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Éxtasis o MDMA IIMDMA o éxtasis II

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Neurotoxicidad y dependencia

La MDMA es una droga de síntesis, lo que significa que “se ha obtenido mediante diversas reacciones químicas realizadas en un laboratorio, a partir de una o varias sustancias iniciales”, comenta José Ricardo Nalda, profesor de Farmacología y Farmacia clínica de la Universidad Miguel Hernández de Elche(UMH). Pero, según Nalda, los efectos adversos de una sustancia no dependen de si es natural o sintética, sino de la propia sustancia. Además, el éxtasis es un derivado de las anfetaminas, pero carece de las propiedades estimulantes que poseen éstas últimas.

Diversos experimentos han tratado de comprobar si la MDMA produce neurotoxicidad. José Carlos Bouso, psicólogo y terapeuta que ha realizado estudios clínicos con MDMA en personas que padecen Trastornos de Estrés Postraumático, comenta que “en general se sabe que la MDMA no mata células nerviosas, sino que inhibe la transformación de 5-HTP observándose una depleción de serotonina en la que no hay marcadores de neurotoxicidad. El caso es que incluso en estudios donde se ha encontrado déficits cognitivos, los consumidores eran consumidores extremos y las puntuaciones, a pesar de ser menores que las de los controles, se encontraban dentro de los baremos normativos para la población general, esto quiere decir que no había déficits”. Sin embargo, como indica Bouso, este tema es muy complejo de determinar y, dependiendo del investigador, se pueden encontrar distintas respuestas.

Así, la doctora Pilar Alejandra Saiz, profesora del área de Psiquiatría de la Universidad de Oviedo, especifica que existen datos de experimentación tanto en animales como en consumidores crónicos de drogas de síntesis que demuestran que esta sustancia produce daño en dos sistemas de neurotrasmisión. “La serotonina es un neurotrasmisor cerebral que está implicado en muchos procesos emocionales: regula el estado de ánimo, está implicado en la regulación de las conductas psicobiológicas como puede ser el comportamiento sexual, el comportamiento alimentario e incluso el sueño. También está implicado en las emociones y en la ansiedad. Lo que se ha encontrado es que las personas que consumen de una forma crónica éxtasis tienen una disminución a nivel general en el cerebro y más concretamente en algunas regiones del cerebro de neurotrasmisión serotoninérgica”, indica. Además, la MDMA también afecta a otro neurotrasmisor como la dopamina que está implicada en la movilidad de las personas (este neurotrasmisor, por ejemplo, funciona de forma deficitaria en enfermedades como el Parkinson). “Estos datos apuntarían a que las personas que consumen éxtasis de una forma continuada tendrían riesgo de desarrollar trastornos neuropsiquiátricos relacionados con deficiencias serotoninérgicas y dopaminérgicas”, continúa Saiz.

No obstante, el sistema nervioso central es muy plástico y aquellas partes que resultan dañadas tienden a ser regeneradas y compensadas. Por ejemplo, el Parkinson el clínicamente relevante cuando se ha perdido un 70-80%  de la dopamina cerebral. De esta forma, como aclara Saiz, puede que los consumidores continuos de éxtasis no hayan tenido aún una pérdida de funcionalidad serotoninérgica o dopaminérgica suficiente para que todavía se hayan visto los efectos de estos consumos. Asimismo, puede que, en las personas que han consumido éxtasis, se dé un envejecimiento cerebral más precoz porque, con el tiempo, el cerebro comienza a ser más deficitario, aunque esto es algo que todavía no se ha corroborado.

 En cuanto a los trastornos psiquiátricos que puede producir la MDMA, relacionados con un consumo agudo o continuado en el tiempo, Saiz comenta que suelen ser trastornos de pánico, depresión, cuadros psicóticos y síntomas psicóticos aislados como, por ejemplo, flashbacks o alucinaciones. Pero, como aclara Saiz, “la repercusión a nivel sociosanitario es escasa. Más que demanda por parte del propio paciente, muchas veces proviene del entorno familiar que está preocupado porque a veces, de forma casual, ha descubierto que puede existir consumos de estas sustancias en los hijos”.

Dependencia

Si la MDMA genera dependencia o no es un tema un tanto controvertido. “Los datos de los que disponemos hacen entender que el éxtasis no es una sustancia adictiva si tenemos en cuenta la tradicional definición de lo que sería sustancia adictiva, es decir, que cuando no se consuma produjera un  síndrome de abstinencia físico. En principio el éxtasis no lo produce”, especifica Saiz. No obstante, prosigue, sí puede producir en determinadas personas cierto grado de adicción psicológica, aunque este tipo de adicción es discutida por muchos autores. Así, es difícil determinar si el consumidor de éxtasis posee una adicción psicológica a la MDMA o a todo el contexto en el que se produce el consumo (salir por la noche, bailar, volver tarde a casa, etc.).

Por su parte, Benjamín Climent, médico internista y responsable de la Unidad de Toxicología Cínica y Desintoxicación Hospitalaria de Valencia, afirma que la MDMA “no genera dependencia y por lo tanto [los consumidores] no suelen acudir a las consultas de drogodependencias. El éxtasis y  otras sustancias recreativas son consumidos muchas veces  en periodos de tiempo determinados (edades jóvenes) con interrupción del consumo con los años, aunque en muchos casos presentando después  problemas con otras sustancias (alcohol y cocaína)”.

Magí Farré, catedrático de Farmacología de la Facultad de Medicinatoleranciaextasis de la Universidad Autónoma de Barcelona y consultor del Institut de Recerca del Hospital del Mar-IMIM explica que el éxtasis “como cualquier droga puede generar dependencia, pero lo que ocurre es que las personas tienen patrones típicos de dependencia temporales pero poco a poco dejan de consumirla y se pasan a otras drogas, por ello no es tan frecuente como cabría pensar”. Cuando se toma muchas veces o muy frecuentemente esta droga, los efectos que busca el consumidor se van reduciendo paulatinamente y al final la deja.

Sin embargo, Francisco López Muñoz, profesor de Farmacología de la Facultad de Ciencias de la Salud  de la Universidad Camilo José Cela y perteneciente al Departamento de Farmacología de la Universidad Alcalá de Henares, indica que “la MDMA, al igual que otras drogas de abuso, como los opiáceos, el alcohol, las anfetaminas o la cocaína, se caracteriza por aumentar las concentraciones extracelulares de dopamina en el núcleo accumbens, elemento clave de los circuitos cerebrales implicados en la adicción. Este hecho podría explicar las propiedades reforzadoras del éxtasis, es decir, su capacidad de inducir fenómenos de dependencia. Por otro lado, se ha descrito como el uso regular y frecuente de la MDMA ocasiona un fenómeno de tolerancia a los efectos buscados del éxtasis”, por lo que se han de consumir cada vez más dosis para obtener los mismos efectos que antes se presentaban al tomar menos cantidad.

A nivel de las Unidades de Conductas Adictivas (UCAS), Saiz afirma que la demanda por problemas relacionados con el consumo de éxtasis es muy baja. De esta manera, con el paso del tiempo, comenta Bouso, los jóvenes que participaban en las fiestas donde se consumía MDMA, ahora “la mayoría son padres de familia, la mayoría, por edad, estarán separados o divorciados, con custodias compartidas y, en fin, las circunstancias propias de la edad, como cualquiera que no hacía la ruta”.

Diversos experimentos han tratado de comprobar si la MDMA produce neurotoxicidad. José Carlos Bouso, psicólogo y terapeuta que ha realizado estudios clínicos con MDMA en personas que padecen Trastornos de Estrés Postraumático, comenta que “en general se sabe que la MDMA no mata células nerviosas, sino que inhibe la transformación de 5-HTP observándose una depleción de serotonina en la que no hay marcadores de neurotoxicidad. El caso es que incluso en estudios donde se ha encontrado déficits cognitivos, los consumidores eran consumidores extremos y las puntuaciones, a pesar de ser menores que las de los controles, se encontraban dentro de los baremos normativos para la población general, esto quiere decir que no había déficits”. Sin embargo, como indica Bouso, este tema es muy complejo de determinar y, dependiendo del investigador, se pueden encontrar distintas respuestas.

Así, la doctora Pilar Alejandra Saiz, profesora del área de Psiquiatría de la Universidad de Oviedo, especifica que existen datos de experimentación tanto en animales como en consumidores crónicos de drogas de síntesis que demuestran que esta sustancia produce daño en dos sistemas de neurotrasmisión. “La serotonina es un neurotrasmisor cerebral que está implicado en muchos procesos emocionales: regula el estado de ánimo, está implicado en la regulación de las conductas psicobiológicas como puede ser el comportamiento sexual, el comportamiento alimentario e incluso el sueño. También está implicado en las emociones y en la ansiedad. Lo que se ha encontrado es que las personas que consumen de una forma crónica éxtasis tienen una disminución a nivel general en el cerebro y más concretamente en algunas regiones del cerebro de neurotrasmisión serotoninérgica”, indica. Además, la MDMA también afecta a otro neurotrasmisor como la dopamina que está implicada en la movilidad de las personas (este neurotrasmisor, por ejemplo, funciona de forma deficitaria en enfermedades como el Parkinson). “Estos datos apuntarían a que las personas que consumen éxtasis de una forma continuada tendrían riesgo de desarrollar trastornos neuropsiquiátricos relacionados con deficiencias serotoninérgicas y dopaminérgicas”, continúa Saiz.

No obstante, el sistema nervioso central es muy plástico y aquellas partes que resultan dañadas tienden a ser regeneradas y compensadas. Por ejemplo, el Parkinson el clínicamente relevante cuando se ha perdido un 70-80%  de la dopamina cerebral. De esta forma, como aclara Saiz, puede que los consumidores continuos de éxtasis no hayan tenido aún una pérdida de funcionalidad serotoninérgica o dopaminérgica suficiente para que todavía se hayan visto los efectos de estos consumos. Asimismo, puede que, en las personas que han consumido éxtasis, se dé un envejecimiento cerebral más precoz porque, con el tiempo, el cerebro comienza a ser más deficitario, aunque esto es algo que todavía no se ha corroborado.

 En cuanto a los trastornos psiquiátricos que puede producir la MDMA, relacionados con un consumo agudo o continuado en el tiempo, Saiz comenta que suelen ser trastornos de pánico, depresión, cuadros psicóticos y síntomas psicóticos aislados como, por ejemplo, flashbacks o alucinaciones. Pero, como aclara Saiz, “la repercusión a nivel sociosanitario es escasa. Más que demanda por parte del propio paciente, muchas veces proviene del entorno familiar que está preocupado porque a veces, de forma casual, ha descubierto que puede existir consumos de estas sustancias en los hijos”.

Dependencia

Si la MDMA genera dependencia o no es un tema un tanto controvertido. “Los datos de los que disponemos hacen entender que el éxtasis no es una sustancia adictiva si tenemos en cuenta la tradicional definición de lo que sería sustancia adictiva, es decir, que cuando no se consuma produjera un  síndrome de abstinencia físico. En principio el éxtasis no lo produce”, especifica Saiz. No obstante, prosigue, sí puede producir en determinadas personas cierto grado de adicción psicológica, aunque este tipo de adicción es discutida por muchos autores. Así, es difícil determinar si el consumidor de éxtasis posee una adicción psicológica a la MDMA o a todo el contexto en el que se produce el consumo (salir por la noche, bailar, volver tarde a casa, etc.).

Por su parte, Benjamín Climent, médico internista y responsable de la Unidad de Toxicología Cínica y Desintoxicación Hospitalaria de Valencia, afirma que la MDMA “no genera dependencia y por lo tanto [los consumidores] no suelen acudir a las consultas de drogodependencias. El éxtasis y  otras sustancias recreativas son consumidos muchas veces  en periodos de tiempo determinados (edades jóvenes) con interrupción del consumo con los años, aunque en muchos casos presentando después  problemas con otras sustancias (alcohol y cocaína)”.

Magí Farré, catedrático de Farmacología de la Facultad de Medicina de la Universidad Autónoma de Barcelona y consultor del Institut de Recerca del Hospital del Mar-IMIM explica que el éxtasis “como cualquier droga puede generar dependencia, pero lo que ocurre es que las personas tienen patrones típicos de dependencia temporales pero poco a poco dejan de consumirla y se pasan a otras drogas, por ello no es tan frecuente como cabría pensar”. Cuando se toma muchas veces o muy frecuentemente esta droga, los efectos que busca el consumidor se van reduciendo paulatinamente y al final la deja.

Sin embargo, Francisco López Muñoz, profesor de Farmacología de la Facultad de Ciencias de la Salud  de la Universidad Camilo José Cela y perteneciente al Departamento de Farmacología de la Universidad Alcalá de Henares, indica que “la MDMA, al igual que otras drogas de abuso, como los opiáceos, el alcohol, las anfetaminas o la cocaína, se caracteriza por aumentar las concentraciones extracelulares de dopamina en el núcleo accumbens, elemento clave de los circuitos cerebrales implicados en la adicción. Este hecho podría explicar las propiedades reforzadoras del éxtasis, es decir, su capacidad de inducir fenómenos de dependencia. Por otro lado, se ha descrito como el uso regular y frecuente de la MDMA ocasiona un fenómeno de tolerancia a los efectos buscados del éxtasis”, por lo que se han de consumir cada vez más dosis para obtener los mismos efectos que antes se presentaban al tomar menos cantidad.

A nivel de las Unidades de Conductas Adictivas (UCAS), Saiz afirma que la demanda por problemas relacionados con el consumo de éxtasis es muy baja. De esta manera, con el paso del tiempo, comenta Bouso, los jóvenes que participaban en las fiestas donde se consumía MDMA, ahora “la mayoría son padres de familia, la mayoría, por edad, estarán separados o divorciados, con custodias compartidas y, en fin, las circunstancias propias de la edad, como cualquiera que no hacía la ruta”.

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