¿Cómo te sientes cuando piensas en la muerte?

Stella_Vicens_LlorcaY finalmente llegó la fatídica noticia, en ese mismo momento, empecé a sentir calor, agobio, una sensación de que caía en un agujero y no podía respirar, luchaba con todas mis fuerzas contra esas sensaciones, pero eran tan fuertes que sentía que iba a desfallecer. Mi cuerpo se caía y el calor era agobiante, enfermizo.

Nada me sostenía, estaba yo sola en ese agujero que no me permitía movilidad alguna. Estaba atrapada, asustada, preocupada “¿Qué me esta pasando, por qué a mi?”, “Estoy sola, no puedo con esto..”.

Deseo con todas mis fuerzas retomar mi vida, pero mi alma está muy cansada y mi cuerpo también, mis piernas no sé si me van a poder sostener. Tengo miedo, pero siento que necesito moverme, empezar a andar, pero no estoy segura de poder, no sé si me caeré, “¿Dónde está mi fuerza?”.

Aunque lucho, lo intento, me siento perdida, no sé ni dónde estoy ni hacia dónde me dirijo. Es como si fuera una noche oscura, sin luna ni estrellas que me alumbren el camino, me encuentro cansada y confusa.

Pero necesito empezar a caminar aunque sea con una pequeña vela que alumbra poco a poco mis pasos, y cuando lo hago, empiezo a ver y sentir que a mi lado, detrás y delante  estoy rodeada de mas gente que también flaquea, pero caminan a pesar del dolor, y eso me da fuerza porque siento que yo también puedo caminar a pesar de mi inestabilidad, y conforme voy avanzando recuerdo que un día caminaba libre y alguien me susurra al oído “RECUERDA QUE AL OTRO LADO DEL DOLOR ESTÁ LA VIDA”.

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Fuente: Pixabay

Vivimos de espaldas a la muerte como si fuera algo que no formara parte de nuestras vidas, como si no hubiéramos de morir nunca. Hay personas que se consuelan con  la religión, pensando que la muerte es sólo un paso hacia una existencia espiritual más alta; su creencia les ayuda a sobrellevarla. Otras personas creen que lograrán la inmortalidad dejando legados, donando órganos o simplemente permaneciendo vivos en la memoria de amigos y familiares. Y otros piensan que simplemente después de la muerte ya no queda nada. Pero lo que todos tenemos en común es la certeza de que cuanto más alejados estamos de la muerte, esta más nos incomoda o inquieta.

La muerte forma parte de la vida, ya que Vida y Muerte son caras de la misma moneda.

Perder a un ser querido es como perder parte de ti mismo, es como aceptar que uno va a morir. En realidad, cuesta mucho superar el sentimiento de pérdida, no es nada fácil.  Elisabeth Kübler Ross (1926-2004), psiquiatra y experta en el estudio de la muerte enumeró cinco etapas ante la muerte: Negación, Furia, Negociación, Tristeza y finalmente Aceptación.

Las reacciones varían según las personas y no todos pasan por las mismas etapas, pero por regla general ante la noticia de muerte aparece el Estupor o shock, que es como si entráramos en un estado de trance hipnótico que nos protege de la triste realidad, ayuda a amortiguar el dolor. Hay una Negación protectora ante la pérdida.

Después aparece un Dolor profundo muy intenso, que nos desborda emocionalmente: la tristeza, la rabia y la culpa se hacen presentes.

Fuente: Pixabay

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Tristeza ante la ausencia,  Rabia contra Dios, contra el destino o contra los médicos y Culpa ante cualquier experiencia de disfrute. Cuesta mucho volver a darse permiso a seguir viviendo tras la muerte de un ser querido sobretodo si era una muerte que aún no tocaba ya que existe una gran diferencia entre Morir o Dejar de Vivir. La persona anciana se “Deja de Vivir”, porque ya vivió su vida, ya cerró su ciclo natural y la muerte es la losa que finalmente cierra su gastada vida física. En cambio, cuando un niño o un joven se va, mueren de verdad ya que se interrumpe toda una vida. Es, desde nuestra mirada, algo antinatural que nos cuesta mucho entender y que claramente nos crea una gran herida emocional. 

El luto, las ceremonias y los rituales después de la muerte, nos ayudan a ir aceptando todo lo ocurrido, ya que son una especie de tributo a los muertos, así como los ritos de transición para los vivos, y es importante tenerlos en cuenta ya que lo mas peligroso es que quedes congelado emocionalmente, porque eso haría que no elaboraras el duelo de forma saludable o te convirtieras en un Adicto al dolor. El Adicto al Dolor gira alrededor de varias Necesidades, pero en lo que se refiere a la pérdida resaltaría sobretodo dos: La Necesidad de Cohesión la cual explica que el doliente sigue con su herida abierta porque es una manera de mantenerse unido a la persona que ya no está y desde la Necesidad de Identificación porque sin su herida no sabe quién es, configuran su vida entorno a su estado de soledad.

Mientras no veamos que Necesidad hay detrás del Apego al Dolor no podremos cicatrizar y sanar esa Herida Emocional. 

La vida no tiene sentido, el único sentido que tiene es vivirla y para hacerlo hay que aprovechar el día a día. Vive tu vida con la máxima intensidad, disfruta, aprende, da la bienvenida a cada amanecer como si fuera un regalo, porque al final todo depende de cómo has vivido y plantéate ¿si no fuera por la muerte, apreciaríamos la vida?”

Stella Vicens Llorca
Psicóloga Clínica- CV 5186
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Psicóloga Clínica y miembro de la sociedad científica Socidrogalcohol
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