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Entrevista a Miriam Vázquez de Santiago, psicóloga y dirección del Espai Ariadna de la Fundación Salud y Comunidad

Miriam Vázquez de Santiago es Psicóloga feminista, Máster en Violencia de Género con una larga trayectoria en atención al duelo e intervención en drogodependencias. Viene trabajando, desde hace años, la violencia machista y la perspectiva de género desde diferentes ámbitos. Desde la intervención directa con mujeres, la coordinación de proyectos y equipos especializados, hasta la formación de profesionales y la participación en jornadas. Actualmente, y desde su creación en Noviembre de 2013, lleva la dirección del Espai Ariadna de la Fundación Salud y Comunidad. Lo que le ha permitido profundizar en la interseccionalidad entre la violencia machista y la adicción a sustancias.

Pregunta. ¿Qué relación existe entre la violencia de genero y el consumo de sustancias?  

Miriam Vazquez de SantiagoRespuesta. Cuando hablamos del binomio drogas-violencia de género y su interseccionalidad es importante subrayar que no lo hacemos porque nos estemos refiriendo a  relaciones causales entre drogodependencias/abuso de sustancias y violencia de género. Nada más lejos de nuestra intención.

Sí  se trata de cuestionarnos, hacernos preguntas y de observar las interrelaciones entre una problemática y la otra cuando estas dos coexisten. Y en esta observación partir de que la violencia de género es un problema estructural y la construcción de la drogodependencia en las mujeres y, por lo tanto, su tratamiento tiene especificidades de género.Y, en definitiva,  que lo que pasa en un mismo cuerpo está forzosamente relacionado y por eso hablamos del binomio drogas-violencia de género y de su interseccionalidad.Sólo basta escuchar a las mujeres para saberlo.“ Yo no tengo dos cajas separadas, una de la adicción y otra de la violencia, tengo una sola caja adentro mío y está todo mezclado” Mujer usuaria del Espai Ariadna

 P. ¿Es el consumo causa principal del comportamiento violento? ¿O bien hay otros factores que lo producen? 

R. Como decía anteriormente en ningún caso hablamos de relación causal entre el consumo de sustancias y la violencia de género y tampoco del comportamiento violento. Es decir, si hablamos de violencia de género, ésta es una violencia estructural mucho más compleja y no se desactivaría únicamente desactivando el consumo de sustancias. Lo que hacen las sustancias es desinhibir, hacer que algunos límites que se estaban manteniendo se sobrepasen y, por lo tanto, es muy posible que un maltratrador en consumo activo ejerza una violencia de más alta intensidad que si este mismo no estuviera en consumo activo. También, cuando la mujer también es consumidora, sus alertas y capacidad para reaccionar y defenderse pueden verse afectadas. Es decir, el consumo de sustancias puede influir como intensificador de la violencia pero nunca es el origen. También, en según que contextos de consumo la violencia es un elemento que está muy presente pero las mujeres que se encuentran en estos contextos sufren violencias de género específicas como por ejemplo la prostitución forzada por parte de sus parejas consumidoras, violaciones sistemáticas, el sexo como única forma de conseguir la sustancia, mayor estigma social por el hecho de ser mujeres consumidoras, mayor culpabilización si no pueden hacerse cargo de sus hijos, etc.

P. El viernes fue el Día Internacional contra la violencia de género, ¿cómo se debe actuar en el campo de las adicciones cuando se detecta un caso? 

R. En cuanto a las personas profesionales que trabajan con adicciones yo diría que lo primero es hacer algo que hemos hecho todos los servicios de tratamiento a las adicciones de la Fundación Salud y Comunidad y es tener formación en perspectiva de género y en violencia de género e introducir esta mirada al mundo en base a la variable género en nuestros proyectos y en las intervenciones que realizamos. Esto va a permitirnos poder detectar y comprender mejor este problema. No puede ser que alguien que trabaje en adicciones me diga que una mujer que está atendiendo nunca ha vivido violencia de género. Es casi imposible cuando en nuestros servicios sabemos que el 60% de las mujeres drogodependientes que hemos atendido han sufrido violencia de género en la pareja y el 100% ha sufrido algún tipo de violencia de género y alrededor de un 60% han verbalizado haber sufrido abusos sexuales. Pero esto sólo podemos saberlo si nos parece importante explorarlo.

También hay una serie de buenas prácticas que hemos detectado que son:

  1. Participación en los circuitos territoriales de violencia.
  2.  Introducir herramientas de detección precoz.
  3. Formación.
  4. Establecer protocolos de coordinación y derivación entre las redes de violencia y de adicciones.
  5. Desarrollo de investigaciones con el fin de visibilizar.
  6. Trabajar la toma de conciencia sobre la problemática no identificada.
  7.  Servicios residenciales específicos para ambas problemáticas.
  8.  Tratar ambas problemáticas simultáneamente.
  9. Realizar actividades dirigidas a este colectivo en ambas redes.
  10.  Trabajar con agresores drogodependientes

A las mujeres que sufren adicción y lo identifican me gustaría decirles que lo expliquen, que no lo oculten porque no se las va a juzgar sino que se las va intentar ayudar sin prejuicios. Pero no puedo hacerlo porque no estoy segura de que vaya a ser así.

Y si pudiera decirles todo esto a las mujeres, a las personas del su entorno podría decirles algo similar pero desgraciadamente y dado el estigma social que sufren estas mujeres,la mayor parte de las veces los familiares no están. También seguramente han sufrido o están sufriendo mucho y se han retirado. Eso si la mujer no ha vivido violencia por parte de ellos. Yo les diría que las mujeres se han construido en relación y la reparación de las relaciones forma parte de su proceso de recuperación.

P. A nivel comunicativo, ¿Qué hacen bien y qué hacen mal los medios?

R. Los medios de comunicación hacen bien intentando visibilizar los casos de muerte por violencia de género aunque el tratamiento de las noticias sería muy mejorable en algunos casos. Como cuando dicen que “una mujer ha muerto por violencia de género” No, no ha muerto, ha sido asesinada, las mujeres no se mueren por violencia de género como si fuera algo abstracto. Es un agresor el que ejerce esta violencia.

Lo que hacen mal es quedarse ahí porque eso es sólo una parte del problema, cuando ya es irreparable.

De hecho los medios reproducen la violencia cuando cosifican los cuerpos de las mujeres, normalizan la violencia en las relaciones entre jóvenes, etc. Hay programas y series de televisión que son pura violencia de género y son mayoritariamente dirigidos a los jóvenes.

Por otro lado cada vez más hay medios de comunicación que intentan darle la vuelta a esto pero son pequeños y llegan a poca gente. Con las redes sociales también podemos actuar personalmente y tener repercusión así que la militancia en el dia a día cobra muchísima importancia.

P. Qué mujeres son más vulnerables a sufrir violencia de género y por qué? 

R. Todas las mujeres somos susceptibles de recibir violencias de género y de hecho la vivimos cada día en diferentes contextos (social, laboral, educativo, familiar, etc)

Dicho esto la posibilidad de que sufras una violencia de género más intensa está relacionada con las diferentes interseccionalidades de las personas (raza, religión, etnia, nivel socioeconómicio, edad, capacidad, etc) Así que no es lo mismo ser una mujer blanca, que una mujer blanca drogodependiente, que una mujer negra drogodependiente y pobre… Esta vulnerabilidad está muy relacionada con las posibilidades reales de defenderse o de salir de la situación de violencia y eso los agresores lo saben.

El martes estuve en una mesa sobre la doble vulnerabilidad en el XIV Congreso sobre  Violencia contra la Mujer de Alicante y allí salieron cosas muy interesantes. Las mujeres drogodependientes tienen una doble vulnerabilidad y sufren una doble discriminación. Esta doble vulnerabilidad está hecha de una autoestima triplemente dañada, de culpa, de menor capacidad de reacción, de no ser vistas como víctimas de violencia de género, de la normalización de la violencia en contextos de consumo incluso por las personas profesionales, etc. También se habló de la doble vulnerabilidad de la tercera edad por los años de violencia recibida y por lo tanto el mayor daño, por las pocas posibilidades de salir de la situación y sobretodo hubo algo que me impactó mucho que es que las mujeres mayores sienten que no tienen esperanza, que su única salida a la violencia es esperar a que el marido se muera antes y tener así algún año de tranquilidad. Es muy duro que estas mujeres tengan que esperar eso. Y, por último se habló de mujeres con discapacidad y como su situación de dependencia (muchas veces del propio agresor) y el propio sistema hace muy difícil que estas mujeres salgan de la situación de violencia, eso si ellas pueden verbalizarlo y las profesionales las llegamos a entender.

Estos son sólo algunos ejemplos pero os podéis hacer una idea de que si vamos sumando interseccionalidades se va haciendo cada vez más complejo el problema.

P. Sabemos que hay distintos grados de violencia, ¿Qué son los micromachismos y cómo afectan en la continuidad la hora de preservar estereotipos que conllevan que por ejemplo la violencia e género siga estando presente?

R. Luis Bonino fue el primero que habló del término micromachismo. Bonino dice que son comportamientos masculinos que buscan reforzar la superioridad sobre las mujeres. “Son pequeñas tiranías, terrorismo íntimo, violencia blanda”, “suave” o de baja intensidad, tretas de dominación, machismo invisible o partícula “micro” “

Es lo casi imperceptible, lo que se tiene que mirar con microscopio. Pero lo grave de ellos es que actúan en manada y constantemente, están desde el principio de la socialización de hombres y mujeres.

Son como la gota china, una forma de tortura lenta cuyo daño no puedes prácticamente ni describir. Los micromachismos son la base del iceberg de la violencia de género y si no acabamos con ellos no acabaremos con la violencia de género definitivamente. Pero hay muchos, son como una plaga y cuando consigues desactivar unos se activan otros. Son muy perversos y algunos tan elaborados que hasta a las personas que somos expertas en género nos pueden resultar invisibles en algún momento.

Los micromachismos empiezan en la mas tierna infancia como por ejemplo en los diferentes colores y mensajes que se pueden leer en la ropa de niños y niñas, la diferenciación entre los juguetes para niñas y para niños. Están en la vida cotidiana cuando se distingue entre señora y señorita o te ceden el paso o le traen la cuenta al hombre que esté contigo. También cuando estás con un grupo de amigas y te dicen “¿qué hacéis tan solas?” No, perdona, es que no estamos solas somos unas cuantas. O en la adolescencia tus padres te dicen a ti y a tu amiga “No vayáis solas”. Este tipo de cosas son micromachismos y los tenemos metidos en todos los poros de la piel.

 P. Pasan los años y la sociedad evoluciona, ¿Por qué las jóvenes de hoy son igual o más vulnerables que antes? 

R. No soy experta en jóvenes, quizá mis compañeros de prevención podrían contestar mejor que yo. Pero en mi opinión, no es que las jóvenes de hoy sean más vulnerables, si no que siguen estando en riesgo y que quizá esos riesgos hayan evolucionado, cambiado igual que muta un virus porque ya habíamos creado unas defensas contra él. Ahora unos de los virus más peligrosos es el espejismo de igualdad. Las jóvenes piensan realmente que están en un plano de igualdad y por lo tanto muchas veces no se plantean que estén viviendo algún tipo de violencia de género, las alertas y las defensas están desactivadas. Porque si realmente creo que vivo en una sociedad igualitaria ¿a que tengo que estar atenta? 

P. ¿Qué pasos o cosas pequeñas podemos introducir en nuestras vidas para que repercuta en la educación de modo que poco a poco podamos ir acabando con la violencia? 

R. Se han hecho muchos programas dirigidos a jóvenes, algunos mejores que otros pero realmente la asignatura pendiente es trabajar la socialización de género desde la infancia, a través de las familias y desde las escuelas de infancia porque cuando empiezas a trabajar con jóvenes ya hay muchos estereotipos, micromachismos que están actuando y son más difíciles de desactivar. Ya se ha construido prácticamente la identidad en base al binomio sexo-género, ya conoces el amor romántico y ya te han explicado que tu objetivo en la vida es estar en pareja. Ya has visto todas las películas Disney y ya has recibido en algún que otro lugar por hacer algo que se sale de la norma.

Sin duda lo que de verdad impactaría sería cambiar la educación que les damos a nuestras pequeñas y pequeños en el día a día en todos los ámbitos.

 P. Un mensaje.

R. Mi mensaje es el que me gusta transmitirle a las mujeres con las que trabajo día a día. Tienen que saber que son mujeres sobrevivientes de la violencia y que pueden cambiar sus vidas. Que no se merecen que las traten mal y que ellas no son las culpables. Que somos muchas mujeres, lesbianas y trans las que estamos ahí luchando por nuestro derecho a estar vivas (y digo vivas en todos los sentidos) Y que las que puedan hoy vayan a alguna manifestación del 25N. De verdad que es un chute de energía para seguir.