El alcohol y su efecto depresivo

Hace un mes tuve la peor resaca de mi vida. No estoy muy acostumbrada a beber alcohol duro e, inexplicablemente, bebí un ron en la boda de una amiga. Obviamente, mezclado con unas cuantas cervezas, fue la gota que colmó el vaso.

Fuente: elmundo.es

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Pero eso no acabó con unas cuantas vueltas a la calle para que me diese el aire, a la mañana siguiente un sentimiento de culpabilidad y depresión me invadió, debilitando mi autoestima a niveles catastróficos. Sabía que no había hecho o dicho nada de lo que pudiera arrepentirme y eso me causaba todavía más confusión, ¿por qué?

A esto se le llama “resaca moral” y viene después de beber alcohol. Suele ser bastante difícil de afrontar, puesto que hay fases de depresión y sentimientos de culpabilidad y/o tristeza sin razón aparente.

Esto es debido a que cuando se consume alcohol, que modifica el funcionamiento del sistema nervioso, se liberan unas sustancias por las cuales se siente una sensación de bienestar, desinhibición, relajación y euforia. Cuando esta liberación de sustancias se produce en un periodo prolongado, el sistema nervioso tiende a compensar y frena la liberación de dichas sustancias, por lo tanto los sentimientos de euforia y desinhibición vuelven a niveles normales. Sin embargo, antes de volver a estos niveles, los mecanismos compensatorios ven sus resultados más fuertes durante la resaca, por lo que hace que dichos sentimientos vean un déficit marcado durante este periodo. Es por ello por lo que la depresión, la tristeza y la baja autoestima sean los protagonistas de una resaca duradera. 

En el caso de las personas con depresión que tratan de olvidar las penas con el alcohol y escapar de la realidad, sufren estados de euforia y relajación que los reconfortan, pero debido a estos sistemas compensatorios, entran en un círculo del que se ven atrapados.

Fuente: web-salud.blogspot.com

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Pero, además de cómo nos sentimos anímicamente, tras el consumo de esta sustancia el estómago se irrita, aumenta el ritmo cardiaco y disminuyen los niveles de azúcar; creando una sensación de “jet lag”.

Y por si no fuese suficiente, los continuos dolores de cabeza deben su origen a que el alcohol inhibe a la vasopresina, una hormona sintetizada por el hipotálamo y liberada por la neurohipófisis, responsable de mantener el balance de los líquidos del cuerpo, así como la encargada de dar la orden al riñón de que reabsorba el agua de la orina en el caso de la falta de ésta. Por lo tanto, si falla esta actividad, provoca que el organismo busque el agua en otros órganos y las meninges –membranas que cubren el cerebro- pierdan agua y aparezca el dolor.

Así que, yo me lo pensaría dos veces antes de excederme, ¿no creéis?