La feniletilamina del amor

El amor es como una droga o, mejor dicho, los efectos que este sentimiento producen se asemejan a los de ciertas anfetaminas, como el MDMA. No es que exista una droga con efecto amor, pero la sustancia que interviene en este proceso es la misma que se presenta en el cerebro al consumir ciertas sustancias tóxicas, la feniletilamina.

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La feniletilamina es un aminoácido esencial que actúa como neurotransmisor y una droga natural producida por el cerebro que pertenece a la clase de las anfetaminas, estimulantes del sistema nervioso. Además, su estructura también se encuentra en sistemas de anillo complejo como el de la Ergolina –LSD- o Morfinano –morfina-.

El cerebro, al concentrar alta cantidad de feniletilamina, responde con la liberación de B-endorfina que es un péptido opioide que alimenta la secreción de neurotransmisores como la dopamina, entre otras. Ésta es la responsable de las sensaciones del placer y también influye en el área de la energía física y mental –concentración y capacidad de recuperación de los recuerdos-.

Esta droga natural puede ser producida y activada por la ingestión de ciertas drogas, alimentos o suplementos, y por los actos que desencadenan emociones humanas como las miradas.

En el caso de los alimentos, destaca el chocolate, portador de feniletilamina y de efectos psicoactivos; sin embargo, al ser metabolizado por la enzima MAO-B, no llega al cerebro en altas concentraciones y sólo traspasa la sensación placentera y antidepresiva que lo caracteriza. Esto mismo ocurre con la ingestión de algunos quesos como el famoso Stilton. Otros alimentos ricos en feniletilamina y recomendados para personas con trastornos depresivos son el huevo, plátano, soja cruda, lentejas, almendras o nueces. También produce la liberación de endorfinas hacer deporte, escuchar música o la exposición a la luz.

Al hablar de suplementos, destaca el uso farmacológico de este aminoácido. Cuando no puede ser producido de manera natural, necesita aliados más fuertes que los alimentos cotidianos. De ahí que se utilicen suplementos y pastillas para personas con trastornos psicológicos depresivos, de déficit de la atención –TDHA- o con dolores articulares. Además, la falta de dopamina puede desembocar en Parkinson.

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Fuente: taringa.net

La asociación entre feniletilamina y el amor desemboca tras la teoría propuesta en los años 80 por los médicos Donal F. Klein y Michael R. Liebowitz del Instituto Psiquiátrico del Estado de Nueva York (EE.UU.). En ésta, afirman que producción del aminoácido en el cerebro puede desencadenarse por un intercambio de miradas, un roce o un apretón de manos. Cuando esto ocurre, el cerebro de la persona enamorada responde con sensaciones y modificaciones fisiológicas responsable de los actos y sensaciones del amor romántico –vigilia, “atontamiento”, falta de apetito, felicidad extrema- que se asemejan a los del consumo de ciertas drogas como el cannabis, setas de la risa o anfetaminas.

Las sustancias que intervienen en el cerebro cuando aparece el amor son básicamente tres: feniletilamina, dopamina y serotonina –responsable del bienestar, concentración, reloj interno, hormonas del estrés, apetito-. En la primera etapa tienen lugar la atracción y el deseo, dónde aparece y actúa la feniletilamina con la secreción de dopamina. Debido a ésta, el deseo de atracción hace que los niveles de serotonina desciendan para inundar los centros de recompensa con dopamina. En el momento en el que se crean fuertes vínculos con la persona y se reconoce el placer con el objeto de deseo, aumenta el nivel de serotonina creando un nivel estable en la pareja y regulando los estados de ánimo –bienestar, comodidad-. Una vez que los lazos están estrechos, aparecen otros neurotransmisores como la vasopresina y la oxitocina, que ayudan a mantener las relaciones a largo plazo.

En el caso del desamor, el individuo deja de producir feniletilamina de manera natural y chocolate pasa a ser el aliado de la ruptura amorosa.

El problema con las drogas es que interactúan con estos neurotransmisores y secuestran los sistemas naturales del cerebro implicados en el placer y la satisfacción, rompiendo el círculo natural de funcionamiento de las emociones.

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