Las drogas son contaminantes del planeta

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Hace ya décadas que los expertos utilizan los análisis de las aguas residuales para conocer la cantidad de droga que se consume en las ciudades, así como las sustancias. Es un buen sistema porque el consumo de sustancias, acaba de un modo u otro siendo expulsado a las aguas residuales. Sin embargo, nunca antes se había planteado cuál podía ser el efecto sobre los ríos, teniendo en cuenta que esas aguas van a parar a ellos.

La Unión Europea mantiene la monitorización de las aguas residuales de aproximadamente 67 ciudades en su programa de control de estupefacientes. Aunque es cierto que las depuradoras filtran muchas de las sustancias y fármacos que llevan las aguas, parte de esas sustancias no pueden ser depuradas y acaban irremediablemente en los ríos. Por primera vez, se ha realizado una investigación para conocer cómo estos restos afectan a la biodiversidad del lecho del río. El estudio titulado ‘Occurrence and Potencial Biological Effects of Amphetamine on Stream Communities‘, publicado en la revista Environmental Science and Technology, recreó en el laboratorio varios arroyos, en algunos de ellos se vertieron anfetaminas y en otros no. De este modo pudieron establecer diferencias.

La base de los ecosistemas acuáticos está compuesto por algas, bacterias y hongos que permiten que otras especies, como insectos, vivan. Tras la exposición a las anfetaminas, el experimento detectó que la producción de las algas se detenía y que hacían peor la fotosíntesis, crecían menos y esto afectaría a los organismos que se alimentan de ellas. También se veían alteradas las bacterias, las especies que aparecían en las aguas con anfetaminas y con las aguas sin anfetaminas eran totalmente diferentes. Pero además, los insectos aceleraban su ciclo biológico ante las sustancias, posiblemente por la alteración general del ecosistema.

Las colillas, el gran contaminante

Aunque el estudio hace referencia a las anfetaminas, el consumo de otras drogas como el tabaco también puede alterar y perjudicar a los ecosistemas terrestres. Gran parte de los cigarros que se fuman terminan en el suelo de las calles, en las alcantarillas, y por consiguiente en los ríos y mares del planeta. Aunque los desechos son pequeños, tienen una peligrosidad visible. Están fabricados con acetato de celulosa, un derivado del petróleo, que puede tardar hasta 25 años en degradarse. Pero además, otras sustancias tóxicas que contiene el cigarrillo (nicotina, alquitrán, amoniaco, metales pesados, etc.) quedan atrapadas en la colilla y se liberan con el contacto de la misma en el agua, lo que provoca la contaminación de ríos, mares y la tierra; y por consiguiente de la vida animal que en ellas habitan.

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Mireia Pascual Mollá
Editora de la Revista InDependientes. Además periodista en gabinete de prensa de Socidrogalcohol y CAARFE. Coordinadora de la campaña #RompeElEstigma. Monitora y periodista en GARA Alcoy. Colaboradora de Radio Alcoy, El Gratis y Hoja del Lunes. Miembro del Instituto de Investigación en Drogodependencias de la UMH y secretaria técnica de la publicación Health and Addictions. Miembro de la Asociación de la Prensa de Alicante y la Asociación Nacional de Informadores de Salud.