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La necesidad de aprobación. Cuando la opinión de los demás, vale más que la nuestra

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Cada persona es un mundo, cada uno de nosotros somos únicos y esto hace que nos rodeemos de diferentes puntos de vista, opiniones, reflexiones… algo que enriquece nuestro entorno y nuestra sociedad.

Sin embargo, en muchas ocasiones, más de las que desearíamos, no nos sentimos cómodos con estas diferencias y comenzamos a comparar lo que nosotros creemos u opinamos con lo que creen y opinan los que nos rodean, dando más valor a lo de los demás y creyendo que la diferencia es negativa, que nos hace peores en esa comparativa.

Ante esta sensación aparece inseguridad y comenzamos a ajustar nuestras opiniones, creencias, ideas, al sistemas de creencias de los que están a nuestro lado, así nos sentirnos más seguros, valorados y acertados.

Sentirnos aprobados es algo que gusta, el ser humano es un ser social y le encanta que los demás le valoren, el problema aparece cuando lo necesitamos de manera excesiva, es entonces cuando empezamos a depender de algo que no controlamos: que nos aprueben o no.

La necesidad excesiva de aprobación por parte de la gente que nos rodea se ha convertido en una de las mayores fuentes de malestar que existe hoy en día.

Así pues la necesidad de aprobación implica una inseguridad que hay que analizar para conocer y aprender a manejar.

La necesidad excesiva de aprobación hace que nuestro estado de ánimo, conductas, decisiones… dependan casi totalmente de algo externo que no controlamos, por lo que no lo podemos cambiar, ajustar, mejorar.

Las consecuencias son muy negativas, llegando incluso a dejar de ser nosotros mismos y construir una especie de “otro yo” que creemos que le gusta a los que nos rodean y gracias al cual nos aprobarán. Una máscara que con el tiempo nos desgastará, nos generará ansiedad o miedo y nos impedirá ser nosotros mismos.

¿DE DÓNDE VIENE LA NECESIDAD DE APROBACIÓN?

Hay una parte que se relaciona con los estereotipos que tenemos asociados con lo “bueno” y lo “malo”. Nos presentamos con una imagen que queremos proyectar en nuestra mente y tenemos miedo de no dar respuesta a eso, a la imagen que queremos causar y que pensamos es más agradable para los demás.

Esto incrementa la ansiedad asociada a la incertidumbre sobre las reacciones de los demás y en esas circunstancias nos surgen dudas: expresar o no expresar, no ceder o dejarnos llevar por los demás.

Como hemos comentado antes, la deseabilidad social es frecuente y hay una parte positiva en el hecho de no enfrentar con brusquedad nuestro punto de vista al de los demás: pone en juego la capacidad para empatizar y tener cuenta las opiniones diferentes, flexibilizar y contemporizar con las ideas y preferencias distintas a las nuestras. Y esto requiere de capacidad para tolerar la discrepancia, la frustración y optar por el bienestar colectivo. Una habilidad que manifiesta sin duda un ejercicio de inteligencia emocional y social.

Sin embargo, cuando en la mayor parte de las ocasiones prevalece el qué dirán en tus relaciones interpersonales, posiblemente estés valorando poco tu propia ideas y percepciones, y tu necesidad de aprobación vaya más allá de lo deseable.

La deseabilidad social, el deseo de pertenecer y ser aceptadas y aceptados por las personas que son importantes para nosotros, de obtener reconocimiento y aprobación por nuestras forma de ser y actuar, es una vivencia habitual y contribuye al ajuste psicológico y social. Cuando este deseo se transforma en necesidad, la búsqueda de aprobación se torna en nuestra guía y condiciona nuestras acciones y elecciones y limita nuestro potencial constructivo en los procesos personales e interpersonales.

La necesidad de aprobación excesiva aumenta nuestra insatisfacción personal y malestar psicológico.

Esta necesidad en los últimos años se ha visto reforzada gracias, ya no solo al consumismo y al estereotipo de belleza, si no sobre todo gracias a internet y las redes sociales.

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Facebook, Twitter, Instagram…están todos construidos de tal manera que nuestra necesidad de aprobación esté activada las 24 horas del día. ¿Quién no ha repasado alguna vez su móvil de manera incluso obsesiva en busca de algún “Me gusta”, “Ha compartido” o “Ha retuiteado”?

Estas redes sociales son actualmente una de las razones fundamentales es la necesidad adictiva de aprobación, la mayor parte de los perfiles son manipulados para que sólo dejen ver la “perfección” de algo o alguien, nos dejamos guiar por algo irreal, por una pequeña parte que se expone en una foto o comentario y que no hace honor a la totalidad de una vida real.

¿CUÁNDO ES EXCESIVA LA NECESIDAD DE APROBACIÓN?

La necesidad de aprobación excesiva es definida como la tendencia de la persona a juzgar su autoestima en función de las reacciones de la gente ante ella o de lo que piensen de ella.

Constituye una de las actitudes disfuncionales que incrementa el riesgo de desarrollar síntomas depresivos y ansiosos.

Algunos de los orígenes de esta conducta son las creencias erróneas y un elevado malestar emocional, que se relacionan con el deseo de agradar a todo el mundo, evitando recibir o hacer críticas para así garantizar el afecto y la aceptación.

Las relaciones e interacciones con las personas significativas a lo largo de nuestro aprendizaje y desarrollo psicológico y social nos permiten modelar e interiorizar conceptos y visiones del mundo. Descubrimos o definimos lo que está bien y mal, nuestras expectativas o nuestra escala de valores a través de esas personas importantes que nos marcan el inicio de un camino.

Esta sana necesidad de afecto y protección de las primeras etapas de nuestra vida tan vinculadas a esas figuras, van dejando paso a nuestra autoestima y autoconcepto.

Cuando no se construye adecuadamente esa autoestima, es cuando seguimos necesitando de un grado de aceptación y un reconocimiento en nuestra edad adulta y es entonces, cuando se pone de manifiesto nuestra inseguridad emocional, conductas impulsadas por esa necesidad de aprobación y que condicionan nuestra forma de actuar en sociedad.

 EJEMPLOS TÍPICOS (EN NUESTRO DÍA A DÍA) DE UNA NECESIDAD EXCESIVA DE APROBACIÓN.

La lista puede ser infinita, por lo que es importante personalizarla y saber qué hacemos cada uno para saber si tenemos una necesidad excesiva de aprobación.

- Cambiar o adaptar nuestras ideas porque alguien parece desaprobarnos en una conversación. Es cierto que cambiar de idea no solo es algo normal sino que también es signo de inteligencia y flexibilidad, pero solo cuando los argumentos del otro realmente nos han convencido.

- Sentirnos excesivamente mal o insultados cuando alguien no está de acuerdo con nosotros.

- Expresar acuerdo (verbal o no verbal) aún cuando no lo estamos.

- Anteponer siempre a los demás antes que escuchar nuestras necesidades propias.

- No quejarnos cuando recibimos un mal servicio (restaurantes, móviles…)

- Pedir permiso cuando no se necesita.

- Pedir perdón constantemente por lo que decimos o hacemos.

- Fingir conocer algún tema o ser un “experto” por miedo a admitir delante de los demás que hay algo que no sabemos.

- Si nos halagan y nos aprueban nos sentiremos eufóricos y alegres, pero si nos critican y desaprueban nos sentiremos tristes y poco valiosos.

- Tener una preocupación excesiva por tener una buena imagen para agradar a los demás, no a nosotros mismos.

- Mantener las formas en exceso.

- Mostrarse demasiado amables cuando estamos en desacuerdo con las opiniones de los demás.

- Darle muchas vueltas a alguna conversación que hayamos tenido con alguien y sentirnos ansiosos o desanimados por frases o palabras que no tendíamos que haber dicho.

- Adular de manera excesiva alguien para que nos acepte o apruebe.

- Pedir siempre permiso para hablar, o para comprar algo, o para hacer cualquier cosa a una persona importante en nuestra vida porque tenemos miedo de que se enfade.

- Obsesionarse con las redes sociales y darle muchas vueltas a lo que queremos poner. O estar todo el rato comprobando las reacciones a algo que hemos puesto.

 LAS CONSECUENCIAS PSICOLÓGICAS

Una consecuencia clara es una autoestima muy baja e irregular al depender de las opiniones de los demás.

Igualmente podemos encontrar unos estados de ánimos o rendimientos igual de bajos e irregulares. Si me aceptan me sentiré seguro, tranquilo y aumentaré mi rendimiento. Pero si me rechazan mi autoestima saltará por los aires, me pondré nervioso y disminuirá mi rendimiento.

Pueden aparecer algunas consecuencias más:

- La falta de logro.

- Una muy baja realización personal.

- El aumento de emociones negativas como ansiedad, frustración, miedo…

- La disminución de emociones positivas como la serenidad, la alegría, la tranquilidad…

¿QUÉ HACER PARA CAMBIAR ESTA BÚSQUEDA EXCESIVA DE APROBACIÓN? EL NECESARIO EQUILIBRIO.

Ante todo, hacernos responsables de cómo no sentimos, entender que esto, en gran medida, es algo que podemos controlar y manejar. Cuando algo es nuestra responsabilidad lo podemos modelar, cambiar, mejorar; cuando algo es ajeno a nuestro control, solo podemos cruzar los dedos y esperar a ver qué pasa, sin tener ningún grado de influencia en lo que está ocurriendo.

La responsabilidad nos da libertad y provoca poder desarrollar nuestro bienestar.

Las emociones son en gran medida el resultado de la interpretación que hacemos de los hechos y de la confianza que tengamos en nuestras capacidades para hacer frente a situaciones estresantes.

El miedo o la ansiedad no la crean los demás cuando nos hacen una crítica, cuando nos desaprueban o muestran disconformidad con nosotros o nosotras, sino que se generan a partir de nuestra interpretación.

Recuerda que existen muchas alternativas y explicaciones distintas a las propias y que esto no es más que una muestra de la diversidad de opiniones y enfoques ante una misma situación.

De esta manera, podrás enfocar las críticas de un modo más constructivo y proactivo, y contribuirá a solucionar problemas, aprender y enriquecerte de esas discrepancias.

Hay que trabajar mucho para incrementar la autoestima y el autoconcepto.

Aprende a enfocar la crítica de una manera objetiva, constructiva y solucionadora de problemas.

  • Esfuérzate en hacer lo que tú quieres en lugar de lo que los demás piensen que tienes que hacer, para lo que deberás trabajar tu asertividad.

  • Recuerda que el rechazo a una idea o un comportamiento no es un rechazo a tu persona.

  • Trabaja las creencias perfeccionistas de que tu valor como persona está determinado por el logro (y por lo tanto que todos los errores son terribles) e intenta evitar la anticipación negativa.

 Bibliografía:
- “La necesidad de aprobación: Cuando la opinión de los demás impera en ti”. Giménez  M. (2016).
- “La necesidad excesiva de aprobación”. Burque, J. (2014).
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Cristina Prados

Cristina Prados

Psicóloga de la asociación AARIF de Illescas y coordinadora del comité asesor técnico de CAARFE