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Lola de Al otro lado de la adicción: “Cuando tu codependencia se manifiesta abiertamente generando un gradual malestar en tu bienestar personal hay que tomar medidas inmediatamente”

Lola forma parte del grupo Al otro lado de adicción, un espacio abierto en la red que pretende trasladar la opinión tanto de los codependientes como de los expertos en el tema de la codependencia para tratar a otras personas que puedan padecer este trastono. Ella misma ha sido codependiente y en esta entrevista nos traslada su propia visión sobre esta enfermedad.

Pregunta: ¿Cómo surge la codependencia? ¿Existe algún factor protector frente a esta patología?

Respuesta: La codependencia es el resultado de un mal aprendizaje respecto de cómo gestionar las emociones y sobre cierto concepto que muchos tenemos, relacionado con dónde radica la felicidad. Ambos elementos están directamente relacionados especialmente cuando hacemos de los demás el centro de nuestro universo, de nuestro bienestar, y no a nosotros mismo. Cuando esta circunstancia la incorporas en tu bagaje emocional y no percibes esa parte en la que tú dejas de ser responsable de ti mismo (de ese bienestar, de esa felicidad de la que hablaba), para dar esa responsabilidad a otros, eres un claro candidato a ser codependiente.

Hay quien dice que esta circunstancia tiene un fuerte componente educacional, desde la base, desde la infancia, y puede ser… pero en realidad cuando uno vive desde pequeño este concepto de gestión de la responsabilidad emocional no eres consciente de hasta qué punto esto puede estar condicionando el resto de tu vida… y llega un día en que tu codependencia, en tanto que patrón de vida, se manifiesta abiertamente generando un gradual malestar en tu bienestar personal frente a la vida y es ahí donde hay que tomar medidas inmediatamente.

P: ¿Existen factores predictores de la codependencia?

R: Muy probablemente quien ve tu patrón de conducta emocional desde fuera puede detectar comportamientos que no son sanos ni para uno mismo ni para sus relaciones. Personalmente no tomé conciencia de que tenía un problema en la gestión de mis emociones, primero porque no sabía nada sobre la codependencia, nada consciente quiero decir… y sobre todo, porque es difícil aceptar que a uno pueda pasarle algo así. Y es que la mayor parte de las personas codependientes damos imagen de ser fuertes y de que podemos con todo, y aceptar que no somos lo que creíamos ser, cuesta trabajo.

En este sentido hay una tremenda falta de información sobre la gestión de las emociones y la responsabilidad que uno tiene sobre su propia vida. Confundimos el bienestar con uno mismo con el tener cosas, siempre responsabilizando a lo que viene de fuera de que seamos más o menos felices, pero no con la satisfacción interior… el querernos a nosotros mismos.

El incremento progresivo de un malestar y de conductas que nos encierran sobre nosotros mismos es ya un síntoma de esa codependencia… hay quien vive con ella toda la vida, pero es mejor que alguien te lo haga notar y tú estés receptivo a analizarte y por supuesto, a pedir ayuda, porque una vez metido en la rueda de la codependencia, salir de ella necesita de la mano de profesionales.

 

P: ¿Por qué suele afectar más a las mujeres?

R: No estoy de acuerdo con esta afirmación. La única diferencia es la forma en que las mujeres expresan sus emociones… más abiertas, más habituadas y con menos pudor a la hora de mostrarse tal y como se sienten… eso no las convierte en más número sólo en más visibles.

Aunque parezca mentira, lo peor que le puede pasar al codependiente que no asume la responsabilidad de su enfermedad es que su familiar adicto se recupere.

P: A medida que el adicto se recupera, ¿cómo avanza la codependencia?

R: Esto es muy interesante y dependerá del trabajo que el codependiente esté realizando respecto a su propia recuperación. Un codependiente que no asume su propia enfermedad y ve cómo su enfermo adicto va tomando las riendas de su bienestar no comprende lo que pasa porque en realidad pierde su rol de cuidador, de vigilante, de responsable de todo menos de sí mismo.

Un codependiente se ha habituado a una forma de vivir, ver y expresar la vida en base a su familiar adicto que se convierte en el verdadero centro de su enfermedad, la codependencia. El adicto es la sustancia del codependiente. De hecho que la codependencia, la coadicción, es otra forma de adicción.

Con todo, prefiero diferenciar entre codependencia y coadicción… el codependente puede no depender de otro codependiente. Hay relaciones en las que una de las partes es sana y el sano acaba apartándose del codependiente por mero instinto de supervivencia emocional. En cambio, adicción y coadicción se alimentan mutuamente… y siempre hay un tercero que asume el poder en todos los casos, y me refiero a la sustancia de la que depende el adicto.

La coadicción vive del hecho de la adicción del otro… si no hay adicción y el adicto se recupera –y cuando digo recupera lo digo en el sentido integral y no sólo a ausencia de consumo- el coadicto pierde su razón de ser y todos los patrones de conducta se descolocan a veces hasta el punto de alimentar hábitos que inducen a mantener un comportamiento sostenido de relación codependiente.

Aunque parezca mentira, lo peor que le puede pasar al codependiente que no asume la responsabilidad de su enfermedad es que su familiar adicto se recupere. Claro que es inconsciente, por eso es tan importante una toma de conciencia de que la codependencia también es una enfermedad que merma la calidad de vida de quien la padece y la de los que le rodean… en esto, la educación y la información es clave.

P: ¿Cómo puede el codependiente obstaculizar la recuperación del adicto?

R: La coadicción es un comportamiento que tiene retorno. ¿Cómo? Con frecuencia el adicto utiliza, incluso reclama provocando, el comportamiento del coadicto para justificar su consumo. Con todo, el adicto, cuando decide que va a consumir la sustancia objeto de su adicción, lo decide él… no necesita a nadie ni nada para hacerlo… pero la ausencia de responsabilidad sobre sí mismo hace al adicto, buscar un responsable de un comportamiento que de hecho sabe que no es bueno de entrada, para sí mismo. Digamos que el adicto siempre anda buscando resortes y con frecuencia, el coadicto con su actitud vigilante, sobreprotectora, de ogro… se convierte en ese resorte que el adicto necesita. En ese papel es donde la coadicción se alimenta. La sustancia vive a sus anchas y adicto y coadicto se ven atrapados en una rueda que no cesa de girar si no es por una decisión firme y personal.

Porque adicto y coadicto se recuperarán por decisión propia e individual, de nada sirven las situaciones límite que busca una reacción salvadora. Si alguien quiere seguir estando enfermo en vez de decidir curarse, es una decisión incomprensible, sí, pero en la que nadie puede hacer nada.

P: ¿Qué diferencia existe entre la codependencia y la bidependencia?

R: Hay definiciones generales para estos dos conceptos siempre con algunos matices diferenciales, pero en general creo que se puede decir que un bidependiente añade a su adicción a una sustancia cualquiera, una dependencia relacional. Se trata pues, de una doble dependencia en la que salvo la decisión de seguir consumiendo la sustancia en cuestión, en el resto de sus ámbitos de “acción”, el bidependiente decide instalarse en la pasividad más absoluta con la correspondiente pérdida deliberada de autonomía, dando la responsabilidad de la toma de decisiones a otros hasta deprimir al máximo sus capacidades individuales de voluntad de acción… claro, la primera consecuencia es dar al traste con la autoestima.

La codependencia está considerada en cambio como la dependencia emocional por excelencia. En este caso, emocional es la palabra clave.

El leitmotiv de la codependencia son las emociones, en tanto que en la bidependencia puede no haber lazos afectivos, pero la necesidad de vínculo relacional –no emocional- es una cuestión de supervivencia para mantener su adicción a la sustancia.

En este punto la gran diferencia está en la naturaleza del vínculo que se establece con la otra persona. En todo caso, ambas son consideradas patologías de las relaciones que tienden a reproducirse como patrón relacional y que por tanto necesitan de la intervención de profesionales.

P: ¿Cómo se manifiesta la codependencia en adicciones en las que no intervienen sustancias?

R: Es a propósito de esto que estás planteando que me gusta distinguir entre codependencia y coadicción. Ambas secuencias tienen características comunes, pero también poseen particularidades específicas de ambas situaciones relacionales.

P: ¿Es positivo que los familiares de un adicto pidan ayuda para ellos mismos aunque el adicto no se ponga en tratamiento?

R: Esto es lo ideal. No es responsable ni saludable mantenerse inmersos en una situación sin retorno, sin salida. Es una decisión difícil porque un familiar acabará teniendo que aceptar que no puede hacer nada por quien no quiere hacer algo por sí mismo y eso es muy doloroso. Pero también es difícil reconocer que la causa de tu desvelo es un familiar adicto y que tú no sólo no has podido hacer nada para resolver la situación, sino que además la enfermedad de tu familiar te ha arrastrado a una rueda de emociones que te pueden llevar hasta la desesperación más aniquiladora, hasta la depresión más profunda, a estados de ansiedad y angustia que puedes acabar somatizando hasta límites insospechados… esto sin hablar de la vergüenza, la soledad, del miedo, de la incertidumbre, la impotencia, la frustración… Seguir indefinidamente en este caos emocional, primero no ayudará al enfermo, más bien alimentará su adicción porque no siente que su actitud adictiva tenga realmente ninguna repercusión sobre su decisión de seguir consumiendo que en ese momento, es el único objeto de su existencia. Y, por cierto, ninguna amenaza da resultado.

Por otro lado, la actitud del familiar puede perfectamente posicionarse en estar y ayudar cuando el adicto decida y demuestre que de verdad desea recuperarse por encima de todo y no que una y otra vez se agarre a esta afirmación como una más de sus muletas para mantener a todo aquello que justifica su consumo cerca para una y otra vez recaer en su adicción. Un caos emocional como el que produce vivir junto a un adicto no conduce sino a más caos. Alguien tiene que dar el primer paso y el familiar suele ser el que está en mejor disposición de hacer algo… y hay que hacerlo por doloroso que sea.

“Constantemente perdonas y justificas a tu familiar, pero pocas veces nos perdonamos a nosotros mismos, porque nos hemos acostumbrado a creer que somos SUPER en esta enfermedad”

P: ¿Cómo puede la familia ayudar a un adicto sin que se genere una codependencia?

R: Hay muchas personas que viven o han vivido con un adicto pero tienen sus emociones claras. Lo natural es que demos de lado lo que nos hace daño… si emocionalmente no estás preparado para trasladar una actitud que es natural, entonces tienes que pensar bien porqué sigues ahí. Con todo esto es fácil decirlo y hasta frío, porque lo normal es que haya vínculos afectivos y los vínculos son vínculos que claro, cuesta romper. La mejor manera de ayudar a un adicto y ayudarse uno a sí mismo cuando tiene una situación como esta en casa es primero de todo, ponerse en manos de los profesionales o de grupos de apoyo que lo primero que harán será darte toda la información que necesitas saber sobre las dos enfermedades, adicción y coadicción y después te ayudarán a gestionar el mar de emociones que significa vivir una situación como esta.

P: ¿Cómo es el proceso de recuperación de un codependiente? ¿Puede sufrir recaídas?

R: El proceso de recuperación de un codependiente es lento. Se basa en la máxima sinceridad con uno mismo, en aprender a tomar las riendas de la propia vida y dejar atrás responsabilidades que no son nuestras… se trata de asumir que hemos malinterpretado los sentimientos y que hemos confundido muchos de ellos… y después viene incorporar herramientas para gestionar las emociones, reeducarte y aprender a identificar que rabia e ira no son sinónimos, que amor y necesidad no es lo mismo.

Otra cosa, es aprender a perdonarse uno mismo… constantemente perdonas y justificas a tu familiar, pero pocas veces nos perdonamos a nosotros mismos, porque nos hemos acostumbrado a creer que somos SUPER en esta enfermedad (supermadre o superpadre – superesposa o superesposo, superhijo o superhermana) y no nos permitimos un solo desliz y hay que estar preparados para la recaída que puede llegar. No somos perfectos, somos personas y tenemos derecho a equivocarnos. No quiero decir que constantemente haya que estar pendientes de una posible recaída, hay que vivir el momento, lo que es importante es que recordemos que tenemos ahí nuestra caja de herramientas por si un día fuera necesario utilizarla.

Hay quien dice que esta circunstancia tiene un fuerte componente educacional, desde la base, desde la infancia, y puede ser… pero en realidad cuando uno vive desde pequeño este concepto de gestión de la responsabilidad emocional no eres consciente de hasta qué punto esto puede estar condicionando el resto de tu vida… y llega un día en que tu codependencia, en tanto que patrón de vida, se manifiesta abiertamente generando un gradual malestar en tu bienestar personal frente a la vida y es ahí donde hay que tomar medidas inmediatamente.

P: ¿Existen factores predictores de la codependencia?

R: Muy probablemente quien ve tu patrón de conducta emocional desde fuera puede detectar comportamientos que no son sanos ni para uno mismo ni para sus relaciones. Personalmente no tomé conciencia de que tenía un problema en la gestión de mis emociones, primero porque no sabía nada sobre la codependencia, nada consciente quiero decir… y sobre todo, porque es difícil aceptar que a uno pueda pasarle algo así. Y es que la mayor parte de las personas codependientes damos imagen de ser fuertes y de que podemos con todo, y aceptar que no somos lo que creíamos ser, cuesta trabajo.

En este sentido hay una tremenda falta de información sobre la gestión de las emociones y la responsabilidad que uno tiene sobre su propia vida. Confundimos el bienestar con uno mismo con el tener cosas, siempre responsabilizando a lo que viene de fuera de que seamos más o menos felices, pero no con la satisfacción interior… el querernos a nosotros mismos.

El incremento progresivo de un malestar y de conductas que nos encierran sobre nosotros mismos es ya un síntoma de esa codependencia… hay quien vive con ella toda la vida, pero es mejor que alguien te lo haga notar y tú estés receptivo a analizarte y por supuesto, a pedir ayuda, porque una vez metido en la rueda de la codependencia, salir de ella necesita de la mano de profesionales.

 

P: ¿Por qué suele afectar más a las mujeres?

R: No estoy de acuerdo con esta afirmación. La única diferencia es la forma en que las mujeres expresan sus emociones… más abiertas, más habituadas y con menos pudor a la hora de mostrarse tal y como se sienten… eso no las convierte en más número sólo en más visibles.

Aunque parezca mentira, lo peor que le puede pasar al codependiente que no asume la responsabilidad de su enfermedad es que su familiar adicto se recupere.

P: A medida que el adicto se recupera, ¿cómo avanza la codependencia?

R: Esto es muy interesante y dependerá del trabajo que el codependiente esté realizando respecto a su propia recuperación. Un codependiente que no asume su propia enfermedad y ve cómo su enfermo adicto va tomando las riendas de su bienestar no comprende lo que pasa porque en realidad pierde su rol de cuidador, de vigilante, de responsable de todo menos de sí mismo.

Un codependiente se ha habituado a una forma de vivir, ver y expresar la vida en base a su familiar adicto que se convierte en el verdadero centro de su enfermedad, la codependencia. El adicto es la sustancia del codependiente. De hecho que la codependencia, la coadicción, es otra forma de adicción.

Con todo, prefiero diferenciar entre codependencia y coadicción… el codependente puede no depender de otro codependiente. Hay relaciones en las que una de las partes es sana y el sano acaba apartándose del codependiente por mero instinto de supervivencia emocional. En cambio, adicción y coadicción se alimentan mutuamente… y siempre hay un tercero que asume el poder en todos los casos, y me refiero a la sustancia de la que depende el adicto.

La coadicción vive del hecho de la adicción del otro… si no hay adicción y el adicto se recupera –y cuando digo recupera lo digo en el sentido integral y no sólo a ausencia de consumo- el coadicto pierde su razón de ser y todos los patrones de conducta se descolocan a veces hasta el punto de alimentar hábitos que inducen a mantener un comportamiento sostenido de relación codependiente.

Aunque parezca mentira, lo peor que le puede pasar al codependiente que no asume la responsabilidad de su enfermedad es que su familiar adicto se recupere. Claro que es inconsciente, por eso es tan importante una toma de conciencia de que la codependencia también es una enfermedad que merma la calidad de vida de quien la padece y la de los que le rodean… en esto, la educación y la información es clave.

P: ¿Cómo puede el codependiente obstaculizar la recuperación del adicto?

R: La coadicción es un comportamiento que tiene retorno. ¿Cómo? Con frecuencia el adicto utiliza, incluso reclama provocando, el comportamiento del coadicto para justificar su consumo. Con todo, el adicto, cuando decide que va a consumir la sustancia objeto de su adicción, lo decide él… no necesita a nadie ni nada para hacerlo… pero la ausencia de responsabilidad sobre sí mismo hace al adicto, buscar un responsable de un comportamiento que de hecho sabe que no es bueno de entrada, para sí mismo. Digamos que el adicto siempre anda buscando resortes y con frecuencia, el coadicto con su actitud vigilante, sobreprotectora, de ogro… se convierte en ese resorte que el adicto necesita. En ese papel es donde la coadicción se alimenta. La sustancia vive a sus anchas y adicto y coadicto se ven atrapados en una rueda que no cesa de girar si no es por una decisión firme y personal.

Porque adicto y coadicto se recuperarán por decisión propia e individual, de nada sirven las situaciones límite que busca una reacción salvadora. Si alguien quiere seguir estando enfermo en vez de decidir curarse, es una decisión incomprensible, sí, pero en la que nadie puede hacer nada.

P: ¿Qué diferencia existe entre la codependencia y la bidependencia?

R: Hay definiciones generales para estos dos conceptos siempre con algunos matices diferenciales, pero en general creo que se puede decir que un bidependiente añade a su adicción a una sustancia cualquiera, una dependencia relacional. Se trata pues, de una doble dependencia en la que salvo la decisión de seguir consumiendo la sustancia en cuestión, en el resto de sus ámbitos de “acción”, el bidependiente decide instalarse en la pasividad más absoluta con la correspondiente pérdida deliberada de autonomía, dando la responsabilidad de la toma de decisiones a otros hasta deprimir al máximo sus capacidades individuales de voluntad de acción… claro, la primera consecuencia es dar al traste con la autoestima.

La codependencia está considerada en cambio como la dependencia emocional por excelencia. En este caso, emocional es la palabra clave.

El leitmotiv de la codependencia son las emociones, en tanto que en la bidependencia puede no haber lazos afectivos, pero la necesidad de vínculo relacional –no emocional- es una cuestión de supervivencia para mantener su adicción a la sustancia.

En este punto la gran diferencia está en la naturaleza del vínculo que se establece con la otra persona. En todo caso, ambas son consideradas patologías de las relaciones que tienden a reproducirse como patrón relacional y que por tanto necesitan de la intervención de profesionales.

P: ¿Cómo se manifiesta la codependencia en adicciones en las que no intervienen sustancias?

R: Es a propósito de esto que estás planteando que me gusta distinguir entre codependencia y coadicción. Ambas secuencias tienen características comunes, pero también poseen particularidades específicas de ambas situaciones relacionales.

P: ¿Es positivo que los familiares de un adicto pidan ayuda para ellos mismos aunque el adicto no se ponga en tratamiento?

R: Esto es lo ideal. No es responsable ni saludable mantenerse inmersos en una situación sin retorno, sin salida. Es una decisión difícil porque un familiar acabará teniendo que aceptar que no puede hacer nada por quien no quiere hacer algo por sí mismo y eso es muy doloroso. Pero también es difícil reconocer que la causa de tu desvelo es un familiar adicto y que tú no sólo no has podido hacer nada para resolver la situación, sino que además la enfermedad de tu familiar te ha arrastrado a una rueda de emociones que te pueden llevar hasta la desesperación más aniquiladora, hasta la depresión más profunda, a estados de ansiedad y angustia que puedes acabar somatizando hasta límites insospechados… esto sin hablar de la vergüenza, la soledad, del miedo, de la incertidumbre, la impotencia, la frustración… Seguir indefinidamente en este caos emocional, primero no ayudará al enfermo, más bien alimentará su adicción porque no siente que su actitud adictiva tenga realmente ninguna repercusión sobre su decisión de seguir consumiendo que en ese momento, es el único objeto de su existencia. Y, por cierto, ninguna amenaza da resultado.

Por otro lado, la actitud del familiar puede perfectamente posicionarse en estar y ayudar cuando el adicto decida y demuestre que de verdad desea recuperarse por encima de todo y no que una y otra vez se agarre a esta afirmación como una más de sus muletas para mantener a todo aquello que justifica su consumo cerca para una y otra vez recaer en su adicción. Un caos emocional como el que produce vivir junto a un adicto no conduce sino a más caos. Alguien tiene que dar el primer paso y el familiar suele ser el que está en mejor disposición de hacer algo… y hay que hacerlo por doloroso que sea.

“Constantemente perdonas y justificas a tu familiar, pero pocas veces nos perdonamos a nosotros mismos, porque nos hemos acostumbrado a creer que somos SUPER en esta enfermedad”

P: ¿Cómo puede la familia ayudar a un adicto sin que se genere una codependencia?

R: Hay muchas personas que viven o han vivido con un adicto pero tienen sus emociones claras. Lo natural es que demos de lado lo que nos hace daño… si emocionalmente no estás preparado para trasladar una actitud que es natural, entonces tienes que pensar bien porqué sigues ahí. Con todo esto es fácil decirlo y hasta frío, porque lo normal es que haya vínculos afectivos y los vínculos son vínculos que claro, cuesta romper. La mejor manera de ayudar a un adicto y ayudarse uno a sí mismo cuando tiene una situación como esta en casa es primero de todo, ponerse en manos de los profesionales o de grupos de apoyo que lo primero que harán será darte toda la información que necesitas saber sobre las dos enfermedades, adicción y coadicción y después te ayudarán a gestionar el mar de emociones que significa vivir una situación como esta.

P: ¿Cómo es el proceso de recuperación de un codependiente? ¿Puede sufrir recaídas?

R: El proceso de recuperación de un codependiente es lento. Se basa en la máxima sinceridad con uno mismo, en aprender a tomar las riendas de la propia vida y dejar atrás responsabilidades que no son nuestras… se trata de asumir que hemos malinterpretado los sentimientos y que hemos confundido muchos de ellos… y después viene incorporar herramientas para gestionar las emociones, reeducarte y aprender a identificar que rabia e ira no son sinónimos, que amor y necesidad no es lo mismo.

Otra cosa, es aprender a perdonarse uno mismo… constantemente perdonas y justificas a tu familiar, pero pocas veces nos perdonamos a nosotros mismos, porque nos hemos acostumbrado a creer que somos SUPER en esta enfermedad (supermadre o superpadre – superesposa o superesposo, superhijo o superhermana) y no nos permitimos un solo desliz y hay que estar preparados para la recaída que puede llegar. No somos perfectos, somos personas y tenemos derecho a equivocarnos. No quiero decir que constantemente haya que estar pendientes de una posible recaída, hay que vivir el momento, lo que es importante es que recordemos que tenemos ahí nuestra caja de herramientas por si un día fuera necesario utilizarla.

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