Día Internacional contra uso indebido y tráfico de drogas. 26 de Junio

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El día 26 de Junio se celebra en muchos puntos del planeta el día internacional contra el uso indebido y tráfico de drogas, promovido por la ONU para intentar mantener una reflexión en torno a un problema que ni mucho menos tenemos resuelto todavía,  como es el del uso de unas sustancias que dependiendo de las cantidades, dependiendo de las personas, podrían tener una utilidad terapéutica, una utilidad incluso recreativa o una utilidad mágico-religiosa. Estos son los usos que se les ha dado tradicionalmente a las sustancias que tienen sobre todo una función o actividad psicotrópica.

No obstante, desde SOCIDROGALCOHOL, nos gustaría este año, año en el que celebramos el 50 aniversario de la fundación de nuestra sociedad científica, hacer un repaso a los distintos avances que se han producido en el terreno de las adicciones, tanto desde el punto de vista preventivo como desde el punto de vista de la investigación, o incluso desde la faceta asistencial.

No tenemos claro si desde el punto de vista preventivo se ha avanzado lo suficiente para lograr incrementar la percepción de riesgo de los consumos, lo que sí que tenemos evidencia es de qué tipo de programas o intervenciones y a qué tipo de personas deben dirigirse para intentar disminuir la incidencia y prevalencia de este trastorno y, sobre todo, intentar disminuir las consecuencias, es decir, los daños que provoca la droga en la propia persona y en la sociedad. Todas las drogas, incluido el alcohol, que como está más que demostrado, sería la droga más dañina a nivel global.

Diríamos que, a nivel de investigación, se han estudiado los mecanismos cerebrales, se sabe cada vez más que puede haber una predisposición genética, los cromosomas podrían ser predisponentes para que una persona pueda sufrir un Trastorno por Uso de Sustancias, se sabe cómo funcionan los neurotransmisores, se saben las distintas causas etiológicas, el mecanismo de acción cerebral intrínseco, etc. Pero de momento, insisto, de momento, todavía estamos lejos de poder trasladar la evidencia científica producida por las investigaciones al terreno asistencial, terapéutico y, sobre todo, farmacológico.

Es decir, no sé, y esta es una reflexión en voz alta, si hemos avanzado lo suficiente, aunque sí que es verdad que sabemos que hay que actuar sobre ciertos neurorreceptores, actuar sobre la genética de la persona y más concretamente sobre la epigenética, ya que no se trataría de alterar la estructura genética de la persona sino más bien actuar farmacológicamente, ambientalmente, etc. para alterar la expresión génica y evitar la aparición de trastornos adictivos.

Y, por último, que podríamos decir de lo asistencial, probablemente tampoco mucho, porque es verdad que durante años se ha intentado, y me consta, por parte de los científicos y de los clínicos, utilizar estrategias terapéuticas que permitan conseguir y mantener la abstinencia. Mantener un equilibrio en lo personal y en todo caso poder hacer una reducción de daños.

Bueno, en este sentido la reducción de daños, por ejemplo, ha tenido excelentes avances y resultados en el tratamiento de la heroína, aunque tengamos ahora un problema debido al posible mal uso de los opioides de prescripción. Pero cuando analizamos el tratamiento de otras sustancias, o bien lo que nos encontramos son fármacos que ya tienen una larga trayectoria, y, otros que probablemente no han dado todo el resultado que deberían de dar.

Bueno van a permitir que me quede con dos sustancias, el cannabis y la cocaína. Sustancias que nos preocupan especialmente, la primera por la alta prevalencia especialmente entre población joven y la segunda, por la globalización de su consumo.

Cuando los profesionales que trabajamos en clínica y nos ponemos delante de una persona que tiene problemas con estas sustancias y cuando incluso los propios pacientes nos solicitan tratamiento. Ellos y ellas suelen aducir que se lo deben dejar porque aquello les ocasiona una serie de alteraciones, bien psíquicas, en el comportamiento, económicas o familiares, con cambios de conducta que ya no pueden seguir aguantando. Pero, sin embargo, algo les impele a seguir con el consumo. Y por eso nos piden muchas veces un fármaco, una píldora, que les podamos recetar para dejar de consumir y la verdad es que para la mayoría de las drogas no existe un tratamiento específico para tratar su adicción. Por lo tanto, lo que hacemos es trabajar con un enfoque médico-farmacológico fundamentalmente sintomático. Intentamos mejora las consecuencias clínicas, tanto psíquicas como orgánicas.

Existe algún fármaco, todo lo más que puede disminuir el craving, tratar la impulsividad, pero muchos de los fármacos no incluyen en ficha técnica estas indicaciones. Podemos decir que los trastornos adictivos, son enfermedades huérfanas en su mayoría para los tratamientos farmacológicos. Bien porque no hay una evidencia clínica contrastada o bien porque los investigadores – laboratorios- no se han puesto a ello.

Por otro lado, al final nos quedaría solamente el enfrentarnos con el paciente a través del uso de la palabra.

Un conocido mío, me decía: “tu trabajo es muy fácil, solamente consta en decirle al paciente ‘no consumas’”. Si fuese tan fácil… si todos nos hiciesen caso, si todos quisiesen dejar de consumir, la palabra tendría una fuerza importante. Y no voy a decir que no tiene esa fuerza, pero es verdad que dependiendo de las estrategias que tenga el terapeuta, de la metodología psicoterapéutica, del enfoque empático que tengamos con el paciente, de la capacidad de generar un importante y estable vínculo terapeuta – paciente, los éxitos serán mucho más claros.

¿Por qué esta reflexión? Pues, porque diríamos que a pesar del tiempo que haya pasado desde la creación de nuestra sociedad científica o desde los primeros tratamientos, todavía seguimos trabajando con y para el paciente, más allá de cualquier estrategia farmacológica, que muchas veces no tiene la utilidad o los resultados deseados.

Sabemos mucho sobre el funcionamiento cerebral, sobre los neurotrasmisores, sobre el sistema de recompensa, sobre las zonas o áreas cerebrales implicadas, pero a lo mejor no sabemos bastante sobre el funcionamiento de las personas. Y lo importante es analizar, observar y acompañar a esa persona en su recuperación integral y para eso, perdónenme que les diga, los fármacos no son suficiente.

Habrá pues que seguir investigando y conociendo mejor al ser humano. Llevamos demasiado tiempo conviviendo con las drogas sin llegar del todo a entenderlas, porque probablemente no nos entendemos ni a nosotros mismos.

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Francisco Pascual Pastor
Es Doctor en medicina por la Universidad Miguel Hernández de Elche y es Presidente de la Sociedad Española de Estudios del Alcohol el Alcoholismo y otras Toxicomanías (Socidogalcohol). También posee un máster en Drogodependencia y otros trastornos adictivos por la Universidad Alfonso X El Sabio. Es miembro del consejo de redacción de la revista Salud y Drogas, publicada por el Instituto de Investigación de Drogodependencias (INID) de la Universidad Miguel Hernández. Es profesor y colaborador Honorífico de los departamentos de y de Medicina Clínica en la Facultad de medicina de la Universidad Miguel Hernández. Posee el Diploma de Especialización en Alcoholismo por la Universidad Autónoma de Madrid. Es miembro del comité de redacción de la revista Adicciones publicada por Socidrogalcohol. Asimismo, es asesor de la Confederación Española de Adictos en Rehabilitación y Familiares y miembro del Comité Asesor Científico de la Revista Española de Drogodependencias. El doctor Pascual también es colaborador de investigación del INID. También es miembro del grupo de investigación PREVENGO, member of International Scientific Advisory Committee (ISAC) de la Global Addiction Lisboa 2011, Pisa 2013 y Roma 2014. Además es Vicepresidente del Consejo de Salud del Departamento de Alcoy, Representante Español en EUROCARE por parte de SOCIDROGALCOHOL, autor de artículos y libros de adiciones y conferenciante, coordinador de la UCA de Alcoi y Médico asesor y colaborador del Grupo de Alcohólicos Rehabilitados de Alcoy.