La familia y la codependencia en los trastornos adictivos

codependencia

La familia juega un papel fundamental en la vida de todo individuo. Ya desde el nacimiento, ésta se convierte en un pilar fundamental para el niño. Además de determinar las características genéticas de éste, constituye su primer medio de socialización, su primer contacto con el mundo. De esta manera, ésta es la que le va a inculcarle las primeras normas de conducta, los primeros valores que el pequeño debe manejar para poder desenvolverse en la sociedad. Igualmente, constituye su primer soporte afectivo. Asimismo, mediante el aprendizaje vicario, el niño va a observar y a reproducir conductas que efectúan sus mayores, ya que éstos constituyen un modelo para él. Por tanto, la infancia se convierte en un momento de suma importancia para determinar la vida futura de todo individuo.

Asimismo, la familia también es un factor crucial en lo que respecta al inicio y al mantenimiento del consumo de drogas. De esta manera, si el niño, desde los primeros años, observa que existe un consumo de sustancias en su entorno familiar tiene más probabilidades de desarrollar una adicción.

Como indica María del Carmen Segura, psicóloga del Instituto de Investigación de Drogodependencias (INID), “el entorno familiar puede suponer un factor de riesgo, en caso de que los padres abusen del consumo de alcohol u otras sustancias adictivas. Esta situación conlleva en la mayoría de casos, una ausencia de normas o límites sobre el uso de drogas en el marco familiar, o bien si las normas están establecidas, no se aplican las sanciones o los castigos pautados cuando la norma se transgrede. La excesiva sobreprotección de los padres, o bien, en el polo opuesto, la ausencia de vínculos afectivos cálidos entre padres e hijos, así como la falta de comunicación y confianza para abordar problemas, preguntas o cuestiones importantes como, aquellas relacionadas con el consumo de drogas, suelen estar a la base del inicio en el consumo de sustancias”.  Por otro lado, como comenta Gema Cerdá, enfermera de la Unidad de Conductas Adictivas (UCA) de Elche “existe una herencia genética que predispone a que la persona tenga más posibilidad de desarrollar una adicción. Además, el niño se entera de todo, pero, sobre todo, si está en una edad como la adolescencia siempre va a ser más consciente”. Y precisamente una de las características propias de la etapa adolescente es cuestionar todas las normas que provienen del mundo adulto y, por eso, esta rebeldía y la búsqueda de nuevas experiencias también conducen al joven a probar nuevas experiencias entre las que se encuentran las drogas.

Existe una herencia genética que predispone a las personas a padecer una adicción, pero la familia también es unf actor clave

Pero la familia también sufre las consecuencias de que uno de sus integrantes

La familia es un factor clave tanto para el inicio del consumo de drogas como para poder dejarlas

La familia es un factor clave tanto para el inicio del consumo de drogas como para poder dejarlas

consuma drogas. Así, puede que, en un primer momento, la familia no sepa que se está produciendo ese consumo, ya que el adicto todavía es capaz de llevar una vida relativamente normal. Pero, normalmente, tarde o temprano, la familia es consciente de la existencia de ese problema. En ese momento, como explica Cerdá, “comienza a haber una dejadez tanto de los hijos como de la pareja porque la persona psicológicamente y físicamente no está en condiciones ni para cuidarse a sí misma ni para cuidar a los demás. Por tanto, comienza a haber un deterioro en la relaciones”. En este momento, es cuando empiezan los sentimientos de frustración, culpabilidad, impotencia, etc. que experimenta la familia alrededor de esa adicción. Y puede producirse un trastorno conocido como codependencia.

Este término comenzó a emplearse en la década de los setenta para denominar a aquellas personas que poseen una relación directa y estrecha con un adicto a cualquier sustancia y que, de alguna manera, le facilitan que puedan continuar con la adicción. Como indica Susana Gandolfo, psicóloga y diplomada en Farmacodependencia, “el codependiente es quien se dedica a acompañar, cuidar, ‘salvar’ al drogodependiente involucrándose de forma obsesiva en los problemas y situaciones de vida conflictivas, sufriendo, frustrándose ante los repetidos fracasos (recaídas), llegando a adquirir características y conductas tan anormales como las del propio adicto. El codependiente pierde el control de su propia vida y de sus límites, invirtiendo toda su energía en el adicto, llegando a la negligencia de sí mismo y el debilitamiento de su propia identidad desequilibrando su existir en las áreas personal, familiar, laboral y social e involucrándose hasta el punto de vivir por y para el adicto”. Muchas veces la familia marca desde el nacimiento del niño que éste genere relaciones codependientes en el futuro. “La codependencia y adicción a las relaciones surge tempranamente en el vínculo con la figura de apego: el niño o niña siente que si se preocupa por su madre es correspondido en su necesidad de afecto y si no se preocupa puede ser abandonado. Esta situación genera una forma de vincularse adictiva. Por otra parte en las familias con problemas de adicciones al alcohol y otras drogas existe el llamado “modelo adictivo familiar”, precisa Gandolfo.

La adicción a las relaciones surge de manera temprana en las relaciones que el niño establece con los padres

Como señala Augusto Pérez, director de la corporación Nuevos Rumbos, entidad sin ánimo de lucro que asesora e investiga para la prevención del consumo de sustancias psicoactivas, el origen de estas conductas compulsivas de ayuda “tiene escondida la idea de que el adicto no será capaz de salir adelante sin ayuda y que la persona que está ofreciéndola es la única que realmente puede resolver la situación. Se asume una posición que es al mismo tiempo de superioridad y de inferioridad. De superioridad porque se cree que se tiene el poder para ayudar a la otra persona y de inferioridad porque se está dispuesto a abandonar las propias necesidades e inclusive a sufrir consecuencias negativas con el objetivo de responder a la necesidad de la otra persona”.

Asimismo, habría que precisar que, aunque la codependencia se empezó a estudiar con las personas que mantenían una relación estrecha y directa con un drogodependiente, actualmente también se considera que este trastorno pueden padecerlo las personas que conviven con otra clase de enfermos crónicos sobre los que pueda existir una “esperanza” de cura. Igualmente, se han desarrollado otros términos relacionados con la codependencia como pueden ser las adicciones al amor y a las relaciones. Y es que como explica Cerdá, “más que adicciones a las relaciones en sí mismas se trata de adicciones a las emociones”, es decir, a todas las sensaciones, las emociones y los sentimientos que genera mantener una relación con una determinada persona. Asimismo, como indica Gandolfo, “la mayoría de las adictas a las relaciones tiene otro tipo de consumos adictivos: tabaco, compras, internet, incluso alcohol y drogas. Algunas codependientes consumen para ‘acompañar’ a su pareja, esposo o novio”.

En el caso de la codependencia, juega un papel fundamental la socialización de géneros. Así, se puede encontrar un predominio de mujeres codependientes (aunque la codependencia es un problema que pueden padecer ambos). Como indica Gandolfo, la codependencia “afecta más a mujeres ya que por estereotipos sociales y por una cuestión de género las mujeres son ‘cuidadoras naturales’ de la pareja, hijos, padres y familia en general. De las mujeres se espera que sean dulces, sumisas, dependientes, sacrificadas, pacientes, maternales, abnegadas, dóciles, aceptadoras, dispuestas a hacer cosas por los demás, a postergar sus necesidades, etc.”.

Asimismo, los profesionales de la salud también pueden generar codependencia. De esta manera, como explica la psicóloga Rosanna Martins, que actualmente estudia sobre la codependencia y su influencia en las conductas de riesgo, este trastorno se produce en este tipo de profesionales porque “por el mismo principio de cuidar y sanar se puede obsesionar con el problema del paciente. El profesional se involucra tanto con la problemática de su paciente que no desconecta de su trabajo. E incluso, cuando llega a casa sigue con la situación presente. Llegando a descuidarse de sus necesidades y obligaciones personales, como por ejemplo el workalcoholic”. “La gran mayoría de sanitarios nos implicamos con el paciente porque para comprenderlo necesitamos empalizar con él. Aunque no sea una sobrecarga llevárselo a casa, pero inconscientemente en casa una piensa ‘¿qué podría hacer yo por este paciente?’. Cuando un terapeuta lleva quince años viendo a un paciente es como si lo conociera de toda la vida porque lo conoce todo sobre él. Hay veces que el terapeuta levanta más la mano. Pero siempre hay que recordar que él es el paciente y que nosotros somos los profesionales”, comenta Cerdá.

La familia en el proceso de recuperación

La familia también es un pilar fundamental en el proceso de recuperación. Por eso, también es recomendable que se la incluya en los tratamientos con el drogodependiente. “Aunque el paciente tenga claro que quiere dejar de consumir esa sustancia porque sabe que tiene una dependencia, la familia a veces no lo entiende y cuando él tiene una recaída la familia está ahí para darle el dinero que él necesita” para comprar droga, indica Cerdá. Así, es necesario que los terapeutas le den unas pautas para que no genere codependencia y que pueda ayudar al adicto a forma positiva. Como afirma Pérez, “la codependencia no es algo que ocurre siempre ni de forma automática. En los sistemas de tratamiento actuales, cuando se trata de una institución bien estructurada, siempre se da instrucciones a la familia sobre cómo no desarrollar comportamientos codependientes. Esto va a contribuir a que el adicto se dé cuenta de que no va a encontrar en ella una fuente de mantenimiento de su comportamiento inadecuado. Ésa es la mejor ayuda que le puede dar la familia”.

En las UCAs si el adicto no quiere que la familia se entere, se debe mantener la confidencialidad, por lo que ésta no participará en el tratamiento del adicto

No obstante, a veces no es posible incluir a las familias en el tratamiento. “Si el paciente autoriza a que nosotros podamos informar a la familia, se podrá trabajar con ella. Pero si el paciente no autoriza no se puede hacer nada”, comenta Cerdá, ya que la confidencialidad también es un factor clave en las UCAs. En el caso de que el paciente desee hacer partícipe a la familia de su proceso de recuperación, serán el psicólogo y el trabajador social los encargados de darle pautas para contribuir a esa recuperación.

Asimismo, existen diversos centros para poder ayudar al codependiente. “Hay distintas estrategias terapéuticas, que incluyen terapia individual, terapia grupal, grupos de autoayuda (Al Anón, Nar Anón), etc., para ayudar al codependiente. Es fundamental que se trabaje para la construcción de un tipo de vínculos interpersonales saludables, en los que los límites entre las esferas de acción de cada miembro del grupo al que pertenece estén lo más claramente delimitadas que sea posible”, explica el psicólogo Gustavo Fernández.

 Despiece 1 : Terapias para la codependencia

Despiece 2: Al-Anon, un grupo de apoyo a los familiares de alcohólicos

Despiece 3: Lola de Al otro lado de la adicción: “Cuando tu codependencia se manifiesta abiertamente generando un gradual malestar en tu bienestar personal hay que tomar medidas inmediatamente”