Mi hijo quiere dejar la recuperación a las drogas. ¿Qué hago?

Dr. Francisco Pascual | Vicepresidente de SOCIDROGALCOHOL

No es fácil dar una respuesta concisa a este planteamiento y sin embargo es una de las preguntas más recurrentes en nuestra web.

                Y no es fácil porque hay que hacer un análisis de cada situación en particular y conjugarlo con todas las variables que hacen que una persona tome ciertas decisiones.

Ni que decir tiene que cualquier padre quisiera ver a su hijo bien, y en el caso de caer en una adicción que se sometiese a un tratamiento y este diese siempre resultados positivos, pero desgraciadamente no siempre es así.

                Vamos a sopesar algunos aspectos que pueden ser decisivos.

                acompañarEn primer lugar, no es lo mismo si estamos ante un mayor o menor de edad, ya que en el primer caso la persona es libre de tomar sus propias decisiones aunque estas no sean las más acertadas, en el segundo existe una responsabilidad por parte de los padres que obligarán a la familia a llegar hasta el final. Desde la escolarización obligatoria en caso de menores de 16 años, hasta el acompañamiento terapéutico para todas las edades hasta los 18.

                ¿Hay que tirar la toalla en caso del mayor de edad si no quiere ponerse o seguir en tratamiento? No, esto siempre es lo último, pero en todos los casos hay que poner, establecer normas de convivencia, de conducta que DEBEN hacerse cumplir, siempre. Hay que exigir que para ser cuidado, alimentado, acompañado se cumplan unos mínimos, los cuales se deben ir pautando progresivamente.

                Y ahí entramos en la otra disyuntiva, y es la de valorar si el paciente acude voluntariamente a tratamiento o de forma obligatoria (por ejemplo, sanción administrativa o penal…) Y es que la motivación al tratamiento es muy distinta. Los centros de tratamiento en ocasiones se han convertido en quita-multas o reduce condenas, lo cual no está mal si mientras se trabajan los aspectos relacionados con la adicción y los objetivos de cambio son claros. Y en todos los casos el acompañamiento familiar suele ser muy positivo.

Se debe valorar si el paciente acude voluntariamente a tratamiento o de forma obligatoria 

                Hay que abordar siempre todos los casos con empatía, tanto desde la estructura familiar como  la terapéutica. Pero una cosa es empatizar y la otra consentir. Vuelvo a las normas, siempre se deben exigir y cumplir, en todos los terrenos, si uno cumple recibe respuesta positiva, en caso de no cumplir la exigencia irá en aumento.

                ¿Pero en qué se reduce todo esto? Pues en algo sencillo, trabajar en motivación, acompañar al paciente en el proceso terapéutico, generar ambivalencias, hacer escucha reflexiva, más que imponer, no escuchar o castigar. Debemos procurar, familiares y terapeutas que sea siempre la persona quián tome sus decisiones.  Y lo dicho, le acompañaremos, intentaremos darle argumentos, apoyo, que no se encuentre solo. Pero que decida él. Y que perciba que mientras “marche”            , siempre la familia y los terapeutas estarán ahí, junto a él, no frente a él.

                Y el resto de la familia, debe tomar siempre la misma actitud, todos a una, sin discrepancias ni fisuras. Y es que en ocasiones, la postura del padre y de la madre son diametralmente opuestas y al final la persona adicta se sale con la suya, haciendo que todos se sientan mal. Menos él. Al menos en un principio.

                Y otro riesgo, la codependencia, hay madres, sobre todo madres, que no terminan de ver el problema, que se sienten culpables. ¿Qué he hecho mal? Que además sufren y somatizan, están enfermas de ver a su hijo que consume drogas. Y olvidan que tiene más familia, se olvidan del resto de los hijos, del marido. La codependencia es lo que les mantiene atrapadas e impide salir de un callejón sin salida y hace que todo se vaya rompiendo. Ansiedad, depresión dolor físico, temor, falta de ilusión, despersonalización….

La familia debe tomar siempre la misma actitud, sin discrepancias ni fisuras

                Y es que además, no nos sirven de nada en estos temas, como en muchos otros, los padres excesivamente permisivos, sobreprotectores, esto de entonar pobre “hijo/a”, y aunque haga lo que haga. Se haga daño a sí mismo o a la familia, robe, insulte, maltrate. Cada vez borrón y cuenta nueva. Craso error. Normas, exigencia y apoyo, el resto solo sirve para que tomen la mida y al final terminen abusando más y más.

No olvidemos que en ocasiones el propio paciente intenta hacer un chantaje, fundamentalmente afectivo, para seguir haciendo lo que le dé la gana, si cedemos o permitimos esa postura, el problema, lejos de solucionarse se agravará.

Pero insisto, tirar la toalla, lo último. Aunque a veces hay que saber que antes de que se hunda un barco, hay que salvar al máximo de la tripulación y pasajeros posibles. Y es que la vida para el resto sigue. Con todos a salvo, podremos ayudar mejor a quien se está hundiendo.

Un último consejo, es que la familia se deje orientar por profesionales que entiendan de adicciones, a veces la carga es muy pesada y difícil de llevar, una ayuda siempre viene bien, que orienten y ayudan a entender y tomar decisiones.