La (des)igualdad frente a la lucha contra las drogas

Basado en el artículo Prevención en adicciones: La (des)información en el aula .

¿En qué nos estamos equivocando? Impartimos charlas y damos información a los menores para evitar que caigan en las drogas pero no es suficiente.  Por mucho que pese, podríamos darles dossieres enteros de datos, incluirlo en el temario obligatorio, realizar charlas y conferencias y poco obtendríamos de estas inversiones. El problema radica en que no estamos luchando adecuadamente contra este tema.

Consuelo Guerri, en su artículo Bioquímica de las adicciones (Junio 2012) ya nos da una respuesta: La recompensa o gratificación dispone de su propio circuito neuronal, muy antiguo filogenéticamente. Las drogas de abuso activan este circuito de forma anormalmente intensa, induciendo el aprendizaje de conductas de consumo de droga y reforzando los estímulos que desencadenan dicho consumo.

Dicho de otra forma, las drogas activan el mismo mecanismo cerebral que recompensa conductas adaptativas para el individuo y la especie.  Un partido con los amigos recompensa por el apartado social y el ejercicio realizado, la superación, la victoria o la mejora personal e interpersonal.  Ahora bien, esa recompensa intrínseca palidece frente a la que se obtiene de forma extrínseca mediante al consumo de drogas.  Ambas recompensas están desencadenadas por el mismo circuito, así que ¿cuál creen que nuestro cerebro nos llevará a realizar una vez conocidas ambas?.  En la inmensa mayoría de los casos, ningún dato, charla o 50’ de escucha a un experto en el aula va a ser más poderoso que un mecanismo que nos ha permitido llegar evolucionar desde hace millones de años hasta convertirnos en la especie que somos hoy en día.

Con la venia de Meir Kalmanson y su vídeo A Valuable Lesson For A Happier Life  expuesto en su canal de Youtube, con subtítulos, y que en 3’ y 5’’ enseña una valiosísima lección.  Las drogas entrarían en esta metáfora abruptamente. No serían la arena, que solo deja entrar a las dos últimas cervezas ni serían estas últimas, que permiten entrar a la arena y a las piedras.  Las drogas serían mercurio que, introduciéndose en la jarra, expulsaría todo de la misma ocupándola en su totalidad y siendo extraordinariamente difícil de expulsar.

Así pues, el aprendizaje que debemos de inculcar en las aulas no debe ser memorístico.  Conocerlas, saber sus contraindicaciones y sus efectos sirven de poco si no conseguimos que creen en sus “tarros” personales barreras frente a ellas porque, una vez que entren, es muy posible que expulsen al resto de cosas que haya en el mismo, dejándoles únicamente con el tóxico material en sus vidas.

La Fundación de Ayuda contra la Drogadicción (FAD) ya nos dice: (…) cuantas más cosas construyas en tu vida, menos espacio dejarás a las drogas (…) entonces, ¿por qué no les ayudamos nosotros, ahora que estamos a tiempo, a construir ese filtro contra el mercurio y cómo lo hacemos? 

Esta es una cuestión que responderemos en próximos artículos.

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Miguel Martinez Notivol

Licenciado en Magisterio de Educación Primaria por la Universidad de Zaragoza y futuro Psicólogo Educativo
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