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La comunidad terapéutica, un recurso intensivo para el tratamiento de las adicciones

*Gran parte de la información reflejada en el presente artículo se ha extraído del Infofatc del NIDA sobre comunidades terapéuticas publicado en el año 2015.

Hace unos días me comentaba una compañera que en unas Jornadas donde se hablaba de intervención en adicciones desde la Comunidad Terapéutica, había observado cierta “diversidad” a la hora de entender y aplicar el método.

Factores tan esenciales como los objetivos del tratamiento, el tiempo de estancia en el recurso o los agentes implicados eran establecidos en función de las necesidades detectadas entre la población, o de las posibilidades del equipo técnico, en función de la cantidad de recursos humanos disponibles, la orientación u otros factores.

A mi entonces me surgieron varias preguntas. ¿En esta diversidad hay riqueza? ¿Qué es lo ortodoxo en la intervención en Comunidad Terapéutica? ¿Estamos avanzando, o por el contrario este hecho hace que el método peligre?

Y por esta última pregunta empecé a contestarme. Si la Comunidad Terapéutica se considera un recurso, es decir, un espacio físico con un mobiliario y un equipo, entonces se cosifica. Ha de ser mucho más para que sea un método aplicable que reúna las condiciones de eficacia, eficiencia, pertinencia e impacto respecto del tratamiento del trastorno adictivo.

Desde el enfoque “no cosificado”, la Comunidad Terapéutica implica algo diferente a otros enfoques en el tratamiento de las adicciones, ya que es la propia estructura el principal agente del cambio, entendiendo como tal estructura desde el equipo hasta la interacción no formal, pasando por la relación “terapéutica” con los/as compañeros/as, las herramientas de intervención (grupos de auto-ayuda, grupos temáticos, grupos de revisión de la historia personal, trabajo psicoeducativo en sectores de trabajo, reunión de sectores, registros de pensamientos, registros de sentimientos y otras de índole similar), la estructura jerárquica, la gestión del tiempo o  las actividades culturales o deportivas enmarcadas en la planificación horaria de la Comunidad Terapéutica. Solo entonces podremos definir la Comunidad terapéutica como “método”.

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Sin olvidar que el principal objetivo que persigue es la ofrecer un entorno residencial alternativo para la deshabituación y rehabilitación, mediante un abordaje mucho más intensivo del que se puede obtener en recursos ambulatorios.

En cuanto a “lo ortodoxo”, parece difícil, teniendo en cuenta la gran cantidad de Comunidades Terapéuticas existentes (sólo en Europa, existen más de 70 Comunidades Terapéuticas, de las que 27 están en España, asociadas a la Federación Europea de Comunidades Terapéuticas, que sólo es una de las redes de tantas que agrupan a las diferentes entidades que gestionan recursos de este tipo), establecer un único patrón. Si bien, el National Institute on Drug Abuse (NIDA) estadounidense, que hoy por hoy es el organismo que mayor potencial investigador y de análisis tiene en el ámbito de las adicciones, establece unas ideas comunes sobre lo que debe ser la intervención, tales como:

  • Las CT son ambientes residenciales libres de droga que usan un modelo jerárquico con etapas de tratamiento que reflejan niveles cada vez mayores de responsabilidad personal y social.
  • Se utiliza la influencia entre compañeros, mediada a través de una variedad de procesos de grupo, para ayudar a cada persona a aprender y asimilar las normas sociales y desarrollar habilidades sociales más eficaces.
  • Las actividades rutinarias requeridas, que sirven para contrarrestar las vidas característicamente desordenadas de los residentes y enseñarles cómo planificar, fijar y lograr metas, y ser responsables.
  • Las CT difieren de otros enfoques de tratamiento principalmente en su uso de la comunidad, compuesta por el personal de tratamiento y aquellos en recuperación, como agentes claves del cambio.
  • Los miembros de la CT interactúan en maneras estructuradas y no estructuradas para influenciar las actitudes, percepciones y comportamientos asociados con el uso de drogas.
  • Una herramienta fundamental es la auto-ayuda, que implica que las personas en tratamiento son los principales contribuyentes al proceso de cambio. La “auto-ayuda mutua” significa que las personas también asumen una responsabilidad parcial en la recuperación de sus compañeros, un aspecto importante del propio tratamiento de la persona.
  • Las intervenciones y los objetivos en las Comunidades Terapéuticas se caracterizan por el abordaje intensivo y global, con actividades fundamentalmente de tipo psicoterapéutico, ocupacional, socioeducativo y médico-sanitario.
  • Trata de ayudar a las personas a identificar, expresar y manejar sus sentimientos de manera adecuada y constructiva. Aquí encontramos dos conceptos fundamentales: “vivir decentemente” (aprender ética y responsabilidad personal y social) y “actuar como si” (comportarse como es debido en vez de como lo había estado haciendo).

Fuente: NIDA, 2015.

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Otro factor esencial respecto del tratamiento en una Comunidad terapéutica es el tiempo. Las investigaciones al respecto informan que, a mayor tiempo de estancia, resultados significativamente mejores (Gervasio, 2015; NIDA, 2015). Así, el NIDA informa, basándose en las investigaciones de Simpson y colaboradores, que personas que permanecieron en el recurso al menos 90 días, tras 1 año de salida del mismo, hacían un uso menor o inexistente de la cocaína, sustancia por la que fueron admitidos en tratamiento.

Los tiempos de estancia en Comunidad Terapéutica se han visto reducidos en pro de una mejor inserción o reinserción, según sea el caso, de una menor desvinculación con el entorno, en caso de que este sea incompatible con el uso de drogas, y de una reducción de los costes del recurso; si bien es cierto que deben establecerse unos mínimos respecto al tiempo de estancia. No tiene sentido un ingreso de 18 meses, como pasaba hace unos años, pero ha de atenderse a que, para que se adquieran hábitos de vida saludables y se integren en la rutina de conductas diarias, para que se generen actitudes proclives a la salud, el mantenimiento de la abstinencia y responsabilidad social, y para que se practique la escala de valores en la que se basará el futuro proyecto de vida de la persona que realiza el tratamiento, para todo ello, a un tiempo mínimo que, en base a lo que hoy día se desarrolla en las Comunidades Terapéuticas de Europa, se sitúa en torno a las 9-11 meses, y atendiendo a las informaciones del NIDA (2015), se puede establecer entre los 6 y los 9 meses.

Así mismo, la vinculación de la red primaria de apoyo (familiares y amigos), supone una mayor permanencia en la Comunidad Terapéutica (NIDA, 2015; Secades y Benavente, 2000), con los consiguientes beneficios tanto para la persona ingresada como para sus familiares y amigos.

Otras cuestiones que influyen positivamente en lo que respecta a la permanencia en el tratamiento son: promover una sana auto-estima, mejorar las actitudes y creencias sobre sí mismo y sobre su futuro, y fomentar la disposición y motivación hacia el tratamiento.

La Comunidad Terapéutica es un recurso de tratamiento residencial válido y un método vigente que consigue éxitos terapéuticos eficaces siempre y cuando se aplique como es debido. En concreto, se encuentran evidencias de que ayuda al mantenimiento de la abstinencia, a la reducción de la delictividad y la puesta en marcha de un estilo de vida socialmente responsable.

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Para saber más:

Reporte del NIDA

Wikipedia

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Félix Rueda
Hace 13 años inició su andadura profesional en el ámbito de la prevención e intervención en trastornos adictivos, siempre en el contexto de Proyecto Hombre.Es Licenciado en Psicología por la Universidad de Málaga, Máster en Psicología de la Salud por la Universidad Miguel Hernández, Experto en Drogodependencias por la Universidad Complutense de Madrid, y Técnico en Logopedia por la Consejería de Empleo de la Junta de Andalucía. Así mismo, ha cursado estudios de Filosofía durante 3 años. Actualmente desempeña las funciones de Coordinador de los programas Terapéuticos para adultos, Responsable de Calidad, y a su vez supervisa y coordina uno de los programas de intervención dirigido a personas activas laboralmente que presentan problemas de adicción a Cocaína y/o Alcohol, principalmente, y el programa de reinserción socio-laboral para aquellas personas que han completado un proceso de tratamiento en una Comunidad Terapéutica. Así mismo, es miembro del Observatorio Proyecto Hombre sobre el perfil del drogodependiente, que desarrolla su actividad a nivel nacional. Es profesor invitado (en representación de Proyecto Hombre Alicante) de la Escuela de Formación de la Asociación Proyecto Hombre (Impartiendo la materia: Perfil profesional en Proyecto Hombre, Trabajo y Gestión de Equipos, Potencial Humano del profesional de Proyecto Hombre). Ha participado en numerosas publicaciones, ha sido miembro de la Comisión Nacional de Evaluación de Proyecto Hombre (un Proyecto del Ministerio Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad), hasta su disolución el pasado 2013, y ha intervenido en múltiples foros relacionados con ámbitos afines a los trastornos adictivos. Durante 4 años fue responsable de los programas de prevención indicada para adolescentes y sus familias en Proyecto Hombre Málaga.