Entrevista a Ignacio Basurte sobre la adicción a la comida

Foto Dr. BasurteIgnacio Basurte Villamor es Coordinador asistencial de la Clínica de Trastornos de la Conducta Alimentaria y además trabaja en el  Hospital General Universitario Gregorio Marañón y participó recientemente en las Jornadas de Patología Dual celebradas en Madrid. Basurte habla de las similitudes entre comportamientos adictivos y algunos trastornos de la alimentación.

Pregunta. ¿Existe la adicción a la comida? ¿En qué consiste?

Respuesta. Existen similitudes entre los comportamientos adictivos y los trastornos alimentarios. Hay involucrados sistemas de recompensa y circuitos cerebrales que se asemejan a los que se producen en personas con adicciones cuando consumen sustancias adictivas. A la vez, los comportamientos y la perdida de autocontrol recuerdan mucho a lo que se produce en las personas con trastornos por uso de sustancias.

P. ¿Existen similitudes entre una bulimia y/o anorexia con una adicción a la comida? ¿No son ambos un trastorno de la alimentación?

R. La anorexia y la bulimia son trastornos de alimentación. Hoy podemos encontrar semejanzas en cuanto a comportamiento adictivo tanto en la restricción alimentaria como en los atracones, características fundamentales en ambos trastornos respectivamente.  Hay otros trastornos de alimentación como sería el trastorno por atracón que se asemejaría al trastorno bulímico pero sin conductas compensatorias. No necesariamente un trastorno de alimentación debe acompañarse de una adicción a comer.

P. ¿Quiénes suelen presentar este problema de salud? ¿Cuál es su perfil?

R. Como en las sustancias, el factor ambiental parece determinante ante una vulnerabilidad individual al desarrollo de una adicción. La diferencia es que si no consumes sustancias adictitivas por mucho que tengas esa vulnerabilidad es difícil que la adicción aparezca y sin embargo es poco probable que puedas vivir sin alimentarte.

P. ¿Por qué se producen? ¿Qué hay detrás de él, qué carencias existen?

R. Lo que sabemos hoy, es que excepto la cafeína, no existen alimentos, ni conjuntos de alimentos, ni micronutrientes que puedan generar una adicción por sí mismo. También sabemos que hay alimentos específicos como pueden ser los azucarados, las grasas y la sal, que estimulan los mismos circuitos de recompensa que se producen cuando consumes una sustancia adictiva. Finalmente esto hace que la ingesta de alimentos sea mayor y se pueda llegar a esa perdida de control con la alimentación, constituyéndose una adicción comportamental a comer.

P. ¿Contribuye la sociedad a facilitar la adicción a comer?

R. Desde el punto de vista evolutivo, observamos que actualmente la disponibilidad de determinados alimentos, especialmente los que son agradables al paladar o “sabrosos” se encuentran de manera abundante en la sociedad. A nivel cerebral, no ha dado tiempo a una adaptación adecuada a este cambio evolutivo. De estar en un ambiente carencial hemos pasado a un ambiente de exceso, fundamentalmente con alimentos ricos en grasas, azúcares y sal, con las consecuencias que ello conlleva.

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P. ¿Cómo está la investigación al respecto? ¿Hay mucha o poca? ¿Qué últimos avances se han realizado?

 R. El compartir el mismo campo que las adicciones a sustancias, permite que los abordajes terapéuticos en los trastornos adictivos sean asimilables en algunos trastornos de alimentación y viceversa.  A día de hoy se estudia la disfuncionalidad de circuitos cerebrales endógenos que implican neuropéptidos con propiedades gratificantes asociados a el mero acto de comer o disponibilidad de determinados alimentos con alto potencial de gratificación.  La vulnerabilidad más importante en las adicciones comportamentales, como en las adicciones a sustancias, puede presentar otro trastorno mental del tipo de déficit de atención, ansiedad, depresión,…Todavía queda pendiente mucha investigación en las bases neurobiológicas de la adicción a comer y de su etiopatogenia (lo qué produce la enfermedad).

P. ¿Cómo se detecta?

R. Cualquier trastorno de alimentación debe ser diagnosticado y tratado de manera precoz y eficaz para una correcta evolución. A diferencia de la anorexia, que llama la atención por la perdida importante de peso y pone en preaviso a familiares y entorno, el resto de los trastornos alimentarios pueden pasar desapercibidos por encontrarse con pesos adecuados o sobrepeso durante años. En estos casos o bien consultan por iniciativa propia o su entorno más próximo es el que percibe un patrón inadecuado de la conducta alimentaria. El retraso en la detección conlleva que muchos de estos trastornos puedan cronificarse.

P. ¿Cómo se debe actuar una vez detectado? 

R. Se debe hacer una aproximación en distintos frentes de manera integral. El objetivo final es el desarrollo de unas pautas de alimentación normalizadas, tratar de manera adecuada la sintomatología asociada (principalmente ansiedad y depresión), modificar las actitudes e ideas disfuncionales respecto al peso y la imagen corporal si existiesen, al igual que promocionar la desaparición de atracones y de las conductas purgativas. También es fundamental el aprendizaje de pautas para crear y mantener relaciones sociales estables y la prevención de recaídas.

P. ¿Qué se puede hacer para prevenirlo?

R. Una buena prevención de otros trastornos mentales, puede repercutir en una mejor prevención de las adicciones comportamentales como la adicción a comer.