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¿Se parecen las ludopatías y las adicciones a drogas? Juego patológico y cerebro

Lea la primera parte de este artículo pinchando aquí.

El mes pasado recordábamos de modo muy general algunos conceptos básicos ligados al juego patológico, con el objetivo de ahondar en este artículo en las bases neurológicas del juego patológico.

Cuando hablamos de bases neurológicas no sólo hablamos de alteraciones en el cerebro como causa del desarrollo del problema, que puede ser, sino también de las alteraciones que se producen como consecuencia de jugar de manera compulsiva, que a su vez se convierten en un factor que mantiene a la persona en esa situación problemática. 

Diversas teorías proponen la intervención de neurotransmisores en la génesis del trastorno por juego patológico, desde la relación entre un déficit en la serotonina y el juego como un trastorno en el control de los impulsos; pasando por la posible relación entre la noradrenalina, el umbral de activación de la persona (arousal) y la búsqueda de sensaciones (como rasgo de personalidad), hasta la ludopatía como un modelo de adicción relacionado con el sistema dopaminérgico, que estaría más cerca de los modelos explicativos de otros fenómenos adictivos.

También hablábamos en los artículos anteriores de la relación entre los factores medioambientales y familiares y un posible riesgo en el desarrollo de un problema de juego.

Incluso la teoría de la herencia genética sigue apareciendo como posible en los ámbitos científicos, basándose entre otros factores en la existencia de antecedentes familiares de problemas de juego.

Desde luego, parece claro que la ludopatía comparte con las adicciones a sustancias los fenómenos de Tolerancia, Dependencia, Craving y Síndrome de Abstinencia.

SEROTONINA

Centrándonos en lo relativo a la alteración en los neurotransmisores, se han encontrado déficits en serotonina, y en sustancias que contribuyen en la secreción de la misma (estas sustancias se llaman “precursores”), al igual que con otras sustancias como el MNDA, la cocaína u otras.

La importancia de la afectación del sistema de la serotonina (serotoninérgico) estriba en su relación con la regulación del estado de ánimo, las emociones, el dolor, el apetito y la regulación de otros sistemas, de modo que si el consumo de drogas o la conducta de juego provocan un incremento en los niveles de serotonina y por tanto, incremento en el estado de ánimo, disminución en la sensación de dolor, etc., tras la desaparición de la droga en el organismo o la ausencia de la conducta de juego, el efecto que se producirá el efecto contrario, con el consabido síndrome de abstinencia.

También guarda una estrecha relación con el control de impulsos.

NORADRENALINA

Del mismo modo, el aumento en los niveles de noradrenalina parece directamente relacionado con la necesidad de buscar sensaciones, con la intensidad y el tipo de apuestas; las personas que presentan problemas de juego patológico parecen necesitar mayores niveles de activación.

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Ilustración Imagen tomada de: www.proyectohombremadrid.org

Otras investigaciones plantean la existencia de un mecanismo de ejecución conductual, es decir, una especie de “resorte” que se activa cuando, una vez instaurado el juego como una conducta habitual, la presencia de estímulos externos (luces y sonidos de la máquina, ver a alguien jugando…) o internos (pensamientos sobre el juego) hace que se dispare el mecanismo y la persona juega de manera prácticamente automática, aunque tenga el firme propósito de no jugar, sin atender a las consecuencias negativas del hecho de jugar, lo que nos recuerda al concepto ya mencionado en el artículo anterior sobre “ceguera del futuro”. La activación del mecanismo produciría una tensión que se aliviaría cuando se produce la conducta de juego. Este mecanismo también se ha estudiado para adicciones relacionadas con sustancias, y también se ha relacionado con alteraciones en el nivel de noradrenalina.

DOPAMINA

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Activación de neuronas del sistema dopaminérgico/ Fuente: www.daylimotion.com

También la hipótesis de un déficit de dopamina, y su relación con el sistema de activación del refuerzo y el placer, se sustenta en los resultados de las investigaciones, que además presentan resultados similares para personas con juego patológico y personas con adicción a cocaína u otras sustancias.

Hay numerosas investigaciones que parecen concluir que el déficit en la dopamina es hereditario y está relacionado con los denominados “factores genéticos” en el 20% de los casos de ludopatía, que según los expertos, puede transmitirse de padres/madres a hijos/hijas.

Así mismo, se habla de un “error de recompensa predictivo”, según el cual se produce una diferencia entre la recompensa esperada y la recibida, debido a las neurona implicadas en el sistema de la dopamina, de modo que la persona que juega sobreestima la probabilidad de éxito de su conducta, lo que le lleva a pensar que obtendrá recompensa (en este caso dinero), cuando en realidad no la obtendrá, o que obtendrá una recompensa mayor de la esperada.

El estudio con neurotransmisores se realiza a través del análisis de los niveles en sangre, en orina o en líquido cefaloraquídeo de sustancias relacionadas con los mismos.

OTROS TRASTORNOS

Los neurotransmisores también se encuentran en la base del desarrollo y/o mantenimiento de trastornos del estado de ánimo, trastornos de personalidad, Déficit de Atención e Hiperactividad, Trastornos de la alimentación…, y al igual que sucede con las drogas (Cocaína, Cannabis, Speed…), en el juego patológico encontramos una elevada prevalencia de los mismos.

DISFUNCIÓN EJECUTIVA

Al igual que en las adicciones “tóxicas”, los/as jugadores/as patológicos presentan una disfunción ejecutiva que afecta a las áreas cerebrales frontales y que implica déficits en atención, toma de decisiones, flexibilidad cognitiva, memoria de trabajo y otros síntomas relacionados con las funciones ejecutivas superiores.

Este hecho lo corroboran no solo los resultados de las personas con trastorno por juego patológico ante test de toma de decisiones, atención u otros, sino también cuando se efectúan test en los que se presentan situaciones asociadas al juego y se realiza una resonancia magnética, o un TAC cerebral, observándose que hay una disminución de las funciones de la corteza frontal del cerebro (implicada como ya hemos dicho en las funciones ejecutivas superiores) así como en estructuras del cerebro implicadas en el sistema de recompensa y/o del placer (núcleo estriado, hipotálamo y otras), y se observa tanto en personas que cumplen criterios de dependencia a sustancia y por lo tanto presentan un trastorno adictivo, como en personas con diagnóstico de juego patológico.

Indudablemente, en las funciones ejecutivas están implicadas el cerebro y los neurotransmisores, pero atendiendo a su estudio, contamos con una herramienta para la observación directa de cómo afectan en la vida diaria el juego o el consumo de drogas.

COMORBILIDAD

Más allá de los neurotransmisores, la relación entre el juego patológico y el consumo de sustancias es muy estrecha. Dependiendo de la investigación, encontramos que desde 2 de cada 10 personas hasta 7 de cada 10 personas que cumplen criterios de ludopatía, cumplen a su vez criterios de dependencia a sustancias.

Del mismo modo, entre 1 de cada 10 y 2 de cada 10 personas que presentan un trastorno adictivo a sustancias, sufren a su vez ludopatía. 

Por tanto, en base a las características psico-sociales, ya mencionadas en artículos anteriores en esta revista, así como en factores biológicos y orgánicos, parecen no existir diferencias en lo relativo al desarrollo y el mantenimiento de laa ludopatía y otro tipo de trastornos adictivos relacionados con las sustancias, más allá del hecho de que una sustancia interfiera o no con el cerebro.

Para saber más:

ADICCIONES Y DOPAMINA

GUÍA BREVE

GUÍA EXTENSA

NIDA I

REVISIÓN SOBRE JUEGO PATOLÓGICO I

REVISIÓN SOBRE JUEGO PATOLÓGICO II

SÍNDROME DISEJECUTIVO I

SÍNDROME DISEJECUTIVO II

VIDEO

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Félix Rueda
Hace 13 años inició su andadura profesional en el ámbito de la prevención e intervención en trastornos adictivos, siempre en el contexto de Proyecto Hombre.Es Licenciado en Psicología por la Universidad de Málaga, Máster en Psicología de la Salud por la Universidad Miguel Hernández, Experto en Drogodependencias por la Universidad Complutense de Madrid, y Técnico en Logopedia por la Consejería de Empleo de la Junta de Andalucía. Así mismo, ha cursado estudios de Filosofía durante 3 años. Actualmente desempeña las funciones de Coordinador de los programas Terapéuticos para adultos, Responsable de Calidad, y a su vez supervisa y coordina uno de los programas de intervención dirigido a personas activas laboralmente que presentan problemas de adicción a Cocaína y/o Alcohol, principalmente, y el programa de reinserción socio-laboral para aquellas personas que han completado un proceso de tratamiento en una Comunidad Terapéutica. Así mismo, es miembro del Observatorio Proyecto Hombre sobre el perfil del drogodependiente, que desarrolla su actividad a nivel nacional. Es profesor invitado (en representación de Proyecto Hombre Alicante) de la Escuela de Formación de la Asociación Proyecto Hombre (Impartiendo la materia: Perfil profesional en Proyecto Hombre, Trabajo y Gestión de Equipos, Potencial Humano del profesional de Proyecto Hombre). Ha participado en numerosas publicaciones, ha sido miembro de la Comisión Nacional de Evaluación de Proyecto Hombre (un Proyecto del Ministerio Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad), hasta su disolución el pasado 2013, y ha intervenido en múltiples foros relacionados con ámbitos afines a los trastornos adictivos. Durante 4 años fue responsable de los programas de prevención indicada para adolescentes y sus familias en Proyecto Hombre Málaga.