¿Amor o dependencia?

“Debería estar cansado de tus manos
De tu pelo, de tus rarezas
Pero quiero más, yo quiero más

No puedo vivir sin ti, no hay manera
No puedo estar sin ti, no hay manera”

No puedo vivir sin ti. Los Rolandos

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Lo único más peligroso que no reconocer la propia adicción, es confundir el problema con sentimientos tan positivos como son el amor, el afecto o la admiración hacia otra persona. Esto ocurre cuando, en lugar de buscar el bienestar a través de una determinada sustancia, una persona siente la extrema necesidad de permanecer junto a otra con la que mantiene un vínculo afectivo.  Hablamos de dependencia emocional; una adicción del comportamiento que se da sobre todo en las relaciones de pareja. 

En estos casos, la víctima sitúa en el eje central de su vida a su cónyuge, desarrollando una necesidad patológica de recibir su apoyo, protección, aprobación y compañía de forma continua. Esto es así debido, en parte, a la baja autoestima del dependiente, a un desmesurado temor a la soledad y a una tendencia obsesivo-compulsiva. Lo que caracteriza a este problema es el ansia por permanecer junto a la persona amada a como de lugar, la falta de control sobre este deseo y un malestar clínicamente significativo al no conseguir satisfacer esa necesidad.

Otro aspecto a destacar que nos ayuda a diferenciar lo normal de lo patológico es el deterioro que se produce a nivel familiar, social y personal, sobre todo. La víctima prescinde gradualmente de todas sus redes de apoyo y abandona sus objetivos e intereses vitales al implicarse por completo en la relación con la otra persona.

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El dependiente emplea gran parte de su tiempo en pensar cómo puede  afianzar aún más ese vínculo, pues necesita disponer en todo momento de la pareja para calmar su inquietud y malestar. De este modo, y al igual que en  las adicciones a sustancias, cuando la víctima logra “consumir” (en este caso, estar con la persona de la que depende) experimenta un bienestar y confort que no consigue de ninguna otra forma. Esto refuerza aún más la conducta adictiva.

Es importante tener en cuenta que, si bien es completamente normal querer pasar el mayor tiempo posible con nuestros seres queridos, la dependencia emocional es mucho más que eso.  Supone una espiral de angustia, ansiedad, descontrol y obsesión que da lugar al desgaste y pérdida de otras relaciones afectivas importantes, como la familia y los amigos, y al deterioro del rendimiento laboral y/o académico.

La peligrosidad de este problema aumenta considerablemente cuando la dependencia emocional se desarrolla en torno a una persona abusiva; que ejerce estrategias de abuso psicológico enfocadas al dominio y control sobre la otra persona.  Esta necesidad de poder coexiste dentro de la relación con la necesidad del dependiente de entregarse por completo a la misma. Una verdadera bomba de relojería. En gran parte de los casos en los que se da esta dinámica, la dependencia emocional se ha desarrollado a causa de la exposición prolongada a estrategias de abuso psíquico. 

En cualquier caso, la dependencia emocional es una adicción con repercusiones psicológicas muy negativas que, en contra de lo que pueda parecer, tiene mucho más que ver con comportamientos desadaptativos y patológicos que con el amor.

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Ana Castaño

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