Desconectar

Día tras día nos vemos abrumados por infinidad de tareas. Trabajo, familia, hobbies, compromisos. Tanto es así que después de todo necesitamos de vez en cuando “desconectar”. El problema llega cuando una inocente desconexión se convierte en una dependencia o adicción. Y así es como funciona ¿no? todo es de color de rosa hasta que un día tu cuerpo se modifica y ya no puede prescindir de estas “desconexiones”.

¿Pero qué sucedería si estuviéramos equivocados?  ¿Y si lo que nos hace adictos a una sustancia, no es la propia sustancia?

Los controvertidos estudios de Bruce K.Alexander ponen en entredicho las teorías clásicas de la adicción. Los experimentos clásicos nos decían que si metemos una rata en una jaula y le damos dos opciones, la primera un dispensador de agua normal y la segunda agua con heroína/cocaína, la rata escogerá el agua con heroína. La conclusión de estos experimentos es que cada vez que la rata probaba más y más el dispensador de agua con heroína, más posibilidades tendría de hacer esta elección de nuevo. Hasta que finalmente se hacía adicta y no dejaba de beber este agua hasta morir por sobredosis.

De aquí es de donde extraemos que las sustancias tienen un efecto de modificación cerebral en el que cada vez nuestro cuerpo nos pide más y más de esta sustancia. Hasta aquí todo correcto, pero esta teoría no explica el porqué de los consumidores ocasionales. ¿Por qué el cerebro de algunos se modifica de forma que se hace dependiente de la droga y el de otros no? Estos cambios del cerebro podríamos definirlos como algo más externo que llamamos aprendizaje, cualquier modificación en el cerebro se traduce en un aprendizaje nuevo. Si las bases de aprendizaje son las mismas para todos, incluídos los animales, ¿porque hay personas que aprenden la conducta de dependencia y otras que no? De hecho ni siquiera tendría que ver con la cantidad del consumo. Pues tenemos casos que con poco consumo desarrollan la adicción y otros que consumen toda la vida y no generan esta conducta.

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Fuente: Pixabay

Aquí aparece el estudio de Bruce K.Alexander ya que observó que estas ratas enjauladas no tenían otra cosa que hacer dentro de la jaula más que drogarse.  Así pues creó un nuevo experimento en el que puso una jaula idílica para cualquier rata que se aprecie. El “rat park” como le llamó era una jaula llena de juguetes, pasillos, ruedas y sobretodo lleno de otras ratas con las que jugar o tener sexo. A resumidas cuentas el paraíso ratuno. Del mismo modo Alexander les dió las mismas dos opciones, agua con droga o agua normal. Los resultados del experimento fueron totalmente distintos a los obtenidos en los experimentos anteriores. Estas ratas no bebían casi nunca del dispensador con heroína. Con lo cual no desarrollaron esta toma impulsiva ni murieron por sobredosis.

Lo que nos dicen los experimentos de Alexander es que las adicciones se manifiestan principalmente por problemas sociales. La adicción se produce junto al impulso de obtención de placer instaurado en todo ser vivo. O como se dice cotidianamente, “estar a gusto”. Si yo estoy a gusto en mi entorno, con mi trabajo o estudios, con mis hobbies y sobretodo con mi familia o amigos no voy a necesitar ninguna otra manera de sentirme a gusto. En cambio si estoy “desconectado” si casi no me quedan amigos, si mi familia es más un foco de disgusto, si fallo en mi crecimiento personal y profesional, buscaré cualquier cosa que me haga sentir bien.

En definitiva, según Alexander el tratamiento de la adicción debe basarse en un planteamiento social. Es decir, contribuir a crear una sociedad buena para los adictos en la que puedan reintegrarse, en la que puedan rehacer sus vínculos familiares y de amistades y generando oportunidades de empleo, a la vez que se les aleje del estigma social del “adicto”.

Trabajar por una sociedad mejor para todos es algo indiscutible, pero desde mi punto de vista, el verdadero trabajo está en la percepción que tienen estas personas. Por qué la vida nunca es ideal, hay que saber afrontarla en cualquier situación en la que estés. Además se debe dotar a las personas de las habilidades necesarias para poder construir por ellos mismos su sociedad ideal, ya sea con habilidades sociales para mejorar sus vínculos con amigos y familiares, o habilidades de afrontamiento del estrés, para saber afrontar los problemas de una manera adecuada.

En definitiva reintegrar a los adictos mediante el crecimiento personal y el consecuente cambio en su percepción del mundo.

 

Fernando Quintanilla
Psicólogo