Alcohol (segunda parte)


Francisco Pascual 

Definición: 

alcoholEl término alcoholismo se emplea generalmente para referirse al consumo crónico y continuado o al consumo periódico de alcohol que se caracteriza por un deterioro del control sobre la bebida, episodios frecuentes de intoxicación, obsesión por el alcohol y su consumo a pesar de sus consecuencias adversas. Es un témino acuñado originalmente en 1849 por Magnus Huss.

En 1977, un Grupo de Investigadores de la OMS, en respuesta al uso impreciso y variable del término alcoholismo, propuso utilizar en su lugar la expresión síndrome de dependencia del alcohol. Por analogía con la dependencia de las drogas, el término dependencia del alcohol es el concepto más usado hoy en día.

Ya sabemos que no todas las personas que consumen bebidas alcohólicas de forma abusiva van a desarrollar una dependencia, ya que depende del genero (hombre o mujer), del peso, del ambiente, de la carga genética y sobre todo de variables individuales ligadas al carácter del sujeto.

 

Consecuencias físicas. 

         Como el principal camino metabólico para eliminar el alcohol que bebemos es el hepático, el órgano que se dañará más rápido, de forma más frecuente y el que va a ocasionar más problemas es el hígado, pudiendo inflamarse (hepatitis), llenarse de grasa (hígado graso o esteatosis hepática), o incluso producirse muerte celular (cirrosis) y también sabemos que existe una correlación con el cáncer de hígado.

Pero también otros órganos o tejidos se pueden dañar, por ejemplo el páncreas (pancreatitis), el sistema nervioso (polineuritis), el cerebro (encefalitis), el estómago (gastritis y ulceras), además de síntomas de desnutrición y disminución de las defensas.

Resumiendo, el alcohol es uno de los cuatro factores de riesgo para producir enfermedades no transmisibles, especialmente el cáncer y las enfermedades cardiovasculares. Si se disminuyera el nivel consumo de alcohol, y se apoyara con una dieta saludable y ejercicio, se podrían evitar el 75% de las muertes por enfermedad cardiovascular, y hasta incluso el 30-40% de los cánceres.

 

Consecuencias psicológicas. 

         Cuando la persona alcanza a tener un alcoholismo, su conducta cambia e incluso su carácter se vuelve más agrio y agresivo. Aparecen situaciones de despiste, de pérdida de memoria, de falta de concentración, etc…

         Pero no solo eso, el alcohólico se vuelve más celoso y desconfía de las personas que están a su alrededor, proyectando la culpa hacia los demás.

         Estas alteraciones harán que sea un perfecto desconocido para su gente y que presente en ocasiones una cara dentro de la familia y otra ante la sociedad, aunque al final el deterioro se va evidenciando en todos los ámbitos.

 

Consecuencias sociales. 

         Disminución del rendimiento laboral, absentismo, accidentabilidad y pérdida de empleo son elementos comunes entre los adictos al etanol.

         Es más fácil sufrir un accidente de tráfico y con la conducción de vehículos a motor con una alcoholemia elevada la probabilidad se incrementa así como la posibilidad de una retirada de carné.

         Incluso hay situaciones conflictivas con los amigos, en el seno familiar o con la propia pareja, las separaciones son frecuentes y la soledad norma común.

         Un punto más a tener en cuenta es el observar que las personas sin techo presentan por regla general un alcoholismo, en ocasiones con consumos de otras sustancias.

         Y no lo olvidemos, el alcohólico no se hace daño solo a si mismo, daña a las personas que están a su alrededor, cuanto más cercanos más sufrimiento, son los bebedores pasivos. Sin consumir alcohol padecen sus consecuencias.

 

Tratamiento. 

         Partimos de un viejo aforismo: tratar a un enfermo alcohólico es como comerse un conejo de monte, lo primero que hay que hacer es cazarlo.

         La negación del problema es común entre los adictos y la labor de la gente que le rodea es recordarle donde se está metiendo y evidenciar que muchos problemas de los que tiene son debidos al consumo del alcohol, pero recordemos que a nadie le gusta que le digan que es un alcohólico.

         Tampoco es conveniente entablar una conversación si está embriagado, entre otras cosas porque no conversaremos y obtendremos el efecto contrario al deseado, esperamos pues que esté sobrio, esperamos a que se levante mañana.

         Cuando acepte su problema iniciamos un tratamiento, podemos consultar con el médico de cabecera, el nos orientará. También directamente se puede acudir a una Unidad de Conductas Adictivas, en la Comunidad Valenciana existen la Unidades de Alcohología, especializadas en el tratamiento de la dependencia alcohólica y por último nos puede ayudar mucho acudir a una asociación de alcohólicos rehabilitados.

         Un consejo, que acuda donde el paciente se encuentre más cómodo pero que acuda, luego ya se irá marcando el camino más adecuado según el caso, en todos los recursos hay profesionales con capacitación para abordar el problema y en las asociaciones personas que han pasado por el mismo trance y que son capaces de ponerse en su lugar y facilitarles apoyo incondicional.

         Recordemos que la familia tiene un papel fundamental y que es más que conveniente que acompañe en el proceso de tratamiento, el cual consta de tres fases.

         Desintoxicación: 

         Esta primera fase, es imprescindible para poder conseguir y mantener la abstinencia a bebidas alcohólicas. Se puede hacer en régimen hospitalario o ambulatorio, dependiendo de la gravedad del cuadro y sobre todo para evitar las complicaciones de un cuadro grave de abstinencia, como puede ser el delirium tremens. Se trata del cuadro de abstinencia a drogas más grave que existe.

         Contamos con medicación para evitar los vómitos, temblores, sudoración, ansiedad e incluso las alucinaciones que puede provocar la abstinencia al alcohol.

         Por ese motivo se recomienda acudir a un servicio sanitario antes de decidir cortar con los consumos.

         Deshabituación:

         Una vez que hemos conseguido “limpiar” el cuerpo, es decir eliminar el etanol del mismo y sin que existan restos del cuadro de abstinencia, empieza la carrera para conseguir mantenerse abstinente con el paso del tiempo.

         Puede que resulte más o menos fácil dejar de beber, pero mantenerse abstinente requiere un esfuerzo y una serie de cambios, es decir un trabajo de tiempo.

         También para esta fase existe medicación para disminuir el deseo del consumo, mejorar las condiciones físicas y evitar complicaciones mayores. Incluso para las personas que no consiguen ese mantenimiento tenemos pastillas o gotas para no beber, son unos medicamentos incompatibles con el alcohol, de hecho si se bebe habiéndolas tomado, se produce una reacción desagradable que impide a la persona seguir bebiendo. Ojo, está medicación, que no está exenta de riesgos, solo la utilizaremos con el conocimiento y consentimiento del paciente.

         Pero el mayor trabajo en esta fase será el psicológico, conocer el problema, cambiar de hábitos, de actitud y de comportamiento y sobre todo conocerse a si mismo y entender que se puede llevar una vida en sobriedad y disfrutar de ella.

         La psicoterapias, individuales, de pareja, de grupo y los grupos de autoayuda son las armas que tenemos para seguir avanzando.

         Reinserción: 

         Último paso, que se puede hacer conjuntamente con el anterior, recuperar familia, amigos, vecinos, trabajo y vida social. Volver a ser persona, o al menos volver a ser la persona que siempre le hubiese gustado ser.

         ¿Y porqué no?. No es fácil, pero el reto es bonito y los resultados espectaculares. Y es que el alcoholismo es una enfermedad, que tiene como todas, diagnóstico, tratamiento y pronóstico. Pero para que el pronóstico sea bueno, lo importante es querer superar la adicción.  ¿Y porqué no?

         Si os apetece, seguimos el próximo mes con nuevos temas. Hasta entonces.


Francisco Pascual 

Definición: 

El término alcoholismo se emplea generalmente para referirse al consumo crónico y continuado o al consumo periódico de alcohol que se caracteriza por un deterioro del control sobre la bebida, episodios frecuentes de intoxicación, obsesión por el alcohol y su consumo a pesar de sus consecuencias adversas. Es un témino acuñado originalmente en 1849 por Magnus Huss.

En 1977, un Grupo de Investigadores de la OMS, en respuesta al uso impreciso y variable del término alcoholismo, propuso utilizar en su lugar la expresión síndrome de dependencia del alcohol. Por analogía con la dependencia de las drogas, el término dependencia del alcohol es el concepto más usado hoy en día.

Ya sabemos que no todas las personas que consumen bebidas alcohólicas de forma abusiva van a desarrollar una dependencia, ya que depende del genero (hombre o mujer), del peso, del ambiente, de la carga genética y sobre todo de variables individuales ligadas al carácter del sujeto.

 

Consecuencias físicas.

 

         Como el principal camino metabólico para eliminar el alcohol que bebemos es el hepático, el órgano que se dañará más rápido, de forma más frecuente y el que va a ocasionar más problemas es el hígado, pudiendo inflamarse (hepatitis), llenarse de grasa (hígado graso o esteatosis hepática), o incluso producirse muerte celular (cirrosis) y también sabemos que existe una correlación con el cáncer de hígado.

Pero también otros órganos o tejidos se pueden dañar, por ejemplo el páncreas (pancreatitis), el sistema nervioso (polineuritis), el cerebro (encefalitis), el estómago (gastritis y ulceras), además de síntomas de desnutrición y disminución de las defensas.

Resumiendo, el alcohol es uno de los cuatro factores de riesgo para producir enfermedades no transmisibles, especialmente el cáncer y las enfermedades cardiovasculares. Si se disminuyera el nivel consumo de alcohol, y se apoyara con una dieta saludable y ejercicio, se podrían evitar el 75% de las muertes por enfermedad cardiovascular, y hasta incluso el 30-40% de los cánceres.

 

Consecuencias psicológicas.

 

         Cuando la persona alcanza a tener un alcoholismo, su conducta cambia e incluso su carácter se vuelve más agrio y agresivo. Aparecen situaciones de despiste, de pérdida de memoria, de falta de concentración, etc…

         Pero no solo eso, el alcohólico se vuelve más celoso y desconfía de las personas que están a su alrededor, proyectando la culpa hacia los demás.

         Estas alteraciones harán que sea un perfecto desconocido para su gente y que presente en ocasiones una cara dentro de la familia y otra ante la sociedad, aunque al final el deterioro se va evidenciando en todos los ámbitos.

 

Consecuencias sociales. 

         Disminución del rendimiento laboral, absentismo, accidentabilidad y pérdida de empleo son elementos comunes entre los adictos al etanol.

         Es más fácil sufrir un accidente de tráfico y con la conducción de vehículos a motor con una alcoholemia elevada la probabilidad se incrementa así como la posibilidad de una retirada de carné.

         Incluso hay situaciones conflictivas con los amigos, en el seno familiar o con la propia pareja, las separaciones son frecuentes y la soledad norma común.

         Un punto más a tener en cuenta es el observar que las personas sin techo presentan por regla general un alcoholismo, en ocasiones con consumos de otras sustancias.

         Y no lo olvidemos, el alcohólico no se hace daño solo a si mismo, daña a las personas que están a su alrededor, cuanto más cercanos más sufrimiento, son los bebedores pasivos. Sin consumir alcohol padecen sus consecuencias.

 

Tratamiento. 

         Partimos de un viejo aforismo: tratar a un enfermo alcohólico es como comerse un conejo de monte, lo primero que hay que hacer es cazarlo.

         La negación del problema es común entre los adictos y la labor de la gente que le rodea es recordarle donde se está metiendo y evidenciar que muchos problemas de los que tiene son debidos al consumo del alcohol, pero recordemos que a nadie le gusta que le digan que es un alcohólico.

         Tampoco es conveniente entablar una conversación si está embriagado, entre otras cosas porque no conversaremos y obtendremos el efecto contrario al deseado, esperamos pues que esté sobrio, esperamos a que se levante mañana.

         Cuando acepte su problema iniciamos un tratamiento, podemos consultar con el médico de cabecera, el nos orientará. También directamente se puede acudir a una Unidad de Conductas Adictivas, en la Comunidad Valenciana existen la Unidades de Alcohología, especializadas en el tratamiento de la dependencia alcohólica y por último nos puede ayudar mucho acudir a una asociación de alcohólicos rehabilitados.

         Un consejo, que acuda donde el paciente se encuentre más cómodo pero que acuda, luego ya se irá marcando el camino más adecuado según el caso, en todos los recursos hay profesionales con capacitación para abordar el problema y en las asociaciones personas que han pasado por el mismo trance y que son capaces de ponerse en su lugar y facilitarles apoyo incondicional.

         Recordemos que la familia tiene un papel fundamental y que es más que conveniente que acompañe en el proceso de tratamiento, el cual consta de tres fases.

         Desintoxicación: 

         Esta primera fase, es imprescindible para poder conseguir y mantener la abstinencia a bebidas alcohólicas. Se puede hacer en régimen hospitalario o ambulatorio, dependiendo de la gravedad del cuadro y sobre todo para evitar las complicaciones de un cuadro grave de abstinencia, como puede ser el delirium tremens. Se trata del cuadro de abstinencia a drogas más grave que existe.

         Contamos con medicación para evitar los vómitos, temblores, sudoración, ansiedad e incluso las alucinaciones que puede provocar la abstinencia al alcohol.

         Por ese motivo se recomienda acudir a un servicio sanitario antes de decidir cortar con los consumos.

         Deshabituación:

         Una vez que hemos conseguido “limpiar” el cuerpo, es decir eliminar el etanol del mismo y sin que existan restos del cuadro de abstinencia, empieza la carrera para conseguir mantenerse abstinente con el paso del tiempo.

         Puede que resulte más o menos fácil dejar de beber, pero mantenerse abstinente requiere un esfuerzo y una serie de cambios, es decir un trabajo de tiempo.

         También para esta fase existe medicación para disminuir el deseo del consumo, mejorar las condiciones físicas y evitar complicaciones mayores. Incluso para las personas que no consiguen ese mantenimiento tenemos pastillas o gotas para no beber, son unos medicamentos incompatibles con el alcohol, de hecho si se bebe habiéndolas tomado, se produce una reacción desagradable que impide a la persona seguir bebiendo. Ojo, está medicación, que no está exenta de riesgos, solo la utilizaremos con el conocimiento y consentimiento del paciente.

         Pero el mayor trabajo en esta fase será el psicológico, conocer el problema, cambiar de hábitos, de actitud y de comportamiento y sobre todo conocerse a si mismo y entender que se puede llevar una vida en sobriedad y disfrutar de ella.

         La psicoterapias, individuales, de pareja, de grupo y los grupos de autoayuda son las armas que tenemos para seguir avanzando.

         Reinserción: 

         Último paso, que se puede hacer conjuntamente con el anterior, recuperar familia, amigos, vecinos, trabajo y vida social. Volver a ser persona, o al menos volver a ser la persona que siempre le hubiese gustado ser.

         ¿Y porqué no?. No es fácil, pero el reto es bonito y los resultados espectaculares. Y es que el alcoholismo es una enfermedad, que tiene como todas, diagnóstico, tratamiento y pronóstico. Pero para que el pronóstico sea bueno, lo importante es querer superar la adicción.  ¿Y porqué no?

         Si os apetece, seguimos el próximo mes con nuevos temas. Hasta entonces.

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Francisco Pascual Pastor
Es Doctor en medicina por la Universidad Miguel Hernández de Elche y es Presidente de la Sociedad Española de Estudios del Alcohol el Alcoholismo y otras Toxicomanías (Socidogalcohol). También posee un máster en Drogodependencia y otros trastornos adictivos por la Universidad Alfonso X El Sabio. Es miembro del consejo de redacción de la revista Salud y Drogas, publicada por el Instituto de Investigación de Drogodependencias (INID) de la Universidad Miguel Hernández. Es profesor y colaborador Honorífico de los departamentos de y de Medicina Clínica en la Facultad de medicina de la Universidad Miguel Hernández. Posee el Diploma de Especialización en Alcoholismo por la Universidad Autónoma de Madrid. Es miembro del comité de redacción de la revista Adicciones publicada por Socidrogalcohol. Asimismo, es asesor de la Confederación Española de Adictos en Rehabilitación y Familiares y miembro del Comité Asesor Científico de la Revista Española de Drogodependencias. El doctor Pascual también es colaborador de investigación del INID. También es miembro del grupo de investigación PREVENGO, member of International Scientific Advisory Committee (ISAC) de la Global Addiction Lisboa 2011, Pisa 2013 y Roma 2014. Además es Vicepresidente del Consejo de Salud del Departamento de Alcoy, Representante Español en EUROCARE por parte de SOCIDROGALCOHOL, autor de artículos y libros de adiciones y conferenciante, coordinador de la UCA de Alcoi y Médico asesor y colaborador del Grupo de Alcohólicos Rehabilitados de Alcoy.
Francisco Pascual Pastor

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