El vino en el cristianismo

Debido a un creciente proceso de secularización de la sociedad y del peso cada vez más relevante que ha adquirido la ciencia, en

La última cena de Salvador Dalí/http://www.passion-estampes.com/deco/dali-cene-es.html

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ocasiones podemos pasar por alto la influencia que la religión ha tenido en nuestra cultura. Así, actualmente, se suele asociar el alcohol y otras drogas con contextos recreativos, nocturnos y con personas jóvenes. No obstante, el vino es un elemento que también ha estado presente en la religión cristiana desde sus inicios.

De este modo, podemos hallar referencias al vino en la misma Biblia, como constata José A. Molina. Así, siguiendo a este autor, podemos encontrar las siguientes connotaciones en cuanto al vino en los textos bíblicos:

-Es valorado positivamente, por ejemplo, en el Salmo 104, 15 y en Jueces 9, 13.

-En considerado como un don de Dios en Oseas 2, 10.

-En Génesis 27, 28 la abundancia de vino es tomada por un signo de riqueza.

-También se considera un signo escatológico en Amós 9, 13.

-Se muestran las consecuencias de su consumo desmesurado en Génesis 43, 34.

-Se reconoce su empleo en las libaciones en Jueces 9, 13 y Deuteronomio 32, 37.

-Y su consumo desmesurado es criticado por los profetas y los sabios en Isaías 5, 11 s. 22 y Proverbios 23, 20; 30 respectivamente.

La figura de Jesucristo también aparece ligada al vino en varios episodios bíblicos. Así, éste convierte el agua en vino en las bodas de Caná, milagro que es narrado en el IV Evangelio (Juan 2, 1-11). Sin embargo, el episodio más recordado de la figura de Jesucristo en relación con el vino es la escena de la Última Cena recogida, por primera vez, en la Primera Carta de los Corintos 11, 23-25. Así, podemos encontrar las siguientes palabras:

“Yo recibí del Señor lo que os he transmitido: Que Jesús, el Señor, en la noche que fue entregado, tomó pan, dio gracias, lo partió y dijo: ‘Esto es mi cuerpo, que se entrega por vosotros; haced esto en memoria mía’. Después de cenar, hizo lo mismo con el cáliz, diciendo: ‘Este cáliz es la nueva alianza sellada con mi sangre; cada vez que la bebáis, hacedlo en memoria mía’. Pues siempre que comáis este pan y bebáis este cáliz anunciáis la muerte del Señor hasta que vuelva. Por eso, el que come del pan y bebe del cáliz del Señor indignamente será reo del cuerpo y de la sangre del Señor”.

Éste es un episodio capital para la religión cristiana, ya que Jesucristo instituye la Eucaristía: se ofrece a sí mismo en sacrificio (“esto es mi cuerpo”; “este cáliz es la nueva alianza sellada con mi sangre”) e incita a los apóstoles y a sus seguidores a repetir este sacrificio (“hacedlo en memoria mía”). De este modo, en la misa cristina se repite una y otra vez el sacrificio de Jesucristo, que se convierte en un sacrificio real con su muerte en la cruz. En palabras de Desiderio Blanco: aunque las formas y figuras sean distintas, la víctima [Cristo] es siempre la misma: en la Cena, en la Cruz, en la Misa”.

La Última Cena y las bodas de Caná son dos episodios de la vida de Cristo donde el vino tiene gran protagonismo

Pero, además, es necesario dejar constancia del poder performativo de las palabras de Cristo. Así, sus palabras no solo designan una realidad sino que las transforman, puesto que transmutan el pan y el vino en su cuerpo y en su sangre respectivamente. Como recoge Blanco, el concilio de Trento confirma este hecho: “Porque Cristo, nuestro Redentor, dijo que lo que ofrecía bajo la especie de pan era verdaderamente su Cuerpo, se ha mantenido siempre en la Iglesia esta convicción, que declara de nuevo el Santo Concilio: por la consagración del pan y del vino se opera el cambio de toda la sustancia del pan en la sustancia del Cuerpo de Cristo nuestro Señor, y de toda la sustancia del vino en la sustancia de su Sangre; la Iglesia católica ha llamado justa y apropiadamente a este cambio transubstanciación”.

La religión cristina crea una dicotomía entre cuerpo y alma. Sin embargo, en este momento, mediante el cuerpo, a través de la ingesta del pan y beber el vino, se puede conseguir la salvación. Como explica Vanessa Larios Robles, “el cuerpo en el cristianismo no es jamás fin en sí mismo, ni aún el cuerpo divino. Cristo lo ha de hacer morir, el hombre lo ha de hacer comer para tender dentro la presencia de Dios, bajo tal concepción, comer la carne y beber la sangre de Cristo es la única función digna que se le puede adjudicar al cuerpo, solo tras la boca tendré de Dios la vida. Una vida despojada de lo corporal en donde el hambre y la sed serán saciadas con fe”.

La asociación entre vino y cristianismo ha sido ratificada mediante los escritos de los Padres de la iglesia. De esta manera, de

Las bodas de Cana de Veronese/http://es.wikipedia.org/wiki/Las_bodas_de_Can%C3%A1_(Veronese)

Las bodas de Caná de Veronese/http://es.wikipedia.org/wiki/Las_bodas_de_Can%C3%A1_(Veronese)

acuerdo con Molina, éstos establecieron una analogía entre el lagar o la prensa con la iglesia. De esta manera, se consideraba que, al igual que la prensa servía para reunir las uvas con las que se realizaba el vino, la iglesia servía para reunir a los fieles. Debemos tener en cuenta, además, que esta iglesia es un lugar designado como “sagrado” (al igual que el lugar escogido por Jesucristo para la Última Cena) en la medida en que es un espacio designado, apartado del resto de espacios “paganos”. Como indica Cassirer, “el sentimiento básico mítico–religioso de lo sagrado halló su primera  objetivación al manifestarse en la intuición de las relaciones espaciales.  La ‘consagración’ empieza al seleccionar una determinada zona  del espacio total, diferenciándola de otras zonas, por medio del ‘acento  de sentido’ que se inscribe sobre ella. Acento de sentido que no es  otra cosa que ‘acento expresivo’, es decir, afectivo. La práctica de consagración religiosa, que se manifiesta como delimitación espacial,  tiene su contrapartida lingüística en la expresión latina templum, palabra  que procede de la raíz tem–, que significa ‘cortar’; así, pues, templum  no quiere decir otra cosa que ‘lo recortado, lo demarcado’”. En este sentido, el vino se circunscribe a un ámbito sagrado. Igualmente, los mismos cristianos eran considerados odres que, mediante el ayuno y una vida comedida, se convertirían en dignos de recibir la sangre de Cristo, tal y como recuerda Pedro Crisólogo.

Por otro lado, algunos Padres de la iglesia también consideraron que los mártires y Jesucristo fueron prensados en su martirio al igual que las uvas para hacer vino. Como afirma Molina, “habían traído la justicia sedienta y el conocimiento hambriento y fueron después como las uvas que pueden remediar tanto el hambre como la sed”. No obstante, se ensalzaba este dolor, pues, mediante él, el cristiano, al igual que las uvas prensadas, llevaría una vida provechosa. Finalmente, los Padres de la iglesia también relacionaban el vino y su proceso de producción con el Juicio Final. De este modo, en este momento supremo, la prensa destructora aniquilaría a los pecadores. Asimismo, en el Juicio Final Cristo volvería a la tierra y su sangre sería entregar a los pueblos sedientos de nuevo.

De este modo, de acuerdo con Pérez Escohotado, el vino para los cristianos se considera lícito, ya que todo lo creado por Dios es apropiado para el ser humano. De este modo, el vino es incorporado a la dieta de los cristianos. No obstante, se ha asociado también a la medicina y el pecado. De esta forma, se acepta su uso y abuso en la medida en que también se acepta la fragilidad humana y que, mediante el arrepentimiento y la confesión sacramental, se puede conseguir el perdón de los pecados.

Fuentes:

La Biblia

Desiderio Blanco. El rito de la Misa como práctica significante. http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1665-12002008000200003

Vanessa Larios Robles. La carne de Cristo. Sobre el papel del cuerpo en el cristianismo. http://serbal.pntic.mec.es/~cmunoz11/larios37.pdf

José A. Molina Gómez. El vino en la religión de los padres. http://revistas.um.es/rmu/article/view/68121/65591

Javier Pérez Escohotado. Disputa y ecumene: contexto y discurso sobre el vino entre judíos moros y cristianos en la España mediaeval http://dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/61858.pdf