¿Afrontar el estrés con sustancias psicoactivas?

stress-2883648_1920

El estrés puede definirse como el proceso que se pone en marcha cuando una persona percibe una situación o acontecimiento como amenazante o desbordante de sus recursos, es decir, la situación le exige al sujeto más de lo que puede gestionar. A menudo los hechos que ponen en marcha dicho proceso son los que están relacionados con cambios, que exigen del individuo un sobre esfuerzo y por tanto, ponen en peligro su bienestar personal. Estos cambios pueden ser tanto situaciones negativas como positivas; son, por ejemplo: un divorcio, el fallecimiento de un ser querido, el desempleo, o incluso el nacimiento del primer hijo.

A pesar del gran extendido conocimiento del estrés como algo negativo para la salud, el estrés no siempre tiene consecuencias negativas, en ocasiones su presencia representa una excelente oportunidad para poner en marcha nuevos recursos personales, fortaleciendo así la autoestima e incrementando las posibilidades de éxito futuras. Entran aquí las variables personales y la capacidad de afrontamiento ante los cambios o adversidades. Ante un mismo acontecimiento estresante, una persona puede tomarse la situación como un reto y crecer a nivel personal, mientras que otra puede interpretar la misma situación como un hecho negativo del que no se puede escapar. Es ante esta última manera de afrontar la situación cuando surge la necesidad de suplir la falta de capacidad de afrontamiento con otras herramientas, como por ejemplo el alcohol u otras drogas, en forma de escapatoria.

La neurocientífica Sofía Lupen (Centro Médico Aupa, 2014) comenta que nuestro cerebro detecta una situación desagradable como algo amenazante para nuestra seguridad emocional y reacciona activando nuestro sistema de alerta, aumentando la secreción de cortisol (hormona encargada de poner en funcionamiento nuestro “sistema de emergencia”). Esto supone para nuestro cerebro una activación permanente que es muy difícil de soportar y, como nuestro cerebro está diseñado para sobrevivir, este  intentará compensar la hiperexcitación. Para ello buscará un antídoto, que compense el exceso de cortisol, en cosas que nos proporcionen una satisfacción rápida y fácil de obtener; esto incluye cualquier cosa que provoque el aumento de dopamina (sustancia generadora de placer y bienestar). Por desgracia, dentro de este grupo de estímulos se encuentran las drogas o cualquier conducta adictiva que, como ya sabemos, nos enganchan a través del mecanismo de recompensa. Esto nos hará recurrir a ellas como la manera más rápida para “tranquilizar” a nuestro cerebro: tabaco, alcohol, cocaína, la comida, el juego, la compra compulsiva, etc.

Además de ser un factor de riesgo para el inicio del consumo, el estrés parecer ser un factor muy presente en el mantenimiento de este, así como en las recaídas cuando se intenta abandonar la sustancia (Goeders, 2004).

En principio cabe suponer, a tenor de los datos existentes, que buena parte de los problemas vinculados a las conductas adictivas y las dificultades de sobra conocidas para su rehabilitación se deben, en buena medida a la manera inadecuada en que los sujetos afrontan sus conflictos, reaccionan frente a la incertidumbre y programan su resolución, y que estas modalidades inadecuadas de manejo del estrés desencadenan los procesos metabólicos que perpetúan la adicción (Pérez, Mota y García, 2008).

Lo principal para no caer en alguna adicción a causa del estrés es aprender a identificarlo y, posteriormente, saber qué hacer con dicho estrés. Para ello, lo mejor es acudir a un psicólogo especialista si sospechamos que el estrés está influyendo negativamente en nuestra vida cotidiana.

 

The following two tabs change content below.
Karen Acuna

Karen Acuna

Psicóloga con gran interés en el ámbito de las adicciones y futura magíster en Inteligencia Emocional e Intervención en Salud y Emociones
Karen Acuna

Latest posts by Karen Acuna (see all)