Las perspectivas. ¿Castigamos o rehabilitamos?

Estamos acostumbrados a mirarnos mucho el ombligo, pecamos de ‘ombliguismo’ en esta sociedad. Yo soy la primera que en ocasiones observo mi realidad, desde mi prisma, desde mi experiencia y mi vivencia. Intento ponerme en el lugar de otros, mirar con otros ojos o entender que lo que a mí me parece una M al que está justo enfrente le puede parecer un W. Pero a veces nos cuesta.

Me dedico a las adicciones desde que terminé la carrera de periodismo que había sido mi sueño desde pequeña y esto me ha permitido conocer muchas perspectivas de una misma realidad. Entender a los profesionales de las adicciones que cada día trabajan con personas enfermas, escuchar sus dificultades y comprender de cerca porque les apasiona tanto su trabajo. Pero ver y entender también a las personas que sufren la enfermedad, sus luchas internas, sus arrepentimientos y su resurgir. Y ver también el padecimiento de los familiares, el sufrimiento que llevan años arrastrando, la esperanza que nunca se apaga en sus ojos. Creía que estaba capacitada ya para tener ciertas opiniones sobre este apasionante mundo en el que me sumergí.

He sido crítica, y lo sigo siendo, con aquellas personas que ven a los enfermos de adicción como unos viciosos, drogatas, yonkis, etc. He criticado el uso de ese lenguaje corrigiendo hasta a mi propios amigos, haciéndoles entender que no es una elección, que una vez dentro ellos no deciden quedarse. Explicándoles que hay lenguaje que etiqueta y estigmatiza y que no les hace ningún favor, porque a diferencia de lo que gran parte de la población cree, todos podemos desarrollar una adicción.

He criticado, y sigo criticado, que los enfermos de adicción padecen una enfermedad de segunda, y que por delante de ellos las ayudas se dirigen a otros colectivos también enfermos y que también lo merecen, por supuesto, pero que tienen por suerte o por desgracia una enfermedad más bien vista socialmente. El problema de nuevo, el estigma.

He criticado, y sigo criticando, lo que cuesta conseguir financiación, ya no solo por parte de la administración pública sino también por parte de las empresas privadas. Qué difícil conseguir un patrocinio de una empresa privada multinacional…antes financian otro tipo de proyectos que nada tienen que ver con las adicciones. De nuevo, el estigma.

Tenemos mucho para mejorar, sin duda. Pero entonces, la vida me llevó a conocer a un grupo de estudiantes de trabajo social de una Universidad de Florida. Siempre nos comparamos, aunque las comparaciones sean odiosas, con esa gran potencia que es EEUU. De ellos pude aprender mucho. En primer lugar, que aunque exista esa globalización y creamos que estamos cerca, culturalmente tenemos muchas diferencias de las que enriquecernos mutuamente.

Ellos quedaron impactados de nuestro sistema sanitario. Ya sabéis, ahora que tenemos a Trump, los pocos avances que se habían hecho en este sentido con Obama, se han vuelto a perder. Les alucinaba que todo entrara, que toda atención fuese gratuita: ‘¿Pero la salud mental está dentro del sistema sanitario público?’, preguntaban, ‘¿y la atención a las drogodependencias?’, ‘¿y la atención a los trastornos de alimentación?’. Alucinaron, sencillamente.

Luego vino el choque de realidad, una de sus estudiantes me confesaba que jamás se había planteado lo difícil que resulta comunicarse en un idioma que no es el tuyo materno, expresar cosas del día a día o querer confesar el mayor de los problemas. Me dijo que ella quería ser una buena trabajadora social y que nada más volver a EEUU se iba  a poner a estudiar español para poder atender y poderse acercar mejor a las personas que necesitaran su ayuda, muchas de ellas hispanohablantes.

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Y por último vino mi sorpresa. Sabía un poco que el tratamiento de las personas con adicción allí era un poco diferente, pero mi aprendizaje llegó el día en el que fui con ellos a visitar Proyecto Hombre Alicante. Quedaron fascinados de nuevo. En las conversaciones que tuve con ellos me hicieron entender que en España tenemos una visión muy ‘reconciliante’, buscamos esa rehabilitación alejándonos del puro castigo, intentamos reinsertar, incluso dentro de la propia cárcel con programas de rehabilitación. Ellos mismo criticaron que en EEUU las personas con problemas de adicción no solo están mal vistas sino que además tienen un sistema muy punitivo y sus cárceles están llenas de gente que simplemente consumió. “No funciona el castigo, llevamos años ya viendo que no funciona y seguimos con él”, me decía una de las estudiantes.

Esto me hizo plantearme que no tenemos un sistema tan malo u horrendo, que la crítica está bien si es constructiva y enfocada a la mejora , pero que hay otros que tiene mucho más camino que recorrer que nosotros. Y me planteo, que tal vez sería interesante que por una vez, fuesen ellos los que nos mirasen a nosotros, y no nosotros a ellos.

El intercambio nos acerca, nos hace aprender, nos hace crecer. Mirar hacia afuera es imprescindible, sin perder, por supuesto, la visión interna.