El autoengaño en adictos y codependientes

El autoengaño se halla en la base de trastornos adictivos y de aquellos propios de dependencia emocional, retroalimentando ideas y creencias y perpetuando su esencia al obstaculizar la toma de conciencia del problema o la adopción de soluciones. A lo largo de la vida adictiva el sujeto adicto aprende a mentir como respuesta adaptativa mediante la que trata de justificar comportamientos socialmente cuestionables.

En el caso del codependiente los procesos de negación y no afrontamiento, el autoengaño, entre otros, representan mecanismos de defensa, tras los cuales tratan de reafirmarse en sus creencias y expectativas sobre la relación, el codependiente aprende a mentir y a mentirse como respuesta adaptativa a sus propios vínculos desadaptativos.

Los autoengaños pueden intentar justificar los consumos actuales o las recaídas futuras, pueden ser difíciles de abordar y desmontar, cuanto más tiempo lleve el problema de la adicción en nuestras vidas, mayor será la creencia en la verdad de esos autoengaños.

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Hay ciertos autoengaños que se repiten en las personas que consumen drogas y en las personas codependientes.

1- Falsa sensación de control sobre el consumo

Aquí se incluyen frases del tipo: “Yo cuando quiero consumo y cuando quiero no consumo”. 

2- Mi familiar cree que yo tengo problemas

Las frases que uno se dice son del tipo “Mi familia piensa que tengo un problema. El que tiene problemas es mi familiar, no yo, y el que necesita tratamiento es mi familiar, no yo”.

 3- Asociar problemas de dependencia con etiquetas o prototipos de consumidores socialmente reprobables, rechazando tener problemas.

Los autoengaños que se utilizan en esta categoría son del tipo “No soy alcohólico, porque ese es el que pide en la calle con un cartón de vino…”. “Drogodependiente es aquel que está tirado en la calle y que pide para un pico. Yo no estoy tirado en la calle, ni me pincho, luego no tengo problemas de drogas…”. 

4- Puedo consumir controladamente

 “Puedo consumir menos cantidad, pero sin dejarlo del todo”. 

5- Lo puedo dejar por mí mismo, sin necesidad de acudir a un centro

Es frecuente que uno se diga que igual que se metió solo, es capaz de salir por sí solo. Se emplean frases del tipo “No necesito ayuda, pues cuando yo me lo proponga lo dejo”. 

6- Achacar a causa distinta a las drogas los problemas físicos, laborales, de casa…

La droga, sea la que sea, pasa factura. Al principio los efectos no se perciben claramente, pero poco a poco se van viendo afectadas muchas áreas de la vida.

A menudo negamos que nos afecte, y decimos que todo eso que nos pasa no es fruto de la droga sino de otras cosas, como por ejemplo “Se me olvidan las cosas porque ya no tengo 20 años (no por la droga)”, “En el trabajo me tienen manía por eso me han echado”, “En casa nadie sale, y les da rabia que yo salga un rato con mis amigos”… 

7- Es fácil dejarlo

Es fácil que te plantearse que como uno empezó cuando quiso, también cuando quiera lo puede dejar. Aparecen frases del tipo “Cuando quiera lo dejo”, “Todavía no estoy preparado para dejarlo, pero cuando esté preparado lo dejaré sin problema”. 

8- El resto de la gente que me rodea consume lo mismo

Generalmente uno no empieza a consumir solo, sino que consume con gente que también es consumidora. Por eso cuando empieza a tener problemas con las drogas a menudo se dice que cómo va a tener problemas, si el resto de sus amigos consumen lo mismo que él. Uno se dice cosas como “La gente con la que me junto consume lo mismo que yo y no tiene problemas, por tanto yo tampoco los tengo”. 

9- Sentimientos de incapacidad

Muchos adictos presentan una actitud derrotista. Sentimientos de incapacidad que se manifiestan en pensamientos del tipo “Haga lo que haga no voy a poder dejar de consumir”, “Es muy difícil dejar de consumir”, “Llevo haciéndolo muchos años, y ahora dejarlo es imposible”. 

10- Sobre la pérdida que supone dejar de consumir

Uno de los obstáculos más importantes para dejar de consumir es centrarse sólo en las pérdidas que le suponen dejar dicho consumo, no atendiendo todas las cosas positivas que van a ganar cuando dejen de hacerlo. Son pensamientos relacionados con la pérdida del grupo de amigos, de diversión, de una forma de enfrentarme a los problemas, etc. 

11- Aparición de emociones negativas cuando se abandona el consumo

Muchas personas tienen miedo a dejar de consumir porque temen no poder afrontar las emociones negativas que se derivan del abandono del consumo: ansiedad, tristeza, aburrimiento… 

12- No tener estrategias para hacer frente a problemas cotidianos

La droga sirve para muchas cosas, aunque a cada persona para unas cosas distintas. Para encontrarme más alegre cuando estoy un poco triste, para darme más energía, olvidarme de los problemas que tengo, poder enfrentarme a una reunión, evadirme del trabajo…

Dado que el adicto lleva un tiempo considerable consumiendo, y que el consumo de drogas sirve para todo esto, muchas personas tienen miedo de no ser capaces de enfrentarse a dichas situaciones sin haber consumido.

Todos estos procesos de autoengaño conducen a un registro distorsionado de la realidad, presentan unos componentes e implicaciones psicosociales de gran significación, como es dar sentido a lo que uno hace para poder seguir adelante aunque sea de manera errónea. Forman parte de la naturaleza humana y están presentes tanto en la esfera personal como en la vida relacional del adicto y del codependiente.

Nuestras creencias, afectos y conductas, así como nuestros comportamientos interpersonales explícitos, marcan el nivel de coherencia personal y relacional, en el que los niveles de autoengaño constituyen un regulador crítico, una estrategia de supervivencia amparada en estas “justificaciones”.

En el caso del adicto, la mentira es sutilmente elaborada y podría interpretarse como una respuesta automática más regida por la ley de conveniencia que por la intención directa de mentir. Mediante la reincidencia en el consumo, la tendencia a la mentira como tal y la propia evitación de los perjuicios derivados de decir la verdad, van haciéndose una rutina, un hábito, de manera que, en muchas ocasiones, en la mayoría realmente, el engaño y autoengaño son la cobertura psicológica de los problemas reales de la vida.

La intervención a nivel psicosocial pasaría por el entrenamiento en adquisición u optimización de habilidades relacionales, estrategias comunicativas y competencias emocionales (confianza, canalización de impulsos, autorregulación…), desarrollo de motivaciones personales, aumento de autoestima, entre otras posibles intervenciones.

Bibliografía:
- Villa Moral Jiménez  M, Sirvent Ruiz  C, Blanco Zamora P: “Autoengaño en adictos y dependientes emocionales”. Universidad de Oviedo. Fundación Instituto Spiral.
- “Los autoengaños en las adicciones”. Ed. Desclee de Brower.
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Cristina Prados

Cristina Prados

Psicóloga de la asociación AARIF de Illescas y coordinadora del comité asesor técnico de CAARFE
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