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Ciudad de Dios

Vender droga es un negocio como otra cualquiera. El proveedor entrega la mercancía que se embala en el punto de venta. Ese trabajo de embalaje es la línea de montaje de la droga. Es tan aburrida como apretar tornillos. La hierba se embala en paquetitos llamados tolas.  La cocaína se embala en papelinas y luego en bolsitas de diez o en paquetitos de cien. También se puede traficar estudiando una carrera. Los chavalines empiezan a trabajar de recaderos. Les pagan muy bien por traer refrescos, hacer los recados y ese tipo de cosas. Luego pasan a ser vigilantes. Cuando la policía aparece, la cometa baja del cielo y todo el mundo huye. De vigilante pasas a ser vapor vendiendo la droga por tu favela. Cuando hay líos el vapor se evapora rápido. El soldado es un cargo de más responsabilidad. Está en los puntos clave. Si el soldado es listo y bueno en hacer cuentas puede convertirse en el gerente del local. El gerente es la mano derecha del jefe. La policía también recibe su parte y no crea problemas”.

Buscapé. Ciudad de Dios

Ficha técnica/InD

Ficha técnica/InD

Acostumbrados a leer las estadísticas de consumos de sustancias adictivas tanto en España como en el resto de los países Occidentales, en ocasiones, nos olvidamos del engranaje sobre el que sustentan dichos consumos. Nos olvidamos de que, a miles de kilómetros, las personas mueren intentando controlar su parcela de poder y donde la droga (su venta y distribución) forma parte de dicho poder. Nos olvidamos que, en otros lugares, las vidas no parecen valer gran cosa, pues lo más importante siempre es el “negocio”. Si, como afirma la teoría de la dependencia, el desarrollo de los países ricos se sustenta en el subdesarrollo de los países pobres, siendo, por tanto, el desarrollo y el subdesarrollo las dos caras de una misma moneda, debemos tener presentes que venta, distribución y consumo de drogas a nivel internacional también forman un todo interrelacionado en la medida en que, al vivir en un mundo global, todas nuestras acciones están interconectadas y tienen consecuencias reales en la vida de personas que ni tan siquiera conocemos.

En este vídeo podemos ver con más detalle cómo funciona el negocio de las drogas a nivel global:

Basándose en historias reales, Ciudad de Dios nos permite explorar la cara de los suburbios, las favelas de miseria de Rio de Janeiro donde las playas cristalinas de postal pasan a un segundo plano para mostrar la cara más amarga de la pobreza y la lucha por la supervivencia. “En Ciudad de Dios [nombre que recibe no solo esta película sino también la favela donde se sitúa ésta] si huyes, te pillan y si te quedas te comen.  Siempre ha sido así. Desde que era un crío” explica Buscapé, narrador y protagonista de este film. A través de la superposición de historias, narradas de modo poco convencional y no lineal, Buscapé nos cuenta el ascenso y caída de los distintos delincuentes que van controlando Ciudad de Dios durante tres décadas (de los `60 hasta los ’80) hasta llegar a la batalla campal que se creará entre Zé Pequeño y Mané Galinha, jefes de las dos bandas rivales que se disputan el control y el poder de Ciudad de Dios y, por tanto, del tráfico de drogas de este lugar. La honestidad y la integridad no parecen tener importancia, ya que la humanidad acaba asesinada en cada esquina. La violencia solo consigue generar más violencia, rencor y deseos de venganza. Y la única forma de ser un hombre es asesinar, robar y consumir drogas.

Trailer de Ciudad de Dios:

 

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