Asociación entre violencia de género y alcohol


1224494021_0Laura Ibáñez

Existen múltiples mecanismo que relacionan el alcohol y la violencia interpersonal (siempre teniendo presente que no se trata de una relación causal), como indica César Pereiro, director de la Unidad Asistencial de Drogodependencias de A Coruña y miembro de Socidrogalcohol. El consumo nocivo de esta sustancia afecta directamente a las funciones físicas y cognitivas.  Los bebedores, por tanto, tienen menos autocontrol y capacidad de procesar la información. Así, es más habitual que recurran a la violencia en las confrontaciones.

A su vez, dado que son menos capaces de reconocer los signos de alarma en situaciones potencialmente violentas, son objetivos más fáciles para los agresores. Además, la creencia tanto individual como social de que esta droga es causa de comportamientos agresivos puede propiciar que el sujeto la ingiera para prepararse en la participación de actos violentos o como disculpa por haberlos cometido. Esta dependencia puede inducir a coaccionar a los familiares para mantener los gastos que lleva aparejado este consumo.

Además, “ser víctima o testigo de actos violentos puede conducir al consumo nocivo de alcohol como forma de afrontarlos o de «automedicarse»”, comenta Pereiro. Así, la mujer que ha sido victimizada por agresiones físicas o sexuales en repetidas ocasiones tiene más probabilidad de padecer un trastorno de estrés postraumático que, a su vez, está asociado a un mayor riesgo a desarrollar alcoholismo.

Las mujeres que realizan “atracones” de bebida tienen más riesgo de convertirse en víctimas de una agresión física o sexual. Francisco Javier Rodríguez, profesor del área de Personalidad, Evaluación y Tratamiento psicológico de la Universidad de Oviedo que ha llevado a cado investigaciones tanto de violencia de género como de alcoholismo juvenil, indica que el problema con el alcohol y las relaciones sexuales deviene de la ingesta de esta droga para poder mantenerlas y “ahí puede haber maltrato, pero no es el alcohol el que produce maltrato. Una chica que sale con la intención de acostarse con un chico en una relación interpersonal de desprecio, de coacción va a rechazarlo. Pero cuando ha bebido no tiene esa sensibilidad tan fuerte”.

Asimismo, las relaciones de poder entre chicas y chicos jóvenes siguen persistiendo. “Nosotros siempre hablamos en los institutos de que las drogas no son causa de violencia de género, son facilitadores”, comenta Marta García, educadora de Fundación Mujeres que se encarga de dar charlas de violencia machista en los institutos. De esta manera, la educadora explica que si un hombre mantiene una relación de poder con una mujer, es más fácil que el alcohol y las drogas, en general, saquen la agresividad que el individuo ya lleva en su interior. “Con dos hombres  que son adictos a una sustancia probablemente no se dé una relación de poder como se puede dar entre un hombre y una mujer con lo cual el género es realmente la causa”, concluye.

En su experiencia con adolescentes, García ha podido comprobar que éstos tienen muy presentes los roles de género. Así, los adolescentes suelen confundir éstos con la orientación sexual, por lo que para ellos es importante reafirmarse en su rol de género. Asimismo, presentan problemas para identificar la violencia psicológica contra las mujeres. “Nosotros lo que hacemos en el aula es poner de manifiesto cuáles son esos indicadores que dicen lo que hace que una relación se convierta en una relación de violencia.  Y sí que les cuesta identificarlo porque ellos no se ven como maltratadores y, por otro lado,  porque tampoco ellas se quieren ver como víctimas”, señala.  De este modo, tienen a minimizar indicadores como mirar el móvil de su pareja o controlar sus amigos.

Asimismo, García sí considera que hay un mayor control parental hacia las chicas. “Cuando hablamos de ello en el aula a las chicas siempre les dejan menos tiempo en la calle que a los chicos y si les dejan hasta la misma ahora a las chicas se les dice la frase ‘no vuelvas sola’, cosa que a los chicos no se les dice. También se ocupan más de las tareas domésticas”, expone la educadora.


Laura Ibáñez

Existen múltiples mecanismo que relacionan el alcohol y la violencia interpersonal (siempre teniendo presente que no se trata de una relación causal), como indica César Pereiro, director de la Unidad Asistencial de Drogodependencias de A Coruña y miembro de Socidrogalcohol. El consumo nocivo de esta sustancia afecta directamente a las funciones físicas y cognitivas.  Los bebedores, por tanto, tienen menos autocontrol y capacidad de procesar la información. Así, es más habitual que recurran a la violencia en las confrontaciones.

A su vez, dado que son menos capaces de reconocer los signos de alarma en situaciones potencialmente violentas, son objetivos más fáciles para los agresores. Además, la creencia tanto individual como social de que esta droga es causa de comportamientos agresivos puede propiciar que el sujeto la ingiera para prepararse en la participación de actos violentos o como disculpa por haberlos cometido. Esta dependencia puede inducir a coaccionar a los familiares para mantener los gastos que lleva aparejado este consumo.

Además, “ser víctima o testigo de actos violentos puede conducir al consumo nocivo de alcohol como forma de afrontarlos o de «automedicarse»”, comenta Pereiro. Así, la mujer que ha sido victimizada por agresiones físicas o sexuales en repetidas ocasiones tiene más probabilidad de padecer un trastorno de estrés postraumático que, a su vez, está asociado a un mayor riesgo a desarrollar alcoholismo.

Las mujeres que realizan “atracones” de bebida tienen más riesgo de convertirse en víctimas de una agresión física o sexual. Francisco Javier Rodríguez, profesor del área de Personalidad, Evaluación y Tratamiento psicológico de la Universidad de Oviedo que ha llevado a cado investigaciones tanto de violencia de género como de alcoholismo juvenil, indica que el problema con el alcohol y las relaciones sexuales deviene de la ingesta de esta droga para poder mantenerlas y “ahí puede haber maltrato, pero no es el alcohol el que produce maltrato. Una chica que sale con la intención de acostarse con un chico en una relación interpersonal de desprecio, de coacción va a rechazarlo. Pero cuando ha bebido no tiene esa sensibilidad tan fuerte”.

Asimismo, las relaciones de poder entre chicas y chicos jóvenes siguen persistiendo. “Nosotros siempre hablamos en los institutos de que las drogas no son causa de violencia de género, son facilitadores”, comenta Marta García, educadora de Fundación Mujeres que se encarga de dar charlas de violencia machista en los institutos. De esta manera, la educadora explica que si un hombre mantiene una relación de poder con una mujer, es más fácil que el alcohol y las drogas, en general, saquen la agresividad que el individuo ya lleva en su interior. “Con dos hombres  que son adictos a una sustancia probablemente no se dé una relación de poder como se puede dar entre un hombre y una mujer con lo cual el género es realmente la causa”, concluye.

En su experiencia con adolescentes, García ha podido comprobar que éstos tienen muy presentes los roles de género. Así, los adolescentes suelen confundir éstos con la orientación sexual, por lo que para ellos es importante reafirmarse en su rol de género. Asimismo, presentan problemas para identificar la violencia psicológica contra las mujeres. “Nosotros lo que hacemos en el aula es poner de manifiesto cuáles son esos indicadores que dicen lo que hace que una relación se convierta en una relación de violencia.  Y sí que les cuesta identificarlo porque ellos no se ven como maltratadores y, por otro lado,  porque tampoco ellas se quieren ver como víctimas”, señala.  De este modo, tienen a minimizar indicadores como mirar el móvil de su pareja o controlar sus amigos.

Asimismo, García sí considera que hay un mayor control parental hacia las chicas. “Cuando hablamos de ello en el aula a las chicas siempre les dejan menos tiempo en la calle que a los chicos y si les dejan hasta la misma ahora a las chicas se les dice la frase ‘no vuelvas sola’, cosa que a los chicos no se les dice. También se ocupan más de las tareas domésticas”, expone la educadora.

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