Adicción en adultos mayores

Fuente: Fotoperiodismo en Bosnia. Retrato de una anciana / M.P.

Fuente: Fotoperiodismo en Bosnia. Retrato de una anciana / M.P.

La problemática de las adicciones no entiende de edades. En general, el consumo de sustancias de comercio legal muestra mayor dimensión en la población de edad más adulta (35 a 64 años), mientras que aquellas de comercio ilegal tienen mayor impacto en el colectivo joven.

Según el último informe EDADES (2015), el inicio más tardío al consumo se observa en el caso de los hipnosedantes, que empieza de media a los 35,2 años. Además, este consumo de hipnosedantes (donde se incluyen los tranquilizantes y/o somníferos) ocurre con o sin receta médica, lo que puede indicar un inicio del consumo derivado de una prescripción médica necesaria. El consumo de psicofármacos prescriptos clínicamente o automedicados, suponen el principal problema de adicción en este rango de edad según afirma Rocabruno (1999).

Los adultos mayores se enfrentan a multitud de problemas ligados al envejecimiento, como por ejemplo la soledad, la depresión, la jubilación, la pérdida de familiares y amigos, el cambio de rol familiar, etc.; pero sobre todo, el no asumir que el envejecimiento es un fenómeno natural, universal, progresivo, ineludible e irreversible, lo que supone una clara diferenciación de las potencialidades de un adolescente frente a las de un adulto mayor. Simplemente son diferentes. Así, al no aceptar esta realidad, el adulto mayor comienza a padecer el aislamiento, la soledad y la falta de comprensión y, como consecuencia de esto, pasa a la automedicación de psicofármacos o a solicitarlos insistentemente al profesional (Ballesta, Hernández, Pastor y Gil, 2014). Vizueth (2015) afirma que, en promedio, las personas mayores de 65 años consumen un 30% de las drogas prescritas y un 40% de medicamentos de venta libre.

El consumo de multitud de fármacos entre la población adulta mayor es una realidad conocida; por el contrario, no es tan sabido que muchos de estos medicamentos crean problemas de adicción. Un alto porcentaje de nuestros mayores no reconocen tener un problema de adicción, puesto que lo asocian a drogas ilegales y juventud. Sin embargo, los tranquilizantes, el alcohol, el tabaco y el café son las sustancias más consumidas por este grupo de edad (Rocabruno, 1999). Además, según los datos obtenidos de La Encuesta Nacional de Salud 2009-2010, “los adultos mayores de 65 años tienen un consumo de 2,72 días promedio a la semana, el cual es significativamente superior a otros grupos de edad.”. 

Según el Observatorio Europeo de las Drogas y las Toxicomanías (2008), podemos dividir las adicciones en el anciano en a) adicciones de iniciación temprana, con una vida de adicciones que persisten en la vejez o b) adicciones de iniciación tardía, como consecuencia de los factores estresantes ligados a este periodo de vida, tales como la jubilación, el aislamiento social, entre otros ya mencionados.

La gran cantidad de fármacos que suele consumir este sector de la población, debido a los múltiples problemas de salud que se van presentando con el aumento de la edad, hace meya de forma paulatina pero grave. Especialmente, con el aumento de la edad se ve afectado el proceso de eliminación de la sustancia, por lo que estas pasan más tiempo en el organismo; si a esto se le suma la cantidad de medicamentos consumidos, se explica  por qué el deterior que producen las sustancias psicoactivas es mayor en los ancianos. A su vez, debido al envejecimiento, se va produciendo deterior cerebral, de modo que los efectos de los psicofármacos serán mayores en los ancianos que en lo adultos y jóvenes y, por tanto, su consumo inadecuado será también más peligroso.

A pesar de esta realidad, los datos recientes relacionados con el adulto mayor y las adicciones son mínimos, lo que limita el cálculo estimado del alcance y repercusión de dicho problema. (Wolfgang, 2015). Se trata de una problemática olvidada a la que, parece, no se le da demasiada importancia.

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Karen Acuna

Karen Acuna

Psicóloga con gran interés en el ámbito de las adicciones y futura magíster en Inteligencia Emocional e Intervención en Salud y Emociones