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La ausencia de regulación o la autorregulación no son efectivas para controlar el daño provocado por el juego

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Junio del 2012 marca un antes y un después en el juego online. Ese es el mes y el año en el que se otorgan las primeras licencias que permiten el desarrollo de las actividades del juego de forma online en España, amparadas por la Ley de regulación del juego del 2011. Es desde entonces que la tendencia solo hace que crecer. Solo en 2019 se obtuvieron unos ingresos netos de 749 millones de euros, según datos del Ministerio de Consumo, fueron 699 millones en 2018 y 557 millones en 2017. Esta tendencia al alza deberá analizarse una vez acabe el 2020, año en el que hubo un confinamiento y muchos jugadores que se desplazaban de forma presencial a los salones, se vieron en la obligación de adaptarse a la nueva situación de restricciones de la movilidad, jugando desde sus dispositivos móviles en casa. Los datos más recientes emitidos por la Dirección General de la Ordenación del Juego, DGOJ, indican que solo en marzo de 2020, el juego online movió en España un total de 67, 74 millones de euros.

Las apuestas, seguidas por el casino y el póker, son los juegos online de más alta participación, por lo menos hasta el 2019 y antes de la irrupción de la COVID. Las asociaciones de jugadores en rehabilitación observaron durante ese período, el traspaso del juego presencial al online y presionaron a la administración pública y Gobierno para que regulara de forma urgente y rápida esta situación. Así lo hicieron con un Real Decreto que entró en vigor durante el tiempo de confinamiento, con restricciones de horarios, publicidad, bonos regalo, etc.

La incidencia del juego sobre la economía, y en concreto, la incidencia del juego online, es más que evidente. Sin embargo, es muy necesario que se tenga en cuenta la potencialidad de afectación sobre la salud de la población. Hay un impacto importante del juego sobre aspectos sociales también. La accesibilidad y la disponibilidad son factores que predisponen a la expansión de esta adicción, y es evidente que el juego online, es muy accesible y muy disponible. Varios estudios científicos han evidenciado que el medio online facilita el juego problemático y el juego patológico: “Si algo hemos aprendido con la adicción al alcohol, el tabaco u otras sustancias es que la ausencia de regulación y la autorregulación no son efectivas para controlar los daños provocados por las conductas adictivas en los más vulnerables, tanto la persona que sufre la adicción como en su entorno. También en el juego online, hay que restringir la publicidad y limitar el acceso, especialmente a la población vulnerable por condiciones sociales, psicológicas y biológicas. El sistema fiscal sobre los juegos de azar debe servir para desincentivar el juego y para reequilibrar la balanza de daños”, afirma Hugo López, vicepresidente segundo de Socidrogalcohol.

COMORBILIDAD PSIQUIÁTRICA Y JUEGO

Según la publicación Juego y Comorbilidad, de la Federación Española de Jugadores de Azar Rehabilitados, FEJAR: “La mayoría de los estudios demuestran que el juego problemático afecta especialmente a los varones, siendo el principal trastorno comórbido el abuso de sustancias. Las mujeres jugadoras, sin embargo, presentan mayor psicopatología general y más comorbilidad con trastornos del estado de ánimo”.

La evidencia científica ha puesto de manifiesto que el juego problemático aparece de forma comórbida principalmente con el trastorno por uso de alcohol y la adicción al tabaco. Según el citado informe, los jugadores patológicos podrían tener una mayor probabilidad de presentar enfermedades mentales, como trastornos afectivos, de ansiedad, tendencias autolíticas y/o trastornos por uso de sustancias, en comparación con los no jugadores.

Francisco Pascual, presidente de Socidrogalcohol asegura que “es importante por tanto hacer un correcto diagnóstico y descartar cualquier comorbilidad que pueda ser causa o consecuencia del Trastorno por Juego. Pero aún más importante si cabe es analizar los condicionantes sociales, ambientales y familiares para actuar sobre ellos y así permitir una recuperación íntegra de la persona”.

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