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Aitana: “Si pudiera dar solo un consejo a alguien que viva una situación similar, sin dudarlo le diría que pida ayuda”

Aitana| Familiar de persona con problemas de alcoholismo y autora del blog Lo que nadie me contó del alcohol

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Si vuelvo la vista atrás me resulta muy difícil recordar un momento en que mi madre haya estado más de un mes sin beber. Sí, soy hija de una mujer alcohólica.

No recuerdo cuando comencé a ser consciente del problema de mi madre, creo que tenía alrededor de 9 o 10 años. Hacía poco tiempo mis padres se habían divorciado, y fue cuando mi madre conoció a su actual pareja, cuando conocí al monstruo en que se convierte cada vez que bebe.

La pareja de mi madre también bebía, imaginaos lo que era aquello… A medida que pasaba el día era más difícil hablar con ellos o que estuvieran pendientes de ti si no era para gritarte o insultarte sin ningún motivo. Os parecerá duro pero hasta hace relativamente pocos años guardaba varios videos que grababa en esos momentos, porque siempre les amenazaba con que les iba a denunciar…

En aquel entonces, vivía la enfermedad de mi madre en silencio.  Sí, la persona alcohólica era ella, bueno y él, pero esta es una enfermedad que, todos los que rodeamos y estamos cerca de esa persona, vivimos.

Por suerte no estaba tan sola, mi hermana la vivía conmigo. Durante ese tiempo, éramos las mejores actrices: podíamos haber estado todo el día llorando porque mamá estaba bebida y la había tomado con nosotras, que al salir a la calle, nada había pasado. Durante muchos años (ahora me parece una eternidad) no hablamos de esto con nadie: ni familia, ni amigos, ni profesores, ni siquiera con nuestro padre, nadie.

No recuerdo cuando comencé a ser consciente del problema de mi madre, creo que tenía alrededor de 9 o 10 años

Recuerdo que la primera persona, aparte de mi hermana, con la que hablé de la situación que había en casa, fue la que por aquel entonces era mi mejor amiga. Tenía 17 años.

Al año siguiente, la pareja de mi madre dejó de beber por problemas médicos relacionados con el alcohol, aunque mi madre seguía bebiendo, cada vez más, poniéndose cada vez más agresiva. Daba igual lo que hubiera pasado e incluso que no hubiera pasado nada, ella buscaba cualquier excusa para que todas las noches hubiera gritos y peleas en casa.

Ese año pasó algo que hizo que todo cambiara. El alcoholismo de mi madre deja de ser un tema tabú.

Aquella etapa fue la más dura que he pasado en mi vida hasta el día de hoy. Siempre creí que nadie de mi familia se imaginaba nada, pero incluso mi padre lo sabía.

Aunque os parezca raro no me sentí liberada sino muy sola, triste y cabreada. De repente todos lo sabían y todos opinaban sobre un tema que nunca les había interesado y sobre el que nunca habían preguntado. Sentí rabia.

Lo que más me dolió fue darme cuenta de que mi padre lo sabía y aún así no luchó por nosotras. Se divorció de ella, y durante un tiempo también de nosotras.

Año y medio después, tomé la mejor decisión que he podido tomar nunca: pedir ayuda. No hace falta que diga que necesité un pequeño gran empujón para hacerlo, pero lo hice. Fui a Servicios Sociales y me derivaron a una psicóloga a la que estuve viendo algo más de dos años. Me ayudó muchísimo, pero fue duro, muy duro. Todos los días salía de allí hecha polvo y con tantísimas cosas en la cabeza que nunca sabía si tenía ganas de reír o de llorar. No fue fácil, llevaba creando y viviendo otra realidad durante tanto tiempo que cuando me enseñó otra distinta, la mía pasó a parecer un sueño, o mejor dicho, una pesadilla. Pese a ello, reitero, que fue la mejor decisión que he tomado en mi vida: aprendí a controlarme, a escucharme y a quererme, a no culparme de lo que estaba ocurriendo, a ver a mi madre como una persona enferma, a cuidarme más y no cuidar tanto al resto, a que por mucho que me doliera ver como mi madre se autodestruía día a día, era su vida, y no podía permitir que eso destruyera la mía, más de lo que ya lo hace por el mero hecho de seguir a su lado. Aprendí muchísimas cosas que hicieron que cambiara tanto, que había días que ni yo misma me reconocía.

A día de hoy vivo con mi madre y su pareja, mi hermana se ha independizado. Mi madre tiene cirrosis hepática, y como consecuencia ascitis, es decir, por el mal funcionamiento de su hígado acumula muchísimo líquido que la hace hincharse como si estuviera embarazada; lleva meses sin salir a la calle, y si sale es solo a comprar alcohol o para acabar en el hospital. No recuerdo cuantos ingresos lleva, pero no hay un año en el que no esté mínimo dos veces ingresada.

Convivir con una persona alcohólica es complicado, es aprender a vivir en la noria en la que se convierte tu vida, es sentir casi todos los días que las piernas te flaquean pero aún así seguir en pie, es aprender a no escuchar, es saber cuándo ha bebido solo con mirarla, vivir con el miedo a convertirte en ella…

Si pudiera dar solo un consejo a alguien que viva una situación similar, sin dudarlo le diría que pida ayuda, da igual a quién, lo importante es no vivirlo solo.

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