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Presentan una propuesta para una ley que regularice el cannabis medicinal, la legalización y el autocultivo

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El Observatorio Europeo del Consumo y el Cultivo del Cannabis, OECC,  ha presentado recientemente una propuesta para una ley que regularice el cannabis medicinal y permita la legalización del autocultivo y el consumo.

Se basan sobre cuatro tesis fundamentales:

  1. Proponen establecer un límite de gramos diarios para el consumo terapéutico
  2. Que la vía para acceder al cannabis sea mediante receta médica
  3. Que se permita el transporte de cannabis en la calle de forma legal para personas enfermas que necesiten hacer uso del mismo
  4. Que se permita el consumo de cannabis cuando su composición de THC sea inferior al 0’2% y contenga más CBD (componente que contrarresta los efectos del THC)

El texto se ha redactado tras reunirse con los distintos partidos políticos (antes de la entrada de VOX en el gobierno) y, la propuesta es respaldada por asociaciones de clubes cannábicos y asociaciones de usuarios.

Sin embargo, los profesionales de las adicciones en general, no parecen estar muy conformes con la propuesta. El texto planteado desde el Observatorio, arranca apoyándose en el 84% de los españoles encuestados por el CIS que afirman estar a favor de la regularización del cannabis medicinal. Manuel Isorna, organizador del II Congreso Internacional sobre Cannabis y sus Derivados, celebrado el pasado mes de noviembre en Catoira opina que “los propios profesionales y sobre todo los medios de comunicación hemos entrado en el juego de la industria trasladando a la opinión pública la idea de que fumarse un “porro recreativo” es inocuo o incluso terapéutico; este término “recreativo” ha generado que se banalice su consumo.”

Isorna opina que “la industria del cannabis siempre ha utilizado como “cabeza de turco” a los movimientos procannabis y han usado el potencial terapéutico como “caballo de Troya” para inocular en la población (y en los políticos principalmente) la idea de que es una sustancia que “cura enfermedades”, desde la esclerosis múltiple, el cáncer, el glaucoma, epilepsia, los trastornos de conducta alimentaria, etc.; ¡en fin, la panacea farmacológica! Este mensaje a pesar de ser falso, a base de repetirlo muchas veces ha ido calando en una parte importante de la sociedad, principalmente en los más jóvenes que han visto como, una vez descubierto lo perjudicial que es el tabaco, han encontrado en el cannabis un buen sustituto y refugio”.

Pero el consumo de cannabis no es inocuo ni bondadoso. “Todo consumo de cannabis genera un “riesgo” proporcional a varios factores (edad, variables personales, frecuencia, cantidad THC,…) pero siempre hay un riesgo con su consumo, incluso cuando el uso es medicinal. Desde la evidencia científica disponible, no existe ninguna duda, de que el consumo de cánnabis y/o sus derivados hachís, marihuana y aceites, entraña graves riesgos para la salud”, afirma con rotundidad el profesional.

La evidencia científica pone de manifiesto que:

  1. Hay un impacto real sobre la salud mental cuando se consume cannabis. Uno de cada 10 consumidores desarrollará una dependencia (el 17% si se inicia en la adolescencia) y trastornos como psicosis o esquizofrenia tienen una relación directa con la cantidad, intensidad y potencia del cannabis consumido.
  2. Las semillas comercializadas en la actualidad presentar mayor concentración de THC que hace años. En los años 80 un porro contenía entre un 3 y un 5% de THC y un 1-2% de Cannabidiol (CBD). En la actualidad un porro contiene alrededor de un 20% de THC y un 0’5% de CBD. (Lea ‘Cannabis con más THC y cerebros en proceso de desarrollo’)
  3. Genera daño cognitivo. Una afectación sobre la memoria, aprendizaje y toma de decisiones.
  4. La evidencia de la aplicación medicinal de alguno de los componentes del cannabis (nunca fumado) es que sus efectos son positivos en: dolor crónico, como antiemético para compensar los efectos secundarios de la quimioterapia, para aumentar el apetito en personas con SIDA y en esclerosis múltiple (para combatir los síntomas de espasticidad muscular que provoca) y en casos muy concretos de epilepsia infantil. Para estas enfermedades se han comercializado los medicamentos: Nabiximol (comercializado como Sativex), Nabilona (Cesamet), dronabinol (Marinol) y epidiolex.

Desde estas tesis científicas, Isorna matiza que “en el año 2015 se han realizado 15.676 admisiones a tratamiento por consumo de cannabis, cifra que, si se regulariza su venta y distribución, aumentará tal y como ha sucedido en el estado de Colorado”. Y rebate la idea de vender las cepas de menor cantidad de THC: “aunque los defensores de su “regularización” indican que solo se venderán las de menor potencia, habrá un mercado ilegal emergente que distribuirá semillas y cannabis con mayor potencia tal y como sucede en Uruguay y Holanda”. También augura un aumento de fracaso escolar y trastornos depresivos y de ansiedad, así como los accidentes de tráfico y accidentes laborales. “A estos daños habrá que añadirle además un aumento de las enfermedades cardiovasculares y respiratorias”, argumenta. En cuanto a las potencialidades del cannabis medicinal, matiza “que nunca debe ser fumado, esa es su forma más dañina y posiblemente carcinógena (sino en forma de aceites, pastillas o espray) y, que su uso como droga/medicamento debe quedar fuera de toda duda, pero siempre bajo receta médica, para las personas que lo necesiten y de venta en farmacia, nunca el autocultivo, ni la venta en tiendas/franquicias, ni en parafarmacias”.

Un breve ejemplo de los efectos de estas políticas “reguladoras” de Colorado se muestran en este informe donde revelan que las tasas de hospitalizaciones relacionados con la marihuana aumentaron de 274 por 100,000 hospitalizaciones en 2000 antes de cualquier legalización de marihuana a 593 por 100,000 hospitalizaciones en 2015 después de dos años de legalización de “marihuana recreativa” . A todo esto, habrá que sumar enfermedades pulmonares, cardíacas, daño cognitivo, etc. que irán emergiendo en la próxima década.

Isorna concluye que “la ‘regularización’ (compare con las políticas que rigen la venta de tabaco y alcohol) no es la solución como defiende la industria y sus acólitos, ya que la muestra de esta “política fracasada” se observa en los índices de prevalencia e incidencia en el consumo de ambas drogas por parte de nuestros adolescentes y jóvenes en este país, siendo de las más altas de Europa a pesar de las leyes vigentes”.  Cree que hay que apostar por modelos que protegen a la salud pública como es el “modelo Islandés”.

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Mireia Pascual Mollá
Editora de la Revista InDependientes. Además periodista en gabinete de prensa de Socidrogalcohol y CAARFE. Coordinadora de la campaña #RompeElEstigma. Monitora y periodista en GARA Alcoy. Colaboradora de Radio Alcoy, El Gratis y Hoja del Lunes. Miembro del Instituto de Investigación en Drogodependencias de la UMH y secretaria técnica de la publicación Health and Addictions. Miembro de la Asociación de la Prensa de Alicante y la Asociación Nacional de Informadores de Salud.