¿Es mi hij@ sectadependiente?

sectadependencia

Cuando una persona es incapaz de desvincularse de un determinado comportamiento o actividad, hablamos de adicción comportamental. Si esta incapacidad se asocia a grupos manipulativos, estaríamos ante una adicción grupal o sectadependencia.

Pese a la inexistencia de un perfil concreto y determinante de adepto, el colectivo joven universitario se sitúa dentro de los más vulnerables a convertirse en sectadependiente. Esta vulnerabilidad se debe, por un lado, al interés de las sectas por hacerse con personas inteligentes con proyección profesional. Por otro, por la gran variedad de intereses de muchos jóvenes en pleno desarrollo intelectual. Así, son bastantes los padres y madres que tras percibir cambios drásticos en el comportamiento de su hijo/a, se ven desbordados ante la perplejidad de la situación y el alejamiento progresivo del mismo/a.

Los siguientes indicadores pueden servir de guía a la hora de identificar a una posible víctima de manipulación grupal, teniéndose siempre en cuenta que la ocurrencia de criterios aislados no tiene por qué ser determinante:

  • Distanciamiento y/o separación rotunda de seres queridos (familia, amigos, pareja). Éstos se vuelven la causa de todos sus problemas y decepciones.
  • Ocultación de información y uso de mentiras para justificar algún aspecto de su comportamiento.
  • Cambios en la alimentación, los hábitos de sueño, las actividades de ocio  y la forma de ver y entender la vida.
  • Exaltación del nuevo grupo, su doctrina y, sobre todo, del maestro, líder o fundador.
  • Comportamiento falso, artificial, “como si no fuera el/ella”.
  • Nuevos intereses relacionados con una determinada ideología o movimiento de los que apenas comparte información.
  • Pensamiento inflexible, sin posibilidad de debate respecto a sus nuevas creencias e ideas.
  • Deterioro y/o abandono del curso académico
  • Gran irritabilidad ante las críticas hacia la organización en cuestión.
  • Expresiones extrañas, inusuales, clichés língüisticos y/o lenguaje manipulado.
  • Consideración del resto de personas ajenas al grupo como inferiores o ignorantes de “la verdad”.
  • Vinculación cada vez mayor con actividades vividas por la persona como relevantes o vitales y que absorben la mayoría de su tiempo y energía.

La familia es una de las principales fuentes de apoyo con las que cuenta el adepto y que los profesionales aprovechamos a la hora de intervenir en las distintas etapas de la sectadependencia. Por ello, la identificación y alerta de una posible situación de manipulación psicológica grupal es crucial para el afrontamiento de la misma, la reducción de daños y, sobre todo, la debilitación del vínculo dependiente.

La peligrosidad de esta adicción reside en la pérdida gradual de la identidad de la persona, en el deterioro de su capacidad crítica y en la reestructuración de su sistema de creencias. En consecuencia, el afectado queda anulado, cegado y totalmente incapacitado para reconocer el carácter nocivo de su relación con el grupo y son sus familiares, por tanto,  los que suelen (y deben) buscar ayuda experta.

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Ana Castaño

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