Reportajes

Consumo de cannabis

cannabis_415x2751Laura Ibáñez

El cannabis es la droga ilegal más consumida en España. Según la Encuesta Domiciliaria sobre Alcohol y Drogas en España (EDADES) 2009/2010 de la Delegación del Gobierno para el Plan Nacional sobre Drogas, dependiente del Ministerio de Sanidad, Política Social e Igualdad, la prevalencia del consumo de esta droga en la población de entre 15 y 64 años es del 14,8% en el caso de los hombres y del 6,2% para las mujeres. Pero estos datos no son exclusivos de España, ya que el cannabis es una droga ampliamente consumida en toda Europa. Así, según la General population surveys (realizada con población de entre 15 y 64 años) del European Monitoring Centre for Drugs and Drug Addiction, 78 millones de europeos han usado esta droga alguna vez en su vida y se estima que la prevalencia del consumo de esta sustancia en el continente varía de entre 1,5% al 32,5% (llegando a estar esa prevalencia en el rango de entre el 10% y el 30% para todos los adultos en muchos países europeos, como es el caso español).

Laura Ibáñez

El cannabis es la droga ilegal más consumida en España. Según la Encuesta Domiciliaria sobre Alcohol y Drogas en España (EDADES) 2009/2010 de la Delegación del Gobierno para el Plan Nacional sobre Drogas, dependiente del Ministerio de Sanidad, Política Social e Igualdad, la prevalencia del consumo de esta droga en la población de entre 15 y 64 años es del 14,8% en el caso de los hombres y del 6,2% para las mujeres. Pero estos datos no son exclusivos de España, ya que el cannabis es una droga ampliamente consumida en toda Europa. Así, según la General population surveys (realizada con población de entre 15 y 64 años) del European Monitoring Centre for Drugs and Drug Addiction, 78 millones de europeos han usado esta droga alguna vez en su vida y se estima que la prevalencia del consumo de esta sustancia en el continente varía de entre 1,5% al 32,5% (llegando a estar esa prevalencia en el rango de entre el 10% y el 30% para todos los adultos en muchos países europeos, como es el caso español).

cannabis3En el caso de los jóvenes, existe una prevalencia de consumo de cannabis de un 35,2% (la prevalencia es mayor en el caso de los hombres, con un 37,8%, que de las mujeres, que se sitúa en un 32,8%), según la Encuesta Estatal sobre uso de Drogas en Estudiantes de Enseñanzas Secundarias (ESTUDES) 1994-2008, realizada entre la población de 14 a18 años.

Pero, ¿cuáles son las circunstancias que han favorecido este consumo en el caso español? “Nuestro país es zona de tránsito del tráfico ilegal de drogas desde América del Sur y el Magreb hacia el resto de Europa. Esto facilita enormemente el acceso al cannabis, lo que incrementa las tasas de consumo”, explica Sergio Fernández-Artamendi, psicólogo y miembro del Grupo de Investigación en Conductas Adictivas de la Universidad de Oviedo. Además, también parece existir una mayor tolerancia hacia esta droga que a otras por parte de la población general, “que se refleja en las considerablemente altas tasas de consumo entre adultos en comparación con el resto de países de la Unión Europea. De hecho, según las estadísticas, es habitual considerar que el cannabis no tiene tantos efectos perjudiciales como por ejemplo, el tabaco”, matiza Fernández-Artamendi.

Por tanto, ha disminuido la percepción de peligrosidad asociada a esta droga por parte de la población general. Así, según la encuesta EDADES, en 2007, el 68,5% de los encuestados consideraban que consumir hachís alguna vez podría producir muchos o bastantes problemas, mientras que en 2009 esta percepción se sitúa en un 62,7%. Asimismo, en 2009, el 81,6% considera que consumir hachís habitualmente puede producir muchos o bastantes problemas, mientras que, en 2007, esta percepción de peligrosidad se situaba en un 83%. “Esta baja percepción de riesgo junto a la mayor disponibilidad de esta sustancia en los últimos tiempos, contribuyen a que el cannabis se haya convertido en una droga de uso recreativo asociada al tiempo de ocio de unos jóvenes que banalizan su consumo, según el Informe Cannabis del Plan Nacional sobre Drogas, comenta Silvia Font-Mayolas, psicóloga de la Universidad de Girona especializada en Psicología de la Salud y que ha centrado sus estudios en las adicciones, los comportamientos sexuales de riesgo, los comportamientos de riesgo en la conducción de vehículos y burnout.

Para el caso de los jóvenes, consumir cannabis habitualmente se percibe como una conducta de riesgo para el 88,3% de los encuestados. En 2004, según la misma encuesta (no se puede tomar como referencia el dato de 2006 porque hubo un error metodológico), la percepción de riesgo entre los jóvenes era del 83,7%. No obstante, a pesar de que se perciben riesgos en el consumo del cannabis, la prevalencia de consumo en jóvenes y en población general es alta. Este hecho también se debe a la proliferación de mensajes contrapuestos que rodean al cannabis. “Por una parte se informa de los posibles efectos beneficiosos de su consumo por el posible efecto antiemético de los cannabinoides en determinados tratamientos oncológicos, pero por otra parte en las campañas preventivas se hace referencia a que no es una sustancia inocua por los estudios que muestran su asociación a un mayor riesgo de desarrollo de trastornos psicóticos, sobre todo en sujetos vulnerables, entre otras consecuencias negativas a nivel biológico, psicológico y social”, indica Font-Mayolas.

El poder simbólico del cannabis

marcha-marihuanaA lo largo de los siglos el cannabis ha tenido un uso terapéutico (existe constancia de que fue empleado en el tratamiento del reuma, la gripe y el paludismo en los tratados médicos chinos de 2.700 a. C., por ejemplo) y religioso (debido a sus propiedades alucinógenas). Pero, en el siglo XIX, cuando Napoleón conquistó Egipto, sus soldados trajeron esta droga a Europa y comenzaron a utilizarla de manera recreativa. Sin embargo, como explica José Antonio Ramos, profesor del Departamento de Bioquímica y Biología Molecular de la Facultad de Medicina de la Universidad Complutense de Madrid y miembro de la Sociedad Española de Investigación sobre Cannabinoides, el uso recreativo occidental de esta droga se comenzó a extender, sobre todo, en el siglo XX, debido a que los emigrantes mexicanos, que fumaban esta droga, la importaron a Estados Unidos. Asimismo, también estaba muy ligada a la subcultura afroamericana de Nueva Orleans y a la música jazz. Pero su mayor auge se halla en 1963, cuando, en Estados Unidos, los jóvenes comienzan a luchar contra el statu quo. Y el cannabis se convierte en un elemento simbólico más de esa lucha.

Son muchas las razones por las que un joven puede empezar a consumir esta droga. Según Font-Mayolas, estudios realizados con muestras de adolescentes españoles revelan que los principales motivos para tomarlo son la curiosidad, la necesidad de sentir nuevas sensaciones y la diversión. Otras investigaciones realizadas con consumidores jóvenes españoles muestran que sus motivaciones suelen ser experimentar sensaciones nuevas y diferentes, experimentar placer, desconectar de los problemas emocionales, sentirse colocado y disfrutar más de la diversión.

Para el inicio del consumo también es importante la presión que genera el grupo de amigos. “Muchas personas tienen la sensación de que aumenta su prestigio, de que tiene un plus de valía por el hecho de consumir drogas”, comenta Monste Juan, del European Institute of Studies on Prevention (IREFREA). Porque las drogas también tienen un valor simbólico. “Somos uno de los países donde más se ha potenciado la cultura procannábica en muchos aspectos, de tal forma que esto ha contribuido a hacer pensar a la gente que consumir cannabis es estar en contra del Estado, del poder, que es algo alternativo, de gente simpática, que tiene ideas de solidaridad, que es ecologista, de una vida alternativa a un tipo de poder que nos hemos imaginado que es represivo, controlador y que niega las posibilidades individuales”, comenta Juan. Es obvio que la contracultura vende, pero, al final, ésta está sujeta a las mismas normas de oferta y demanda que el resto de bienes de consumo. Por tanto, es necesario llevar a cabo una labor crítica para ser consciente de que, a nivel real, consumir cannabis no convierte a la persona en un activista contra las injusticias del statu quo. “El cannabis es un negocio cuyo marketing juega precisamente con la idea de que eso nos libera. Juegan con la idea individualista de que cada uno tiene el derecho a consumir lo que le dé la gana. Y esto a los jóvenes les encanta que se lo digas porque están controlados por los padres, por la escuela, etc. Como tienen ganas de romper con algunas de las instituciones que los controla, piensan que fumando porros ya lo consiguen en vez de hacerse autónomos de verdad. Se lo creen porque es lo más fácil”, precisa Juan. Por eso, en los programas de prevención de IREFREA se suele trabajar el valor simbólico que se le otorga a los mensajes relacionados con las drogas. Así, por ejemplo, se invita a los jóvenes a analizar los mensajes sobre canciones con mensajes procannábicos. Esta estrategia se considera más efectiva que proporcionarles información sobre la droga, táctica poco efectiva en materia de prevención de drogas. Asimismo, se trabaja con los jóvenes aspectos como la presión grupal, la autoestima o la frustración, factores que están relacionados con el inicio del consumo de drogas.

Estos mensajes también han contribuido a que se extienda la idea de que el cannabis es inicuo y que, por tanto, también descienda la percepción de riesgo sobre su uso. “Ha habido un grupo de venta de este tipo de sustancias que lo han hecho muy bien, han dado la idea de que no era nocivo y entre los jóvenes se ha ido extendiendo esta idea. Aunque hay casos de problemas con el consumo, como éstos no están muy extendidos,  la gente ha perdido la percepción de riesgo” o aunque, sí perciban ese riesgo, lo consuman igualmente, comenta Ramos.

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Cannabis: Consumo en Europa (OEDT) por raulespert

En el caso de los jóvenes, existe una prevalencia de consumo de cannabis de un 35,2% (la prevalencia es mayor en el caso de los hombres, con un 37,8%, que de las mujeres, que se sitúa en un 32,8%), según la Encuesta Estatal sobre uso de Drogas en Estudiantes de Enseñanzas Secundarias (ESTUDES) 1994-2008, realizada entre la población de 14 a18 años.

Pero, ¿cuáles son las circunstancias que han favorecido este consumo en el caso español? “Nuestro país es zona de tránsito del tráfico ilegal de drogas desde América del Sur y el Magreb hacia el resto de Europa. Esto facilita enormemente el acceso al cannabis, lo que incrementa las tasas de consumo”, explica Sergio Fernández-Artamendi, psicólogo y miembro del Grupo de Investigación en Conductas Adictivas de la Universidad de Oviedo. Además, también parece existir una mayor tolerancia hacia esta droga que a otras por parte de la población general, “que se refleja en las considerablemente altas tasas de consumo entre adultos en comparación con el resto de países de la Unión Europea. De hecho, según las estadísticas, es habitual considerar que el cannabis no tiene tantos efectos perjudiciales como por ejemplo, el tabaco”, matiza Fernández-Artamendi.

Por tanto, ha disminuido la percepción de peligrosidad asociada a esta droga por parte de la población general. Así, según la encuesta EDADES, en 2007, el 68,5% de los encuestados consideraban que consumir hachís alguna vez podría producir muchos o bastantes problemas, mientras que en 2009 esta percepción se sitúa en un 62,7%. Asimismo, en 2009, el 81,6% considera que consumir hachís habitualmente puede producir muchos o bastantes problemas, mientras que, en 2007, esta percepción de peligrosidad se situaba en un 83%. “Esta baja percepción de riesgo junto a la mayor disponibilidad de esta sustancia en los últimos tiempos, contribuyen a que el cannabis se haya convertido en una droga de uso recreativo asociada al tiempo de ocio de unos jóvenes que banalizan su consumo, según el Informe Cannabis del Plan Nacional sobre Drogas, comenta Silvia Font-Mayolas, psicóloga de la Universidad de Girona especializada en Psicología de la Salud y que ha centrado sus estudios en las adicciones, los comportamientos sexuales de riesgo, los comportamientos de riesgo en la conducción de vehículos y burnout.

Para el caso de los jóvenes, consumir cannabis habitualmente se percibe como una conducta de riesgo para el 88,3% de los encuestados. En 2004, según la misma encuesta (no se puede tomar como referencia el dato de 2006 porque hubo un error metodológico), la percepción de riesgo entre los jóvenes era del 83,7%. No obstante, a pesar de que se perciben riesgos en el consumo del cannabis, la prevalencia de consumo en jóvenes y en población general es alta. Este hecho también se debe a la proliferación de mensajes contrapuestos que rodean al cannabis. “Por una parte se informa de los posibles efectos beneficiosos de su consumo por el posible efecto antiemético de los cannabinoides en determinados tratamientos oncológicos, pero por otra parte en las campañas preventivas se hace referencia a que no es una sustancia inocua por los estudios que muestran su asociación a un mayor riesgo de desarrollo de trastornos psicóticos, sobre todo en sujetos vulnerables, entre otras consecuencias negativas a nivel biológico, psicológico y social”, indica Font-Mayolas.

El poder simbólico del cannabis

A lo largo de los siglos el cannabis ha tenido un uso terapéutico (existe constancia de que fue empleado en el tratamiento del reuma, la gripe y el paludismo en los tratados médicos chinos de 2.700 a. C., por ejemplo) y religioso (debido a sus propiedades alucinógenas). Pero, en el siglo XIX, cuando Napoleón conquistó Egipto, sus soldados trajeron esta droga a Europa y comenzaron a utilizarla de manera recreativa. Sin embargo, como explica José Antonio Ramos, profesor del Departamento de Bioquímica y Biología Molecular de la Facultad de Medicina de la Universidad Complutense de Madrid y miembro de la Sociedad Española de Investigación sobre Cannabinoides, el uso recreativo occidental de esta droga se comenzó a extender, sobre todo, en el siglo XX, debido a que los emigrantes mexicanos, que fumaban esta droga, la importaron a Estados Unidos. Asimismo, también estaba muy ligada a la subcultura afroamericana de Nueva Orleans y a la música jazz. Pero su mayor auge se halla en 1963, cuando, en Estados Unidos, los jóvenes comienzan a luchar contra el statu quo. Y el cannabis se convierte en un elemento simbólico más de esa lucha.

Son muchas las razones por las que un joven puede empezar a consumir esta droga. Según Font-Mayolas, estudios realizados con muestras de adolescentes españoles revelan que los principales motivos para tomarlo son la curiosidad, la necesidad de sentir nuevas sensaciones y la diversión. Otras investigaciones realizadas con consumidores jóvenes españoles muestran que sus motivaciones suelen ser experimentar sensaciones nuevas y diferentes, experimentar placer, desconectar de los problemas emocionales, sentirse colocado y disfrutar más de la diversión.

Para el inicio del consumo también es importante la presión que genera el grupo de amigos. “Muchas personas tienen la sensación de que aumenta su prestigio, de que tiene un plus de valía por el hecho de consumir drogas”, comenta Monste Juan, del European Institute of Studies on Prevention (IREFREA). Porque las drogas también tienen un valor simbólico. “Somos uno de los países donde más se ha potenciado la cultura procannábica en muchos aspectos, de tal forma que esto ha contribuido a hacer pensar a la gente que consumir cannabis es estar en contra del Estado, del poder, que es algo alternativo, de gente simpática, que tiene ideas de solidaridad, que es ecologista, de una vida alternativa a un tipo de poder que nos hemos imaginado que es represivo, controlador y que niega las posibilidades individuales”, comenta Juan. Es obvio que la contracultura vende, pero, al final, ésta está sujeta a las mismas normas de oferta y demanda que el resto de bienes de consumo. Por tanto, es necesario llevar a cabo una labor crítica para ser consciente de que, a nivel real, consumir cannabis no convierte a la persona en un activista contra las injusticias del statu quo. “El cannabis es un negocio cuyo marketing juega precisamente con la idea de que eso nos libera. Juegan con la idea individualista de que cada uno tiene el derecho a consumir lo que le dé la gana. Y esto a los jóvenes les encanta que se lo digas porque están controlados por los padres, por la escuela, etc. Como tienen ganas de romper con algunas de las instituciones que los controla, piensan que fumando porros ya lo consiguen en vez de hacerse autónomos de verdad. Se lo creen porque es lo más fácil”, precisa Juan. Por eso, en los programas de prevención de IREFREA se suele trabajar el valor simbólico que se le otorga a los mensajes relacionados con las drogas. Así, por ejemplo, se invita a los jóvenes a analizar los mensajes sobre canciones con mensajes procannábicos. Esta estrategia se considera más efectiva que proporcionarles información sobre la droga, táctica poco efectiva en materia de prevención de drogas. Asimismo, se trabaja con los jóvenes aspectos como la presión grupal, la autoestima o la frustración, factores que están relacionados con el inicio del consumo de drogas.

Estos mensajes también han contribuido a que se extienda la idea de que el cannabis es inicuo y que, por tanto, también descienda la percepción de riesgo sobre su uso. “Ha habido un grupo de venta de este tipo de sustancias que lo han hecho muy bien, han dado la idea de que no era nocivo y entre los jóvenes se ha ido extendiendo esta idea. Aunque hay casos de problemas con el consumo, como éstos no están muy extendidos,  la gente ha perdido la percepción de riesgo” o aunque, sí perciban ese riesgo, lo consuman igualmente, comenta Ramos.

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Cannabis: Consumo en Europa (OEDT) por raulespert

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