La regulación emocional en el tratamiento de las adicciones

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Los procesos adictivos tienen mucho que ver con las emociones. Éstos surgen, se desarrollan e incluso se mantienen gracias a la influencia de los procesos cognitivos y emocionales. De hecho, se ha observado una elevada comorbilidad entre impulsividad, trastornos de ansiedad, trastornos del estado de ánimo y trastornos por uso de sustancias (Godart et al., 2015). Según la Teoría del Marcador Somático (Verdejo-García y Bechara, 2009), el proceso adictivo es el resultado de la vulnerabilidad del sistema neuropsicológico de la toma de decisiones, entendido como un proceso guiado por señales emocionales –marcadores somáticos− encargados de marcar afectivamente las consecuencias prospectivas de distintas opciones de elección siguiendo una lógica homeostática. Es decir, esta teoría señala que la adicción a sustancias está asociada con una activación e integración anormal de los estados emocionales envueltos en la experiencia de urgencias subjetivas –por ejemplo, estados de craving o deseo− y en la orientación hacia la toma de decisiones (Verdejo-García y Bechara, 2009). Desde este enfoque, es lógico pensar que las personas consumidoras de sustancias pueden presentar alteraciones en las emociones. Para más información, leer el artículo anterior: El papel de la regulación emocional en las adicciones.

La regulación emocional se define como un conjunto de procesos mediante el cual un individuo ejerce cierta influencia sobre las emociones experimentadas, sobre cuándo se tienen y sobre cómo, o de qué manera, se experimentan y expresan (Gross, 1999). La regulación de las emociones significa dar una respuesta apropiada a las emociones que se experimentan. Es importante no confundir la regulación emocional con la represión de las mismas. La regulación consiste en un difícil equilibrio entre la represión y el descontrol (Bisquerra, 2013). Así, son componentes importantes de la habilidad de autorregulación la tolerancia a la frustración, el manejo de la ira, la capacidad para retrasar gratificaciones, las habilidades de afrontamiento en situaciones de riesgo (inducción al consumo de drogas, violencia, etc.), el desarrollo de la empatía, etc.

Cuando hablamos de la regulación emocional en adicciones, no solo nos referimos a las adicciones a sustancias. Las emociones también tienen un papel importante en las adicciones comportamentales. Diversos trabajos han descrito que una de las motivaciones habituales de las personas con trastorno de juego es tratar de aliviar estados emocionales negativos (Tárrega, 2015), lo cual es consistente con los autores que indican que el juego, del mismo modo que otras conductas, es utilizado como una estrategia inadecuada para regular las emociones (Álvarez-Moya et al., 2010).

Por todo lo anterior, y dada la aparente certeza del papel de las emociones en las conductas adictivas, resulta útil y necesario introducir técnicas de autorregulación emocional en el paquete terapéutico utilizado en los trastornos adictivos.

El desarrollo de la regulación emocional requiere de una práctica continuada. Es recomendable empezar por la regulación de emociones como ira, miedo, tristeza, vergüenza, timidez y culpabilidad. Algunas técnicas concretas para potenciar la autorregulación son: el diálogo interno, control del estrés (relajación, meditación, respiración), autoafirmaciones positivas, asertividad, reestructuración cognitiva, imaginación emotiva, atribución causal, entre otras muchas (Bisquerra, 2013).

Otra estrategia de regulación emocional es la reevaluación cognitiva de estímulos antecedentes (Ochsner y Gross, 2008), mediante la que se intenta reducir la ansiedad y las emociones negativas, considerando que la situación que provoca esta reacción emocional no tiene por qué tener unas consecuencias tan amenazantes como las que pensamos en un principio. Este tipo de cambio cognitivo significa cambiar el significado de una situación de tal manera que modifique el nivel de impacto emocional; así, la ansiedad y las emociones desagradables disminuirán.

En definitiva, un cambio en la cognición de los sujetos con adicción y la obtención de ayuda a la hora de controlar sus pensamientos, promueve la generación de sentimientos de autoeficacia, aumento de sus expectativas y eliminación de las creencias erróneas que tenían con respecto a la adicción (Serrano, 2017), potenciando así su regulación emocional y eliminando la necesidad de suplir esa falta de regulación con el consumo o la realización de la conducta adictiva.

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Karen Acuna

Karen Acuna

Psicóloga con gran interés en el ámbito de las adicciones y magíster en Inteligencia Emocional e Intervención en Salud y Emociones