El sujeto incómodo

suicidio

El suicidio es un acto radical. La persona siente que su vida ha dejado de tener sentido. Su sufrimiento es tan extremo que incluso prefiere la muerte a seguir llevando esa existencia. Pero, tras cada suicidio, siempre quedan innumerables preguntas. Y quizá la que late con mayor tesón en la mente de familiares y amigos sea ¿por qué?

Durante dos años consecutivos, 2008 y 2009, según el Instituto Nacional de Estadística (INE), el suicidio es la principal causa de muerte no natural llegando incluso a superar a los accidentes de tráfico. En 2009 (último dato aportado por el INE), se quitaron la vida 3.429 españoles mientras que los accidentes de tráfico causaron la muerte de 2.588 personas. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), a nivel mundial se produce un millón de suicidios anualmente. Y precisamente uno de cada cuatro suicidios ocurrido anualmente a nivel mundial (250.000) fueron jóvenes menores de veinticinco años. Éste es multicausal y, por tanto, no hay una razón que pueda explicar de manera sencilla por qué se suicidan los jóvenes. El suicidio está muy ligado a las enfermedades mentales, ya que la OMS considera que entre un 80 y un 90% de las personas que se suicidan padecían una de estas patologías. Y la drogadicción se encuentra dentro de estas enfermedades mentales que pueden conducir al suicidio.

Por tanto, entre los factores de riesgo que aumentan la probabilidad del suicidio se encuentra el consumo de drogas, puesto que uno de sus efectos es la desinhibición de los impulsos. “Este proceso tiene una base neurológica, ya que la ingesta de drogas trae como consecuencia que se activen los centros neuronales del placer, el sistema límbico, y que se inhiban los centros neuronales en los que reside la voluntad. Por tanto, tenemos una búsqueda de placer exacerbada y una falta de actividad de la voluntad”, comenta Daniel Lloret, psicólogo del Instituto de Investigación de Drogodependencias (INID) de la Universidad Miguel Hernández de Elche. Por tanto, el consumidor es menos capaz de controlar sus impulsos, entre ellos la agresividad. En un primer momento, las drogas proporcionan placer, pero paulatinamente destruyen todas las áreas sustentadoras de la vida de la persona. “Entramos en una especie de círculo de difícil salida que nos genera un problema sobre otro problema y al final éstos no ahogan. El suicidio puede ser visto como una salida. Por eso, la tasa de suicidio entre los consumidores es más alta que en la población general porque aquéllos que consumen son más controlados por sus impulsos que por sus reflexiones, tienen más problemas y, a su vez, más dificultades para resolverlos”, comenta el investigador del INID. Esta acumulación de problemas y los intentos fallidos que emprende la persona para resolverlos puede conducir al consumidor a pensar que es incapaz de solucionarlos. Es lo que se conoce como “síndrome de indefensión aprendida”, algo que, como comenta Lloret, “es un sesgo cognitivo”. Este hecho no implica que el consumidor no sepa solucionarlos, sino que “no aplica un sistema lógico y ordenado para resolverlos”, apunta Lloret. De este modo, se generan sentimientos de incapacidad similares a los de la depresión, otra de las enfermedades mentales muy ligadas al suicidio. De este modo, la tasa de suicidio entre las personas que padecen depresión es más alta y, a su vez, la tasa de depresivos entre consumidores también es más alta. Así, uno de cada cuatro heroinómanos es depresivo y entre un 10 y un 20% de muertes en este tipo de consumidores se puede atribuir al suicidio, según el estudio “Mortality related to drug use in Europe: public health implications” realizado por el European Monitoring Centre for Drugs and Drug Addictions (siempre teniendo en cuenta las dificultades que, a veces, presenta detectar el suicidio, algo que lleva a pensar a los investigadores que el número de suicidios sea incluso superior al que se cuantifica. Igualmente ocurre lo mismo con la drogadicción: es un problema invisible del que en ocasiones no se conocen todos los datos). Algo similar ocurre con el alcohol, ya que, como indica el psiquiatra César Pereiro, de la Unidad Asistencial de Drogodependencias de A Coruña, “el consumo de alcohol en exceso en un importante factor predictor del suicidio, es decir, los alcohólicos se suicidan más que otras personas”. Sin embargo, también sería necesario precisar que “algunas personas toman alcohol para ‘tener el valor necesario’ que les permite realizar actos suicidas”, señala Pereiro, por lo que algunos sujetos emplean esta droga u otras para suicidarse, pero no eran consumidores habituales. Así, como señala el psiquiatra Sergio A. Pérez, fundador de  la Sección de Suicidiología de la Asociación Mundial de Psiquiatría y fundador de la Red Mundial de Suicidiólogos, las drogas “pueden utilizarse para nublar la conciencia y realizar el acto suicida o puede ser una complicación de la habituación a las drogas por los daños que ocasionan en el cerebro de los consumidores”.

Todas las áreas de crecimiento personal quedan mermadas con el consumo de drogas. Por eso se produce la drepresión y el suicidio

Cuando la persona consume drogas, el suicidio y la depresión provienen del hecho de que todas las áreas de crecimiento personal quedan mermadas por ese consumo. Como indica Javier Jiménez, psicólogo clínico y presidente de la Asociación de Investigación, Prevención e Intervención del Suicidio (Red AIPIS), no es el hecho en sí de consumir drogas, sino “la espiral en la que este mundo va introduciendo al consumidor”. De este modo, la persona empieza a perder poco a poco todo aquello que le importa. Pierde a su pareja, su puesto de trabajo y su economía. Puesto que la droga le hace ser más agresivo, puede tener peleas, lo que le lleva a problemas policiales y judiciales y, si esa agresividad se dirige a sus familiares, los problemas con éstos todavía se agravan más. Finalmente, el sujeto comienza a relacionarse exclusivamente con personas del mundo de las drogas y se da cuenta de que no puede confiar en nadie. Como explica Jiménez, que actualmente trabaja en el Centro de Atención Integral al Drogodependiente (CAID) de Getafe, muchos de sus pacientes le explican “lo mal que a uno le hace sentir hasta qué punto su vida se va deteriorando por haber entrado en le mundo de las drogas”. No obstante, es complejo determinar si la persona padecía una enfermedad mental antes de comenzar a consumir drogas o si el consumo de drogas le ha conducido a padecer esa enfermedad.

No existe un camino lineal que lleve de la ingesta de drogas al suicidio. No obstante, el cannabis puede producir brotes psicóticos que conduzcan al consumidor a suicidarse de manera impulsiva. Así, por ejemplo, un estudiante universitario que pase por un proceso de estrés existencial porque se sienta presionado por distintas causas (la familia, la pareja, los estudios, el futuro, etc.) y consuma porros puede sufrir un brote psicótico. Éste responde precisamente a esa situación estresante en la que se desea escapar y, en ese momento, puede tomar cualquier decisión y, dado que su mente no está despejada, probablemente sea errónea. Son casos de suicidio impulsivo donde la persona no tenía un consumo exagerado de cannabis ni de otras drogas ni tampoco tenía antecedentes psiquiátricos.

Las rupturas amorosas

En el caso de los jóvenes, el desencadenante último del suicidio suele ser las rupturas amorosas. Como apunta María Dolores Muñoz, psicóloga clínica de la Unidad de Conductas Adictivas (UCA) de Elda, la baja tolerancia a la frustración puede ser una de esas causas. “Estamos ante una generación de padres que han educado a sus hijos en la abundancia. Los jóvenes viven en una sociedad totalmente consumista, individualista donde se le da más importancia al ser que al tener. Además, no hacen una buena utilización del ocio, manejan una gran cantidad de dinero, algunos tienen fracaso escolar, no tienen normas claras… ¿Qué tolerancia a la frustración van a tener entonces?” Así, cuando estos jóvenes tienen que enfrentarse a los primeros desengaños, cuando se dan de bruces con la realidad y no todo sale a su gusto, se sienten frustrados. Y las drogas son un bien de consumo más del mercado. “El sistema occidental capitalista se basa en el descontrol del deseo. El deseo de las personas es ser felices, algo que entendemos como acumular cosas y deshacernos de lo que no nos gusta. Vivimos en una sociedad donde todo se puede comprar y vender. Las emociones, también. Con las drogas se ha conseguido un producto que sirve para modular nuestras emociones”, explica Lloret. Muy relacionado con la baja tolerancia a la frustración se encuentra el hecho de que los adolescentes viven sus experiencias de manera muy intensa. Como explica Jiménez, “un anciano se toma los problemas de otra manera. Muy pocos se suicidarían porque les ha dejado su pareja, pero el adolescente sí se suicidaría por algo así. No sabe enfrentarse a las dificultades”. Por eso, como indica el presidente de AIPIS, los desencadenantes últimos del intento de suicidio en adolescentes son los problemas con el grupo de iguales, con la pareja y con los padres. Este hecho explica que el suicidio en adolescentes suela ser más impulsivo que en los ancianos.

Asimismo, los embarazos no deseados también suelen propiciar el suicidio en las adolescentes. Como comenta Pérez, este hecho se debe a que “no es el momento idóneo para que una chica se quede embazada ya que no hay madurez biológica, psicológica y muchas veces existe dependencia económica”.

 El suicida es un sujeto incómodo y, por eso, es más fácil decir que casi todas las personas que se suicidan padecen una enfermedad mental

El modelado

Otro factor que influye en el hecho de que una persona pueda iniciarse en el consumo de drogas es la ingesta de estupefacientes por parte de los familiares. El alcoholismo y otro tipo de dependencias generan problemas de relación y conflictos en el seno familiar, así como un déficit en las gestiones parentales.

Pero, además, existe el peligro de la imitación, tal y como demostró Bandura con la teoría del aprendizaje social. Como indica Lloret, “una de las formas de aprender es la observación, el modelado. Los padres y los hermanos son un modelo en el que uno se fija. Aunque no se acepten como modelos durante la adolescencia, llegará un momento en el que el joven replique lo que ha aprendido por observación”. Asimismo, el aprendizaje vicario también es importante en el caso del suicidio, pues, como explica Jiménez, “si el padre y el abuelo de un individuo solucionaron sus problemas suicidándose, esa persona puede aprender que el suicidio es un método para solucionar las dificultades”.

Morir en el contexto de la vida

Pero como postula la psicóloga social María del Mar Velasco, la muerte no siempre pasa por el acto físico de morir. De este modo, como explica Velasco, morir en el contexto de la vida significa que “los deseos del sujeto no tienen entrada en su cotidianidad”. Precisamente las drogas pueden ser una forma de resistencia a al imposibilidad de que el sujeto vea cumplidos sus deseos. Así, un joven que tenga problemas de distinta índole puede creer que las drogas son una salida. Como indica la psicóloga social “es una forma de resistencia muy precaria, pero que permite de alguna manera construir otra realidad en contraposición a aquélla a la que en ocasiones resulta insoportable mirar. Puede ser un modo de continuar viviendo, pero es una forma de resistencia muy pobre porque el coste puede ser muy elevado”, ya que el sujeto construye una realidad que no se sustenta en nada. Por tanto, las drogas pueden llevar al individuo a vivir una suerte de “muerte subjetiva”: el individuo no ha muerto físicamente, pero todos sus anhelos y deseos están completamente mermados en un mundo que no le deja la posibilidad de poder cumplirlos. El suicida pone en evidencia una serie de malestares sobre los que normalmente no se habla y, por eso, se convierte en un sujeto incómodo. “El suicida cuestiona muchas verdades que aparentemente eran intocables y que para mucha gente sigue siendo necesarias”, explica Velasco. Por eso, resulta más fácil pensar que el suicidio siempre está ligado a una enfermedad mental, ya que de esta manera se objetivizan los síntomas y se considera que el acto, el suicidio, ha sido la causa de una enfermedad y no un problema que también está muy relacionado con la sociedad.

Despiece 1

Despiece 2