La ayuda mutua, la poderosa herramienta en adicciones

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Jornadas de AERGI 2016 / InD

“Me tenía que enfrentar a lo que más miedo me daba, a mí mismo”. Se escuchan frases como esta en la terapia de grupo de la asociación AERGI de San Sebastián, pero podría ser cualquier terapia de cualquier asociación basada en la ayuda mutua.

La ayuda mutua como su propio nombre indica se trata de que unos ayudan a otros con reciprocidad.  Se asemeja a aquello que vemos en las películas, en las que alcohólicos anónimos aparecen repetidas veces: ‘hola soy Juan y soy alcohólico. Llevo 3 meses en abstinencia’. Sin embargo, en España, aunque existen también alcohólicos anónimos, estos coexisten con otras ONGs con dos diferencias principales: Alcohólicos Anónimos cuenta con un sistema de 12 pasos con una importante base religiosa y, dos no suelen reconocer en público su participación en el grupo. Las asociaciones como AERGI, muchas de ellas incluidas en CAARFE, la confederación nacional que las engloba, se caracterizan por mostrar los rostros reconociendo la enfermedad en público y por trabajar a través de la ayuda mutua como complemento a la intervención psicológica y en ocasiones médica.

Los grupos de ayuda mutua están compuestos por personas que se reúnen de forma continuada para compartir sus experiencias y que pueden servir de ayuda a personas que ahora pasan por una situación similar a la que entonces sufrieron ellos.

La raíz de estos movimientos de ayuda mutua se remonta al siglo XIX, y contaban con un carácter más bien religioso o militar. Su evolución permitió, como se explica en el editorial ‘Alcoholismo y ayuda mutua. De la necesidad a la evidencia’ (publicado en la Revista Adicciones),  el surgimiento de programas específicos como el comentado en el inicio del reportaje,  Alcohólicos Anónimos, y con el tiempo incluso contando con grupos de familiares, Al Anon, o de jóvenes, AlAteen.

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Grupo de terapia de CAARFE / Imagen cedida por CAARFE

EEUU reconocía este sistema como base principal en el tratamiento de enfermedades mentales en 1978. De este modo, la ayuda mutua no ha hecho más que coger fuerza con el paso de los años. En Europa existe la European Mutual Help Network for Alcohol Related Problems (EMNA), una organización que aglutina a muchas de las que a nivel nacional trabajan en distintos países de Europa. Y es que en adicciones los grupos de ayuda mutua tienen una eficacia científica demostrada. Tras la realización de varios estudios, todos parecen concluir que efectivamente son eficaces y necesarios. Las personas que participan en grupos de ayuda mutua mantienen la abstinencia durante más tiempo que los que no lo hacen y, es por ello que se anima a que los profesionales de la salud remitan a los pacientes con problemas de adicción a grupos de este tipo.

En España el doctor Rubio también demostró mediante un estudio que los familiares de las personas con adicción que asistían a terapias de este tipo, mejoraban la situación del propio familiar pero también la del enfermo, porque contribuía en un menor abandono y menos días de consumo durante el tiempo de tratamiento.

LAS EMOCIONES EN TERAPIA

“Las mentiras tenían que ser cortas y sencillas, así eran de puta madre. Y para mentirme emocionalmente me parecía que las emociones tenían que ser como esas mentiras, cortas y sencillas”. Otro miembro de AERGI hablaba así ante sus compañeros sobre algo fundamental y que se trabaja en terapia grupal, la gestión emocional. Las personas con problema de adicción se caracterizan por no saber gestionar las emociones. Puede que la adicción les haya llevado a esa situación pero puede también que no haber aprendido a gestionar las emociones a lo largo de la vida les haya llevado a consumir para controlar esas emociones.

¿Cuántas veces no hemos oído a un joven decir ‘si bebo un poco y cojo el punto me relaciono mejor o ligo más’? Esto es utilizar la sustancia ‘alcohol’ para gestionar una emoción, que en este caso puede ser timidez y controlar mejor una situación determinada como en este caso puede ser ‘salir de fiesta’ o ‘relacionarme con otras personas’. Es por esto que es fundamental el trabajo de las emociones, enseñar y aprender a afrontar la frustración, la timidez, la ira, la alegría, la tristeza, etc. Y para ello primero hay que detectar la emoción, ser consciente de ella y aceptarla como parte de uno mismo en ese instante. Entender que las emociones fluctúan y cambian a lo largo del día y de las situaciones. Comprender que el ser humano está programado así, con un cerebro emocional que actúa de modo mucho más impulsivo, y con otro racional. Que esto es completamente natural y que no sucede nada si se aprende a gestionarlo y domar el caballo para que no se desboque.

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Los grupos de ayuda mutua en muchas ocasiones está guiado por un terapeuta y no son únicamente una herramienta que permite conservar la abstinencia, sino que trabajan a muchos niveles:

  • Trabajan el autoconocimiento
  • Trabajan la detección y gestión emocional
  • La obtención de información
  • La comprensión por parte de personas que han sufrido una situación similar
  • La relación con iguales
  • Salir del propio aislamiento
  • La creación de actividades alternativas a la propia adicción

“Tengo culebras en el estómago solo de oír a los compañeros. Yo lo pasé muy mal, no quiero volver ahí”. Participar en un grupo de ayuda mutua de forma proactiva ayudará incluso años después de haber conseguido la recuperación. La cooperación y el apoyo son y serán el futuro en la recuperación de multitud de enfermedades, incluida, la adicción.