Mi familiar no quiere dejar las adicciones, ¿Qué hago?

Que difícil es que se deje ayudar…

En determinadas ocasiones, diríamos que prácticamente de forma mayoritaria, cuando una persona tiene un problema por un trastorno adictivo, tiene un consumo elevado de algún tipo de sustancia, de droga o tiene algún comportamiento sobre el cual ha perdido el control como podría ser en la mala utilización de las nuevas tecnologías o en lo que se denomina juego patológico, suele ser la familia la que pide ayuda, la que intenta ver cómo puede abordar el problema, como pueden disminuir las consecuencias que están produciéndose en el entorno familiar y, sobre todo, en la propia persona que tiene un trastorno adictivo. Y la verdad es que muchas veces el abordaje puede ser un poco complicado.

Hay un viejo aforismo en cuanto al alcoholismo que decía que lo más difícil para tratar a una persona que tiene un problema con el alcohol se asemeja a  comerse un conejo de monte, lo más complicado es cazarlo. Y aquí sucede un poco igual, porque la tendencia, el impulso que tiene la persona que tiene un problema es a negarlo, en primera instancia, a minimizar las consecuencias o incluso a proyectar la culpa hacia los demás. Esto es lo que suele suceder con frecuencia.

Es en ese momento cuando la familia insiste a la persona en el “estás mal”, “debes poner una solución”, “la conducta o el consumo que tienes está trayendo problemas y nos está repercutiendo a todos”, “debes de cambiar”. Sin embargo, la negación, como decíamos, o el rechazo a aceptar una ayuda es lo más frecuente, habría que ver como se podría convencer a esa persona para que… Bueno más que convencer, lo que habría es que analizar de qué forma podríamos trasmitirle que es lo que le está sucediendo y que las cosas que funcionan mal en su vida, son debidas a ese consumo o a esa conducta. Y a partir de ahí, cuando él o ella reconozca que hay una relación entre su malestar y el malestar de su entorno, con su conducta / consumo, le acompañaremos en el tratamiento.

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La familia muchas veces está, vamos a decir, desesperada. Primero porque intentan ayudar, y ayudar a veces se confunde con ceder, con permitir, con dar dinero, con minimizar la importancia del problema. Ayudar a veces se entiende, de forma errónea, con callar, que no se entere nadie, que no trascienda, con tapar, con ocultar. Todo eso siempre son malas soluciones.

Es necesario enfrentarse cara a cara, se tiene que hablar con la persona y trasmitir el malestar que hay en todo el entorno y especialmente entre los padres, la mujer o el marido, los hermanos, los hijos, etc. Es verdad que en ocasiones intentar tensionar la situación lo único que hace es que esta persona rehúya cualquier tipo de ayuda e incremente la negación, con lo cual no siempre las medidas, ni demasiado permisivas ni demasiado coercitivas, nos dan el resultado esperado, aunque lógicamente lo primero, siempre, es intentarlo a través del diálogo.

En caso de que el diálogo, de este enfrentamiento con la propia persona, (no confrontación, que yo diría que es distinto: No hay que apretar tanto a la persona que la ahoguemos y al final pueda rechazar cualquier ayuda, ya que lo interpreta más como un control sobre su vida que como una ayuda, porque esto sería otro error) se haya intentado desde la familia. Que se haya intentado hablar con él o ella, plantearle cualquier tipo de solución, de ayuda, de tenderle la mano, etc. si esto no funciona, hay que recurrir siempre a una ayuda profesional.

¿Y por qué a una ayuda profesional? Porque el profesional puede poner encima de la mesa, de forma objetiva la problemática, puede generar sobre el paciente la ambivalencia, para que la persona se dé cuenta de esa diferencia que hay entre lo que debería hacer y lo que finalmente termina haciendo y, ayudará de alguna forma a reconocer, o  que la persona reconozca cuál es su problema y que pueda pedir solución.

Trabajamos, insistimos, desde hace tiempo desde lo motivacional, solamente la persona que tiene el problema es la que debe y puede tomar la decisión que le permita cambiar esa conducta o ese consumo, por mucho, a veces, que apriete el entorno. El rechazo a recibir ayuda sigue persistiendo, con lo cual la idea es evidenciar, poner delante de esa persona todo la problemática, para que así pueda identificar que lo que a él le está pasando es debido a ese tipo de consumo y a partir de ahí poder ofrecerle soluciones.

Lo normal es que cuando a una persona se le plantee, esté en una fase precontemplativa, es decir, que ni siquiera se haya planteado la necesidad de un ayuda, y que tan siquiera entienda que le está pasando algo debido a su comportamiento. Hay que ir paso a paso, hay que llegar al punto de la contemplación, es decir, de que la persona vaya identificando su problema y que contemple la posibilidad y necesidad de establecer o iniciar algún cambio, para que una vez trabajado todo esto, accedamos a un proceso terapéutico donde, por supuesto, la familia jugará un papel importante en el acompañamiento, en el apoyo y, sobre todo, a la hora de no permitir ciertas conductas que lo único que han hecho es agravar paso a paso el problema.

Ahora bien, si nos ponemos  en la situación de malestar que tiene la familia, vamos a entender que muchas veces la familia sola no va a poder, el sentimiento de fracaso, de desesperación, de no poder llegar allá donde la familia intenta conseguir ese punto de paz, de tranquilidad y de recuperación de la persona, se hace tan largo a veces que el cansancio y el malestar, hace que las actitudes y las soluciones que se quieran tomar no sean siempre las acertadas.

Por lo tanto, vamos a resumir.

Primero, diálogo con la persona, evidenciar cual es el problema, tender la mano.

Y, ante el rechazo y posible fracaso de este, parte más dialogada o primer escalón de acercamiento, recurriremos a un profesional (aunque sea sin la persona que tiene el problema) que nos ayude a hacer entender cuál es el problema y nos guie paso a paso hasta que se pueda, de alguna forma, como hemos dicho antes, cazar al conejo antes de comérnoslo.

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Francisco Pascual Pastor
Es Doctor en medicina por la Universidad Miguel Hernández de Elche y Vicepresidente de la Sociedad Española de Estudios del Alcohol el Alcoholismo y otras Toxicomanías (Socidogalcohol). También posee un máster en Drogodependencia y otros trastornos adictivos por la Universidad Alfonso X El Sabio. Es miembro del consejo de redacción de la revista Salud y Drogas, publicada por el Instituto de Investigación de Drogodependencias (INID) de la Universidad Miguel Hernández. Es profesor y colaborador Honorífico de los departamentos de y de Medicina Clínica en la Facultad de medicina de la Universidad Miguel Hernández. Posee el Diploma de Especialización en Alcoholismo por la Universidad Autónoma de Madrid. Es miembro del comité de redacción de la revista Adicciones publicada por Socidrogalcohol. Asimismo, es asesor de la Confederación Española de Adictos en Rehabilitación y Familiares y miembro del Comité Asesor Científico de la Revista Española de Drogodependencias. El doctor Pascual también es colaborador de investigación del INID. También es miembro del grupo de investigación PREVENGO, member of International Scientific Advisory Committee (ISAC) de la Global Addiction Lisboa 2011, Pisa 2013 y Roma 2014. Además es Vicepresidente del Consejo de Salud del Departamento de Alcoy, Representante Español en EUROCARE por parte de SOCIDROGALCOHOL, autor de artículos y libros de adiciones y conferenciante, coordinador de la UCA de Alcoi y Médico asesor y colaborador del Grupo de Alcohólicos Rehabilitados de Alcoy