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Las sombrillas son para el verano. Prevención de recaídas en época estival

vinŽjulio19

Las sombrillas son para protegerse en verano, no para ocultarse.

Cuando llegan las primeras señales del verano, en todos los medios de comunicación aparecen noticias relativas al cuidado de nuestra piel y el perjuicio que podemos sufrir si no nos protegemos adecuadamente de los rayos solares.

En esas recomendaciones nos aconsejan que utilicemos el protector solar más adecuado en función de cada tipo de piel, y es que, aunque sea una obviedad, las pieles no son todas iguales, así que, cada una de ellas necesitará de un factor de protección distinto.

Por mi parte, al final del artículo os dejaré una recomendación y un factor de protección que nunca falla, pero, de momento, no tengáis prisa, y, por favor, seguid leyendo.

Con este inicio estoy convencido que ya habéis adivinado que quiero decir con “cada tipo de piel”, y no es otro que la temporalidad que llevéis en abstinencia o sobriedad (como veis, me dirijo a vosotras y vosotros, si, a todas y todos, que habéis iniciado vuestra recuperación o lleváis años disfrutando de ella). Porque, que unas pieles estén más curtidas que otras no significan que las que estén más experimentadas deban descuidarse. La responsabilidad del autocuidado es la misma para todos.

Comprendo perfectamente que, a los iniciados, con el calor, los pensamientos les broten de muchas formas distintas, y que estos pensamientos suden por todos los poros de su piel. Con toda probabilidad, también, su garganta quiera hacer “surf” y aprovechar una ola para deslizarse por su espuma. Pero, entonces, deberán recordar que al final de ese “viaje” no existirá una orilla que los recoja, sino que irremediablemente se estrellarán donde anteriormente siempre lo hizo tantas veces, y es en las paredes afiladas de un acantilado o al final de un precipicio.

A los más curtidos, solo quiero recomendarles que tengan en cuenta su tiempo en sobriedad, y que éste no les traicione jugándoles una mala pasada pensando que ya están “preparados”, que, “por una, no pasa nada”. Ya conocéis el dicho… “una es mucho y mil son pocas”. Y recordad, una recaída no asegura la vuelta, la vuelta a la senda de la recuperación.

Esto que os comento no es un juego, ni es una metáfora, os hablo -te hablo- de una enfermedad, una enfermedad que mata lentamente. Que no solo destruye a aquel que la consume, sino a todas las personas que le rodean, que son indefectiblemente aquellas personas a las que más queréis.

Porque… ¿sabéis que significa “probarse”? Os lo explico con otra metáfora. Es como aquel estudiante que deja aparcada voluntariamente y sin ningún tipo de justificación un examen para septiembre. Pues, salvando las distancias, aquel que decida probarse en verano es posible que pase septiembre y no vea la hora de “matricularse” de nuevo. Y es que no hablamos de una asignatura cualquiera, sino de una enfermedad, hablamos, en definitiva, de la asignatura más importante que existe, y no es otra que la de vuestra vida.

Llegado a este punto del artículo y para todas y todos los que estéis en proceso de recuperación, quizás os digáis…, que las recaídas pueden ocurrir en este proceso, y que esto no significa que la persona no pueda nuevamente iniciar su recuperación. Y, os doy la razón, por eso, precisamente, antes de que ocurra existen una serie de recomendaciones. Y también, porque existen las recaídas, la Ciencia y los profesionales de la salud contemplamos cómo ayudar a las personas a las que les ocurre.

Pero… ¿Cuál es la diferencia entre conocer esa información y una “recaída” ?, pues que no es válido utilizar ese conocimiento a modo de excusa para probarse en verano o en cualquier otra época del año. Por eso, como veis, he puesto la palabra recaída entre comillas. Esa es la gran diferencia entre una y otra. Y… ¿quién puede distinguirla?, pues el más importante de todos, tú, vosotras y vosotros, y sobre todo la conciencia que es más poderosa que todos, y como digo siempre, ella hace muy bien su trabajo. A este tipo de recaídas, y a algunas otras más “conscientes”, se le llama autoengaño.

Ahora quiero dirigirme muy especialmente a los jóvenes. Quizás sintáis que, por momentos, la vida se ha quedado sin música, y no es cierto. Se trata de escucharla con personas y en ocios saludables donde la sustancia no sea la protagonista. Son épocas de fiestas y celebraciones multitudinarias, pero estas, ya os aconsejo, no son apropiadas. Frente a esto, buscad hobbies y aficiones saludables con tus compañeros o familiares rodeándote de un entorno seguro. La prudencia y tu vida están en juego. Si seguís estos consejos, ya descubriréis más adelante la sonoridad tan maravillosa que tiene vuestra recuperación, y como es bailar y dejarse llevar por las notas musicales de la sobriedad.

Recomendaciones verano saludable

A estas recomendaciones le añadiría muchísimas más, pero me gustaría que vosotras y vosotros individualmente o en grupo escribierais las que añadiríais para compartirlas entre todos, así descubrirías que les funciona a otros en su recuperación. Este ejercicio compartido fortalecería vuestra recuperación y os mantendría más unidos en un mismo propósito.

Y, ahora, más que una recomendación, una sugerencia. Estaría bien que compartierais este artículo entre vosotros, y si tenéis la posibilidad de imprimirlo, mucho mejor, que alguno de vosotros lo lea en voz alta y que trabajéis sobre él. Esta sugerencia, ya os lo puedo asegurar, no es por protagonismo personal, sino por el motivo por el que escribo en esta revista, que no es otro que el de ayudaros, en la medida de mis conocimientos, a que recuperéis vuestra salud. Así que, esta sugerencia, la dejo a vuestra decisión personal.

En esta complicidad que ya siento desde hace mucho con todos vosotros, queridos lectores y lectoras, he de confesaros que de cada artículo que os escribo, haría tres, por eso, este que considero muy importante, sea un poco más largo de lo habitual. Pero, como todo en la Vida, cada cosa a su tiempo, la paciencia es una virtud que bien ejercida da sus frutos, así que practiquémosla entre todos.

Y ahora, os propongo que, en caso de necesidad o por si os surge la tentación de probaros, os hagáis tres preguntas:

¿Merece la pena probarse por “una” ?

¿Qué ganaría y que perdería?

¿Te suena sincera la respuesta a la primera pregunta?

Si en el fondo de vuestra conciencia sentís que no es sincera las respuestas que os dais, volveros a hacer las preguntas otra vez antes de que sea más tarde.

No quiero pasar por alto en este artículo a los familiares. Cuando hablamos de recaídas, estas no son exclusivas de las personas que padecen un trastorno adictivo, ellas y ellos también padecen sus propias recaídas (dedicaré, más adelante, un artículo exclusivo a las recaídas, sobre todo comportamentales, de los familiares). Como recomendación general, olvídense de portar un kit de salvamento con maguitos, flotadores, bombonas de oxígeno, gafas de bucear, etc., en el tan temido …” por si acaso”. Que el miedo no les juegue una mala pasada y tengan comportamientos que lejos de ayudar, desayuden y acaben todos “ahogados”. Cada uno ha de ejercer su propia responsabilidad.

Vamos finalizando, como dije al principio, manifesté que os daría un factor de protección que nunca falla. Es el factor más importante de todos, el que tiene más poder, el que os va a fortalecer cada vez que lo empleéis en vuestra recuperación. Y es el factor NO. Una palabra mágica que hay que aplicarla ante todas las situaciones y personas que sean susceptibles de apartaros de vuestra recuperación y de vuestra vida. Decidla todas las veces que sean necesarias hasta que la palabra forme parte intrínseca de vosotras y vosotros. Un NO sin miedo, un NO asertivo, y, sobre todo, un NO responsable.

Ya solo me queda desearos un verano tan sobrio como os merecéis, y, si tenemos la oportunidad algún día de conocernos, que me contéis lo bien que lo habéis pasado tanto vosotras y vosotros como vuestros familiares. Con todo mi afecto…

Salud y Sobriedad.

¡Un abrazo a todas y a todos!!

 

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Luis C Vertedor

Luis C Vertedor

Psicólogo en las asociaciones ALAMA y ARANA, y psicólogo voluntario en la asociación AREA, todas ellas en la provincia de Málaga. Máster en Investigación en Psicología y Experto en adicciones.