El Grupo de Autoayuda: la ayuda que no cesa

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Gratitud

Me gustaría poner en valor a todas las personas que se dedican a luchar contra las adicciones desde el mundo asociativo y, sobre todo, a algunas que considero son muy especiales.

Doy las gracias a todos los presidentes de las asociaciones que en un momento dado de sus vidas decidieron dar un paso al frente y tomar el timón de esa nave que se llama ayuda mutua. Personas con unos niveles de trabajo y responsabilidad que, generalmente, muchos de los que reciben la ayuda desconocen realmente su alcance. Quiero mostrar mi agradecimiento también, a todos los colegas profesionales (médicos, psicólogos, trabajadores sociales) que en el ejercicio de su profesión ponen todo su conocimiento, responsabilidad profesional y buen hacer, al servicio de las personas que padecen la problemática adictiva, así como a sus familiares. Y, por último, al personal administrativo que, entre papeles, dedican una sonrisa a las personas necesitadas.

Una cadena está compuesta por muchos eslabones unidos y, en la ayuda mutua, una gran parte de ellos están formados por personas que tan solo son conocidas en sus propias asociaciones. Mujeres y hombres que después de su trabajo regalan su tiempo a ayudar a otros que lo necesitan. No saldrán en los medios, no darán conferencias, ni su intención es alcanzar la popularidad, solo son personas que en el ánimo de dar lo que recibieron, se prestan a hacerlo desde la humildad y la bondad. Son, precisamente, estas mujeres y hombres, a los que considero especiales, y a ellos les manifiesto mi absoluta gratitud.

Antes que estas personas dedicaran su tiempo a esta labor tan importante, anteriormente otras les brindaron una mano amiga para ayudarles en la búsqueda de su salud y del equilibrio personal. Y esta es la grandeza de este movimiento, en la que todos reman en la misma dirección y el horizonte no es otro que el de la serenidad personal y la paz familiar.

El tiempo que dedican a esa ayuda es diverso y con cometidos de distinta índole, desde acogidas a los recién llegados, hasta moderadores y apoyos en las propias terapias de grupo. Tanto en uno como en el otro espacio, ponen su testimonio a modo de aval de que la recuperación es posible, pues sus historias personales y experiencias pasadas dan fe de que ellos ya estuvieron en ese lugar insufrible y, además, presos de la más absoluta soledad.

Y existe, también, otra parte fundamental en la que estas personas son esenciales, y es en los espacios de socialización, es decir, aquellos que ocurren antes y después de las terapias. En los primeros, sirven para interesarse por la persona recién llegada, haciéndole más cómoda, poco a poco, su estancia en la asociación. Preocupándose por su día a día, no juzgándola ni dándole consejos, sino valorándola como persona que es en toda su magnitud. En los segundos, después de haberse expuestos en terapia ante los demás, como momentos de refuerzo y distensión, en los que un “hasta mañana”, o “mañana nos vemos en terapia”, adquieren el valor de un compromiso con el compañero, con la asociación y, lo más importante, consigo mismo y con su recuperación.

Estas personas, mujeres y hombres, son el verdadero sostén de una asociación, pues si los que se recuperan no se quedaran a ayudar a otros, este movimiento se convertiría tan solo en un paliativo temporal. Los dirigentes solo contabilizarían usuarios, en vez de atender personas, y los profesionales se dedicarían única y exclusivamente a extender recetas y dar consejos psicológicos. Afortunadamente, no es el caso, el oxígeno que se respira en el movimiento de la ayuda mutua está impregnado de calidad humana. Y este aire lo respiran todos por igual, desde los que colaboran, trabajan, dan o reciben la ayuda.

Y es por lo que considero a estas personas tan especiales. Así que, hemos de estar más que agradecidos a estas mujeres y a estos hombres porque nos regalan lo más valioso que tienen, su tiempo y, a la vez, debemos darle las gracias por esa ayuda que continua, por esa ayuda que no cesa.

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Luis C Vertedor

Luis C Vertedor

Psicólogo en las asociaciones ALAMA y ARANA, y psicólogo voluntario en la asociación AREA, todas ellas en la provincia de Málaga. Experto en adicciones.