta adicción, como en cualquier otra, reside en la pérdida de la identidad de la persona y de su propósito vital, así como en el deterioro de sus relaciones sociales y familiares, entre otras consecuencias. En la sectadependencia, además, es frecuente la vinculación de la misma con actos delictivos e inmorales que, camuflados dentro de la doctrina y lejos de reconocerse como un problema, se consideran necesarios para el progreso grupal y personal. Así, a diferencia de otras adicciones en las que la persona previamente conoce los posibles riesgos de una sustancia o conducta, en la dependencia sectaria no sólo  se desconocen estos riesgos, sino que la persona ni siquiera considera que la relación que mantiene con el grupo le esté perjudicando.

Para hacer frente a la desinformación que existe en torno a esta adicción y con un propósito preventivo, desde AIIAP Málaga (Asociación Iberoamericana para la Investigación del Abuso Psicológico), atendemos, asesoramos y orientamos a víctimas de manipulación sectaria y sectadependencia, así como a sus familiares.

Nuestro propósito es dar visibilidad a este problema social que afecta a miles de personas actualmente en nuestro país y ayudar a los/as afectados/as a recuperar su vida.

 Lectura recomendada: “Sectas: cómo funcionan, cómo son sus líderes, efectos destructivos y  cómo combatirlas”, de José Miguel Cuevas Barranquero  y Jesús M. Canto Ortíz (Ediciones Aljibe 2006).
ANA CASTAÑO | PSICÓLOGA FORENSE