Experiencias en Proyecto Hombre Alicante. Parte 2

Lea la Parte 1 del artículo

Lydia (39 años) Hermana de persona en tratamiento

Creo que en mi caso el problema vino a mí, no lo descubrí. Sabia de un consumo esporádico pero uno nunca piensa que eso te pueda pasar a ti, a tu entorno más cercano, a tu hermano, ese chico listo que nunca haría algo así, “el controla”. Pensamiento erróneo…

Pidió ayuda de diferentes maneras, pero solo vimos la realidad cuando la tuvimos tal cual ante nosotras. Es duro, muy duro verla y no saber qué hacer. Te vienen mil pensamientos a la cabeza, cada cual más irracional y unas ganas de matarlo que no sabes de donde vienen. “Como me puede hacer esto a mí”, es lo primero que te viene a la mente y no te das cuenta hasta mucho más adelante que el daño más grande solo se lo ha hecho a sí mismo, tu eres solo un daño colateral.

Afrontamos el problema con miedo y muchas dudas e inseguridades. No sabíamos a que nos enfrentábamos, era algo totalmente desconocido para todos y nos encontrábamos muy perdidos. Preguntamos, buscamos información y dimos con Proyecto Hombre. Concertamos una cita, nos dieron todo tipo de información sobre el tema, nos tranquilizaron y decidimos poner solución al problema con su ayuda.

Era un proceso largo, nos dijeron, y conlleva una serie de responsabilidades que debéis asumir. No hubo duda alguna, nos comprometimos desde ese mismo instante.

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Es complicado dejar un poco de lado tu vida para acompañar a esa persona en ese camino, pero lo haces y no te arrepientes. Te obliga a cambiar ciertos aspectos de tu día a día y adaptarlos a las necesidades del proceso, de tu “usuario”. Tú pasas a un segundo plano y esa situación a veces te supera, te cabrea, te incomoda… pero sigues a su lado, luchando por el cambio. Tuve que pedir favores en el trabajo, dejar de lado mi vida social para hacerla con él, empezar nuevas rutinas y crecer a su lado, empezar de nuevo uno junto al otro, caminando en paralelo. Difícil, a veces frustrante, pero como he comprobado, no imposible.

Durante el proceso, los familiares tenemos unas reuniones, terapias de grupo más concretamente, donde nos enseñan a ayudarles y ayudarnos, algo muy importante para que todo funcione.

 Tú pasas a un segundo plano y esa situación a veces te supera y te cabrea

Es una situación muy complicada que no entiendes como llega a pasar, piensas “hay que ser muy tonto para eso”, para arruinarse la vida de esa manera. Cuesta trabajo entender que es una enfermedad, y ese es el punto de partida para mi evolución como familiar y acompañante. Ese punto de inflexión es el que marca la diferencia en todo el proceso, hasta que no entendí esa realidad no pude estar al cien por cien.

Llegar hasta ahí y entender ciertas cosas me ha hecho mejorar como persona, te enseñan a ver las cosas desde otro punto, a ser más asertivo, a ponerte en la piel de la otra persona, a entender su punto de vista y sus sentimientos… No solo con tu familiar, sino en la vida en general.

Ahora mi relación personal con mi familiar, mi hermano, es muy diferente, es real y honesta, yo soy honesta con él, es lo que me han enseñado y así todo va bien. Ahora se enfrentarme a las situaciones de otra manera, con otra actitud. He aprendido a escuchar, a dialogar y a ver el lado positivo de las cosas: un tropezón es una forma de ver un error y rectificar.

Fina (60 años) Terapeuta en Proyecto Hombre Alicante

En un principio yo me acerqué a Proyecto Hombre como una experiencia de crecimiento personal, y descubrí que el método Proyecto Hombre debería ser algo que todo el mundo hiciese, del que todo el mundo se beneficiase, ya que sirve para crecer como persona, seas o no adict@.

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¿Cómo llegué a Proyecto Hombre?

Siendo voluntaria en el Teléfono de la esperanza en Alicante asistí a una formación a Valencia, donde conocí a Esperanza, quien era terapeuta en proyecto Hombre Valencia, y me habló de Proyecto Hombre, así como de la apertura de un centro en Alicante (de esto hace ya 22 años) y me puso en contacto con el primer director de Proyecto Hombre Alicante, quien me dio una oportunidad para trabajar en este ámbito.

Durante mi formación como terapeuta de Proyecto Hombre descubrí que tod@s teníamos rasgos dependientes: dificultades con los padres, deshonestidades, evitación del conflicto, miedo al rechazo…

De alguna manera todo esto hacía que nos sintiésemos víctimas, y nos comportásemos como tal.

Algo que me sirvió desde el principio y me sirve ahora mucho es la experiencia de encuentro con la persona, ayudándome a favorecer las relaciones personales, laborales y familiares, a sentirme más humana…

¿Qué hago en Proyecto Hombre?

Creo que el objetivo de l@s profesionales ha de ser ayudar a las personas que acuden a Proyecto Hombre a que sean capaces de convivir con su malestar, sus miedos, sus angustias…, viéndolas como una oportunidad, sin personalizar y sin vivirlas como incapacidades propias. Desdramatizar y asumir responsabilidades, mejorando los errores y potenciando los aciertos.

Si una persona no se equivoca no puede aprender, si alguien no es capaz de reconocer su cadena de conducta no la puede cambiar, y repetirá tanto lo positivo como lo negativo.

Si una persona no se equivoca no puede aprender

¿Qué supone trabajar en Proyecto Hombre?

Supone ser cercana, pero a la vez hay que ser capaz de confrontar a cada persona con su realidad, con sus conductas, si miedo al rechazo.

También supone aprender a vivir en una “crisis continua”, exigencia y responsabilidad permanente.

Para entender a una persona que tiene problemas de adicción no hace falta haber consumido drogas, pero si identificar mis propias dificultades e incoherencias, pues los mecanismos son idénticos.

El día a día de mi trabajo es ilusionante, a pesar de la cantidad de tareas que tenemos, y de que gestiono a un equipo, que también tiene sus dificultades, pero me gusta el trato con las personas, ver cómo podemos mejorar día a día.